LOS PEQUEÑOS OVEJEROS DEL SUR

Posted by aclaro On Febrero - 10 - 2017

Daniel Claro Mimica

                                                                                                                            Ing. Agrónomo M.Agr.Sci

                                                                                                                GANADERA GOLDENSHEEP LTDA

 

 

Los pequeños productores ovinos se ubican principalmente entre la VI y XI región, aunque el concepto “pequeño” es diferente en la Patagonia.

La primera consideración es destacar la enorme importancia social del rubro; la concentración en esta categoría de productores del 90% del inventario ovino de la zona sur, y los problemas económicos, derivados de una interacción entre tamaño reducido y tecnología obsoleta, esta última incompatible con el potencial agroclimático y el alto valor de la tierra.

Las características de los “pequeños productores ovinos” difieren según la zona geográfica del país, donde los principales factores comunes son los bajos ingresos generados y el uso de una tecnología totalmente inadecuada, derivada de la adaptación del Sistema Extensivo Magallánico a una realidad de pequeña escala, en predios de pequeño tamaño; realidad que es incompatible con un sistema extensivo de producción.

Zona Central y Centro-Sur.  Son verdaderos ovejeros, mayoritariamente producto de la Reforma Agraria. Tienen en promedio 50 has físicas de suelos de secano y una dotación de 40 ovejas. Casi la totalidad del predio está dedicado a la producción ovina.

Manejan sus explotaciones en forma semi-extensiva y durante los últimos 30 años han recibido asistencia técnica para mejorar temas puntuales de bajo costo de implementación, tales como manejo sanitario; separar los carneros para colocarlos con las ovejas sólo en una época definida de encaste; selección por FENOTIPO y defectos corporales; revisión de carneros (palpación de testículos).

Con esta asistencia técnica han mejorada levemente su eficiencia productiva, subiendo de 80% de señalada en el pasado, a 100% actualmente y elevando su producción promedio de 18-20 kg de peso vivo/ha a 25 -30 kg/ha. Utilizan praderas naturales de baja producción.

Casi todos siembran un par de has de trigo para auto consumo. Tienen 3 a 4 vacas y un par de caballos. Algunos pocos siembran un poco de avena como cultivo forrajero para suplementar sus ovejas, producto de los consejos técnicos recibidos.

Mayoritariamente tienen ovejas “cabeza negra” derivadas del Suffolk y venden sus corderos en la puerta a comerciantes acopiadores.

Por el constante ataque de perros vagos el ganado es encerrado en las tardes, lo que restringe su tiempo de pastoreo en forma importante. No siempre estas encierras protegen al ganado, ya que el perro causa mucho más daño en un piño de ovejas encerradas en un corral que cuando las corretea en un potrero.

NO VIVEN DE LA OVEJERÍA, PUES DEBEN CONTRATARSE COMO MANO DE OBRA Y ADEMÁS RECIBIR LA AYUDA FINANCIERA DE INDAP PARA SUBSISTIR.

El potencial de estos predios, cambiando la genética y en particular, sembrando praderas de trébol subterráneo + ballica Wimmera es bastante elevado, considerando la calidad de los suelos y los 6-7 meses de sequía total que tiene el clima mediterráneo que los caracteriza.

La dotación puede subir desde su actual cifra de 0,8- 1 oveja/ha/año a 6-8 ovejas/ha con un aumento en la producción de peso vivo desde los actuales 20-30 kg/ha a 300-350 kg/ha.

 

ZONA SUR: Hay dos tipos de campesinos que explotan ovejas

a) Los minifundistas o agricultores de subsistencia, que en la IX Región suman 22.300 agricultores; en la X 18.700 y en la XIV 8.500, con un promedio de 11 ovejas por predio, pero que en total suman 579.000 ovinos en estas 3 regiones. Generalmente son producto de comunidades indígenas, muy apegados culturalmente a sus ovejas, pero con superficies muy reducidas de suelo que hacen inviable cualquier desarrollo ganadero económicamente sustentable.

Mejorar la productividad de este universo tan atomizado de productores ovinos, es una tarea casi imposible, a pesar de todo el esfuerzo que se pone, por ser un estrato muy numeroso y donde se concentra la pobreza rural, teniendo eso sí un enorme impacto social.

