LAS PRADERAS EN LA PRODUCCIÓN OVINA DE LA ZONA SUR


 

                                                                                                                                         Daniel Claro Mimica

                                                                                                                                Ing. Agrónomo M.Agr.Sci.

                                                                                                                                   [email protected]

 

Es indiscutible la importancia que tiene la pradera en la alimentación del ganado, en particular en regiones que cuentan con condiciones privilegiadas para la producción de forraje.

Tal es el caso de países líderes en la producción animal en base a pradera, como lo es Nueva Zelandia.  Allí se han desarrollado  modelos de producción que maximizan el uso del pasto  como el alimento natural de ovinos y bovinos.

Para ello desde hace más de 50 años se han dedicado al estudio de la relación pradera- ganado, desarrollando nuevas tecnologías para aumentar la producción y utilización de la pradera.  Se destaca la invención del cerco eléctrico, que marcó un hito mundial para la utilización eficiente del forraje producido.

También dedican un enorme esfuerzo al estudio de especies forrajeras y en particular al mejoramiento genético de ellas, donde la aparición constante de nuevas variedades aumenta en forma muy significativa la producción de forraje, la calidad nutricional y las características agronómicas de cada nueva variedad que sale al mercado.}

El avance genético produce un aumento de la productividad del orden de 1,5 a 2% al año. En términos prácticos significa que una variedad que hoy día sale al mercado, supera en hasta un 20% en productividad a otra variedad de la misma especie forrajera que salió al mercado hace solo 10 años atrás.

El manejo del ganado y de las praderas para maximizar la eficiencia productiva es fundamental, donde en el caso de los ovinos, en años recientes, ha cobrado gran importancia la eficiencia productiva de la oveja propiamente tal.

Aquí se han encontrado grandes diferencias de eficiencia en la conversión del pasto a carne, entre diferentes genéticas ovinas. Las razas con mayor prolificidad, magras y con alta producción de leche que conduzcan a obtener corderos pesados, son las más eficientes.

La razón es muy simple, el mayor costo productivo  por cabeza de ganado es la mantención de una oveja madre todo un año. El costo energético de producir un kg de grasa es 3 veces mayor al de producir músculo, de modo que la producción de corderos magros no solo satisface lo que el consumidor pide, sino también hace más eficiente la conversión de pasto en carne.

 Por lo tanto mientras más corderos produzca y mayor sea el peso de estos a su venta, aumenta la eficiencia.  Hoy día se trata que la producción de corderos de una oveja sea similar o mayor al peso vivo de la propia oveja.

 

CLIMA:

Es un factor de mucha importancia para la producción de forraje, donde las regiones del sur, representadas por la IX; X; XIV tienen condiciones privilegiadas para la producción de las praderas bajo condiciones de secano.  Estas regiones se caracterizan por su clima templado con precipitaciones anuales que fluctúan entre 800 y 2000 mm, concentrados en invierno, pero con un déficit periódico en el verano, particularmente en las zonas costeras.

La interacción clima – suelo produce importantes diferencias en la producción de forraje, no solo en la cantidad de forraje producido sino también en su distribución estacional.

En suelos de buena fertilidad y con praderas de Trébol Blanco-Ballicas se han obtenido las siguientes producciones de forraje.

 PRODUCCIÓN ANUAL DE PRADERAS TREBOL BLANCO-BALLICAS SEGÚN CLIMA Y SUELOS
                       X REGION DE LOS LAGOS    
LLANO CENTRAL PRECORDILLERA COSTA ÑADI
% % % %
VERANO 18 22 13 19
OTOÑO 16 19 15 21
INVIERNO 8 6 12 6
PRIMAVERA 58 53 59 54
Materia Seca Ton/Ha 13,98 13,37 12,87 12,20
Fuente: Watts,2008 Manual de especies forrajeras y manejo pastoreo

 

Por supuesto que la curva de distribución del forraje producido presenta una enorme variabilidad entre años, entre zonas productivas y dentro de una misma zona.  También entre predios, en este caso debido al manejo, fertilización y forrajeras presentes.

El clima no se puede manejar a nivel de la producción animal, por ocuparse grandes extensiones de terreno. La excepción es el uso del riego pero en forma muy limitada, pues la ganadería no compite por el uso del agua con otras actividades agrícolas, como la fruticultura o producción de hortalizas.

Sin embargo hay que acomodar el modelo productivo ganadero al clima con las variables que si podemos manejar, como ser la fecha de las pariciones, que es la principal herramienta para ajustar la curva de requerimientos del ganado con la curva de producción de forraje.

El uso de mezclas forrajeras también nos ayuda a una mejor adaptación de nuestro sistema productivo al clima. Es sabido que las gramíneas tienen un moderado crecimiento otoñal, bajo en invierno y muy abundante en primavera, pero con una marcada disminución en verano por entrar en su fase reproductiva y posterior latencia. Por otra parte el trébol blanco tiene un hábito de crecimiento distinto, concentrando su crecimiento en primavera y verano. Esa es la fórmula forrajera clásica de las praderas de Nueva Zelandia para un clima muy similar al de nuestra zona sur.

La conservación de forrajes y el uso de cultivos forrajeros, son otra forma de adaptarnos a las condiciones climáticas limitantes para la producción de forraje. Con estos medios trasladamos parte del excedente de producción primaveral a la época invernal y con los cultivos