La asistencia técnica debe concentrarse, tal como se ha realizado hasta ahora, en pocas medidas de fácil ejecución y de bajo costo. Por ejemplo ordenar el ciclo productivo de la oveja, de modo que las pariciones ocurran a finales de invierno y no como ahora en pleno invierno. De esa forma aumentaría en forma importante la sobrevivencia de los corderos nacidos, no solo por tener un clima más benigno, sino en forma más importante, por disponer de una mejor alimentación con el crecimiento primaveral de las praderas.

Este ejercicio ya lo han aplicado con éxito muchos pequeños productores del secano central, donde a pesar de atrasar hasta en dos meses la fecha de parto, el peso de los corderos al momento de venderlos para las fiestas de fin de año, es igual o superior al de corderos de mayor edad, gracias a una mejor ganancia diaria de peso. También la calidad carnicera de estos corderos más nuevos es mucho mejor y la cantidad comercializada aumenta al reducirse las muertes.

El inventario ovino en promedio es de 10 cabezas por productor y es atendido generalmente por las mujeres ,que  además aprovechan la lana en forma artesanal elaborando mantas, gorros, medias etc., gran parte de las cuales venden.

El ganado se encierra todas las noches para minimizar el ataque de perros vagos.

Las praderas son naturales, mayoritariamente de chépica y malezas de hoja ancha, que difícilmente producen 2 ton de materia seca de forraje/ha/año, con una capacidad talajera cercana a dos ovejas/ha/año.

Son praderas “rusticas” que sustentan “ovejas rústicas“, de cabeza negra; originarias en el pasado de ancestros Suffolk y Hampshire, que han constituido la OVEJA ARAUCANA, productora de lana de colores café y corderos que se comercializan en el mercado informal con 35 a 40 kg de peso vivo a los 6 meses de edad, generalmente muy sobre engrasados.

La productividad por oveja es baja, no solo por genética, sino también por la mala nutrición que se acentúa con los partos en pleno invierno, junio, para llegar con corderos al mercado para las fiestas de fin de año.

La producción ovina expresada en kg de peso vivo producido anualmente por hectárea ocupada con ovejas es cercana a 75 kg/ha.

b) Los pequeños agricultores, que en su mayor parte tiene su origen en la Reforma Agraria, con predios de 50 a 70 has.

Los pequeños agricultores tienen una gran aversión al riesgo y por eso en sus predios realizan muchas actividades agropecuarias, desde pequeñas superficies de siembras de cereales, producción ganadera de carne; ordeña de 3-4 vacas para confección de queso; unos pocos cerdos y la infaltable docena de gallinas y  también por supuesto un rebaño de ovejas.

Tampoco son 100% ovejeros propiamente tales, dado que la mayor parte del predio está destinado a mantener ganado vacuno.  Este grupo de pequeños agricultores tiene entre 60 y 80 ovejas en una superficie de 15 a 20  has del total de su predio de unas 50-60 has totales. La producción de peso vivo/ha es cercana a 100 kg/ha/año.

Las características de las explotaciones en cuanto a praderas y genética ovina son similares a las de los agricultores de subsistencia, dominando absolutamente las ovejas cabeza negra y las praderas   naturales en base a chépica.

A pesar de ocupar un bajo porcentaje del predio, los ovinos generan una parte importante de los ingresos anuales, pues venden 60 a 70 corderos en el mercado informal a $60.000-70.000 cada uno.

La producción de queso artesanal es otra fuente importante de ingresos de temporada junto a la venta de terneros. Siempre dejan 2-3 vaquillas como “ahorro” de fácil liquidez. Son la alcancía y seguro de los productores para emergencias de salud, fiestas de bautizos, matrimonios, velorios etc.

Al tener una producción muy diversificada para “disminuir riesgos” (no poner todos los huevos en la misma canasta), indudablemente que bajan sus ingresos totales, al destinar la mayor parte de la superficie de sus predios, a rubros de muy baja rentabilidad, como en el caso de tener vacas para producir terneros, donde siempre el rubro vaca-ternero es y será la actividad ganadera menos eficiente y menos rentable,  pero la más fácil de realizar y la menos riesgosa.

Esta categoría de pequeños agricultores en las 3 Regiones sureñas suman 83.000 ovinos y totalizan 1.000 agricultores, donde la mayoría de ellos se concentran en la X Región.

c) Los medianos agricultores, muchos provienen de predios de sus antepasados familiares que se fueron subdividiendo. Tienen en promedio cerca de 400 ovinos y una superficie cercana a las 100 has. Sólo sumaban 74 en el conjunto de las tres regiones sureñas y su inventario totaliza casi 30.000 ovinos. Estas son las cifras oficiales del último censo agropecuario de 2007,pero ya muchos de ellos se han retirado del rubro por tener permanentemente ingresos menores a sus gastos operacionales. Es un excelente estrato para apoyar su tecnificación tendiente a mejorar su eficiencia productiva y situación económica.

Sus problemas y características productivas son similares a la categoría de pequeños productores.

  RESUMEN DE LA ZONA SUR:

La gran diferencia entre las categorías en que el INE estratificó a los agricultores  productores de ovinos radica principalmente en el tamaño de sus predios y en el inventario.

Sus sistemas productivos son muy similares en praderas; genética; comercialización, diversificación productiva, donde prácticamente no hay agricultores ovejeros especializados en el rubro, pero donde la producción ovina tiene una importante participación relativa en todos los estratos.

En todos ellos la oveja es parte importante de su cultura y el mercado informal de sus corderos es una necesidad, pues por su reducida producción y corderos sobreengrasados, no son objeto de compra por parte de la planta faenadora.

Las ferias ganaderas tampoco son utilizadas por el bajísimo poder comprador en cada remate, donde el tope es cercano a 50 ovinos para cada remate, mientras que en vacunos sobrepasan largamente los 1.000 ejemplares.

ZONA AUSTRAL: Los pequeños productores de Aysén se dedican casi exclusivamente a la producción ovina y sus rebaños tienen cerca de 1.000 ovinos en las zonas más áridas, con cargas animales cercanas a 1 oveja/ha. y manejo extensivo, característico de la Patagonia, utilizando razas de doble propósito como Romney y Corriedale.

En la zona húmeda del llano central las propiedades son de menor tamaño y los rebaños también, dominando la raza Romney y cruzas con cara negra. En esta zona casi no hay productores ovinos de tamaño medio o grande, ya que la ganadería es dominada por el ganado bovino de carne.

Sus problemas son similares a los pequeños productores de la zona sur.

Están muy bien atendidos por INDAP y su nivel tecnológico es similar al de los grandes empresarios, pero a pequeña escala.

En algunas zonas, como en Cochrane, han solucionado el problema de depredadores naturales como el zorro y perros vagos, con la reciente introducción de perros guardianes Gran Pirineo. (proyecto INIA-FNDR). Allí también incursionan en el cambio genético, introduciendo la raza DOHNE MERINO, para aumentar considerablemente el valor de sus cosechas de lana a producir lanas finas.

 

CONSIDERACIONES PARA DISEÑAR UNA ESTRATEGIA DE DESARROLLO PARA LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES OVINOS de la zona Sur.

El gran potencial para el rubro ovino se encuentra en las regiones del sur, por sus condiciones agroclimáticas, que con la debida tecnología e inversiones, hacen de la producción de carne ovina una alternativa muy competitiva, incluso con la producción lechera y muy superior a la ganadería bovina de carne.

La tecnología utilizada por casi la totalidad de los productores ovinos del sur, es una adaptación del exitoso sistema extensivo de producción desarrollado en Magallanes, el que por razones de tamaño de las propiedades, es INVIABLE en términos económicos para TODOS los tamaños de emprendimiento ovino de la zona sur.

Hay un enorme déficit de profesionales que dominen el conjunto de tecnologías que se integran en un sistema intensivo de producción de carne ovina. Este sistema productivo no se conoce en Chile y es el estandard de producción de los países líderes tecnológicos del rubro para zonas de clima templado-lluvioso, como son Inglaterra; Irlanda; Nueva Zelandia.

En los últimos 50 años sólo tres profesionales chilenos obtuvieron un post grado especializado en ovinos en estos países.  Esto es una consecuencia natural para un rubro que viene decayendo en forma permanente y no ha tenido buenas perspectivas laborales para los profesionales con vocación ovejera.

Si no existen profesionales calificados para este sistema productivo, que es el único que es compatible con predios de reducido tamaño y alto valor económico, es muy difícil poder implementarlo sin que haya previamente una capacitación y un reforzamiento en la enseñanza superior.

A pesar de que hoy día no hay demanda laboral para este tipo de profesionales, se debe romper el círculo vicioso, donde el sistema intensivo no se aplica porque no es demandado, por falta de conocimiento de su impacto productivo y no se especializan los profesionales en esta tecnología porque no tienen futuro laboral.

Una primera medida de corto plazo es copiar, a pequeña escala, el programa de becas en Nueva Zelandia para alumnos de escuelas agrícolas que opera con mucho éxito para el rubro lechero.

Otra medida es que algunos profesionales jóvenes hagan estudios de post grado en universidades de países líderes del rubro ovino como Australia, Nueva Zelandia; Irlanda, para que posteriormente dicten los cursos del rubro en la educación superior.

El desarrollo  de la producción de carne ovina se logra con un radical cambio tecnológico en los dos factores estratégicos de la producción moderna: PRADERAS Y GENÉTICA,  que en un mediano plazo logre praderas de 8-9 toneladas de materia seca/ha/año, que permite mantener una carga animal de 10 ovejas/ha más sus crías. En una segunda etapa se puede pensar en tener praderas similares a las mejores del sector lechero y mantener no menos de 15 ovejas/ha/año.

Los productores que no tienen potencial de desarrollo, por disponer de predios muy pequeños, deben tener un reforzamiento en el apoyo asistencial para garantizar su subsistencia. No es factible convertirlos en productores ovinos, aunque seguirán teniendo una decena de ovejas. Deberán seguir recibiendo asistencia técnica en medidas básicas de manejo, de muy bajo costo o sin costo operacional, es la única ayuda razonable por la vía de programas de asistencia técnica. Por ejemplo tener pariciones en primavera; manejo sanitario priorizando las vacunaciones y desparasitaciones.

El esfuerzo en introducir  nuevas tecnologías debe ser exclusivamente para los productores con potencial productivo y en forma de proyectos de desarrollo, donde se combine asistencia técnica personalizada, con aporte de capital para las cuantiosas inversiones requeridas. Estos proyectos deben  tener una duración no menor a 6 años para cada productor seleccionado, con asistencia técnica frecuente, muchas veces mensual, dado el gran dinamismo de los eventos que operan en un sistema de producción intensiva de carne ovina.

La asistencia técnica, sin apoyo para inversiones, tiene muy poco impacto en la productividad.

El diluir los siempre escasos recursos, para tratar de satisfacer a decenas de miles de productores, solo causa un impacto muy marginal en la calidad de vida de los beneficiados y en la productividad.

Los esfuerzos del Estado en financiar Proyectos destinados a fomentar el rubro ovino deben concentrarse en fomentar el AUMENTO DEL INVENTARIO OVINO Y MEJORAMIENTO DE LA CALIDAD DE LOS CORDEROS, que deben hacerse en  forma simultánea.

De acuerdo a la disponibilidad de recursos, se debe seleccionar un grupo determinado de productores para desarrollar estos proyectos de desarrollo, concentrándose en los medianos y pequeños productores, definiendo un número de beneficiarios acorde con el presupuesto disponible y que debiera tener una continuidad de 6 años. Luego de este periodo estos productores deben alcanzar las metas para ser autosuficientes y dar lugar a un segundo grupo de agricultores para que tengan acceso al programa de desarrollo integral.

El mejoramiento de las praderas es fundamental porque con praderas naturales de baja producción ninguna actividad ganadera es rentable.

Este mejoramiento de praderas nace con la inversión más alta, que es indispensable para mejorar la fertilidad del suelo, donde en el sur hay tres factores fundamentales

  • Drenaje de los suelos de Ñadi
  • Corrección de la acidez natural de los suelo
  • Mejorar el bajo nivel inicial de fósforo y azufre.

En suelos con mal drenaje no se pueden establecer praderas de alta producción.

Los suelos ácidos impiden la permanencia de praderas de larga duración, las que si se establecen bajo estas condiciones revierten a su estado original al cabo de solo un año. Igual situación ocurre con suelos pobres en fósforo.

Por ello, si no se enmienda la fertilidad del suelo para satisfacer los requerimientos mínimos de las praderas de alta producción, es inviable establecerlas, pues rápidamente revierten a la condición original de praderas de chépica y malezas de hoja ancha, que están adaptadas a la pobreza del suelo, que se transmite a los productores.

A manera de ejemplo un nivel muy frecuente de pH del suelo original es de 5.2 y para sostener el crecimiento de praderas sembradas el nivel mínimo es de 5,8  Para incrementar el pH en 0,1 unidades se requiere aproximadamente una tonelada de cal, de modo que para corregir el suelo de este ejemplo se requieren 6 toneladas/ha con un costo total estimado, incluyendo su aplicación, de $ 480.000/ha + IVA.

El nivel más frecuente de fósforo de los suelos con praderas naturales del sur es de 5 ppm de P2O5, debiendo llegar a 18 ppm de P2O5, para una pradera con producción de 9 toneladas de Materia Seca/ ha.  Ese incremento se logra con 585 unidades de P2O5/ha con un costo estimado de $430.000/ha + IVA.

El nivel de azufre inicial es cercano a 5 debiendo llegar a 20 para de esa forma favorecer el desarrollo de los tréboles y en especial, facilitar la movilidad del fósforo del suelo, para que pueda ser utilizado por las forrajeras.  Esta enmienda tiene un costo muy aproximado de $200.000/ha + IVA.

En resumen, la inversión en mejoramiento de la fertilidad del suelo para que sea compatible con el establecimiento de praderas de alta producción es del orden de $1.100.000 + IVA  en suelos con buen drenaje.

Finalmente el establecimiento de praderas sobre suelos en que ya se ha mejorado la fertilidad,es cercano a $250.000/ha + IVA.

La inversión total se acerca a $1,5 millones/ha. que si bien es muy alta, permite al menos triplicar, la capacidad talajera inicial del suelo, cuyo valor comercial hoy día no baja de $5 millones/ha. Esta es la única forma de aumentar el tamaño de los inventarios de ganado, medida indispensable para bajar los costos de la producción, diluyendo significativamente los costos fijos en un mayor número de animales productivos.

El proceso de establecer praderas permanentes de alta producción es gradual, por el costo elevado de la inversión en el mejoramiento de la fertilidad del suelo y por la necesidad de ir consumiendo el forraje adicional producido con una dotación ganadera mayor. Generalmente este proceso de desarrollo debe hacerse incrementando la superficie de praderas y simultáneamente aumentando el número de animales, en proporción al aumento de la producción de forraje.

El aumento del número de animales es por medio del crecimiento natural de la masa ovina por reproducción, pues es difícil adquirir vientres en el mercado. Este es un proceso biológico relativamente lento, mientras que la incorporación de praderas, depende principalmente de tener una fuente de financiamiento de las inversiones. Siempre el aumento del forraje debe ir delante del aumento de la dotación ganadera, con un desfase de algunos meses.

El aumento de la producción de forraje comienza con la fertilización y manejo adecuado de la pradera ya existente,  donde en las primeras etapas se va incrementando la productividad inicial de las praderas por la aparición de trébol y gramíneas , aumentando la producción de materia seca hasta un nivel de 5-6 ton/ha. Para completar el desarrollo se requiere sembrar praderas con forrajeras de alta producción cuando los suelos ya tienen la fertilidad requerida.

Este incremento gradual de la producción de forraje en la fase de fertilización del suelo, permite un aumento de la masa ovina basada en el incremento natural por el proceso reproductivo acompañado con una retención de hembras, que debiera ser financiado por el Proyecto de desarrollo, pues el agricultor no tiene la capacidad económica para hacerlo.

Praderas de alta productividad no son rentables con ovejas de baja eficiencia productiva como las actuales razas utilizadas por los agricultores.

El mejoramiento genético es el otro pilar que junto a nuevas praderas permiten el despegue de la producción ovina.

Las actuales razas ovinas presentes en la casi totalidad de las explotaciones del sur, son ineficientes en la cantidad de corderos producidos por oveja y sus corderos sólo son de buena calidad con un peso de faenamiento menor a 30 kg de peso vivo.

El mejoramiento genético contempla dos aspectos fundamentales en la producción de carne ovina, el aumento de la prolificidad y el mejoramiento de la calidad de los corderos, reduciendo el nivel de grasa que  en las razas actuales se acumula en los corderos sobre los 30 kg de peso vivo; mejorando la composición de los ácidos grasos para reducir las grasas saturadas, que no solo son dañinas para la salud, sino que también imprimen el fuerte olor a sebo; reducción del nivel de colesterol y aumentando los ácidos grasos saludables.

La mayor prolificidad de la oveja debe ir acompañada  indispensablemente con un aumento en la producción de leche. Hay numerosos ejemplos de nuevas razas que producen muchos mellizos, pero al no tener leche suficiente, las ganancias diarias de peso son muy reducidas. El resultado final son corderos que no alcanzan un peso adecuado al destete y deben permanecer un largo tiempo en el predio antes de poder comercializarse, caracterizándose por ser viejos y livianos, con poca masa muscular y engrasados.

Por eso es indispensable que la raza elegida tenga en su composición el aporte genético de la East Friesian, así los mellizos tienen una ganancia de peso mucho mayor que el de corderos únicos de razas tradicionales.

Al no haber en la actualidad rebaños comerciales con genética moderna, la forma recomendada de realizar el mejoramiento genético, es mediante el uso de carneros mejoradores, que actúan en un proceso de absorción genética, donde ya las nietas de las ovejas originales se comportan como la genética que se quiere introducir.

El mejoramiento genético tiene un impacto de gran magnitud pues una oveja moderna, especializada en producción de carne, supera en más de 2,5 veces la productividad de las actuales ovejas comerciales presentes en el país.

El costo del mejoramiento genético es mucho menor que el mejoramiento de las praderas, impactando no solo en el nivel productivo, sino también en el grado de aceptación de la carne producida. Este último factor es fundamental para ganar el mercado del consumidor urbano, que es donde está el gran potencial de mercado para la carne ovina a nivel nacional.

El aumento del inventario ovino es clave para dar inicio a un proceso de comercialización formal de los corderos, que además permita el consumo regular de carne ovina por la población urbana, abasteciéndose en carnicerías y supermercados.  Sólo de esta forma será posible la sustentación de la única planta faenadora de la zona sur, tanto para abastecer al comercio formal como también para abrir los enormes mercados internacionales.

En la actualidad el mercado informal consume más del 90% de la producción de carne ovina del sur y aún tiene margen para seguir creciendo. En alguna etapa de un proceso generalizado de aumento de inventarios, el mercado informal quedará saturado y el excedente de la producción necesariamente deberá canalizarse en el mercado formal.

Hoy día los pequeños y medianos productores ovinos solo pueden comercializar informalmente en la puerta del campo, pues las pequeñas cantidades de corderos que producen no tienen cabida en la planta faenadora , tanto por la mala calidad, como porque la cantidad mínima de faenamiento por productor en la Planta faenadora es del orden de 80- 100 corderos.

El precio del mercado informal supera casi en un 100% el que puede pagar el mercado formal. Por eso la única forma para aumentar los inventarios a mediano plazo, es reducir considerablemente el costo de producir un cordero, que está muy ligado al empleo de tecnología moderna y a la economía de escala de tener rebaños de mayor tamaño, de modo que el precio del mercado formal sea rentable para el productor, situación que hoy día está muy lejana para casi todos los productores.

Los perros vagos, en mayor medida que los “asilvestrados”, causan un daño enorme a los pequeños ovejeros, que muchas veces sufren en un solo ataque la pérdida de más del 50% de su capital ovino. Este problema es de alta frecuencia en  la mayoría de las explotaciones ovinas del país y en muchos casos ha sido una de las principales causas del abandono del rubro de muchos productores.

En ciertas zonas el ataque de fauna protegida, como por ejemplo el zorro culpeo y más ocasionalmente el puma , se agregan al riesgo de pérdida de inventario, pero su impacto es mucho menor al daño ocasionado por los perros.

Ambos problemas pueden ser fácilmente evitados con la presencia de perros guardianes, como quedó ampliamente demostrado en Cochrane, donde esta medida redujo pérdidas de más del 20% del inventario anual a 0%.  INDAP debería considerar el aporte de perros guardianes en todos los proyectos de inversión en el rubro ovino.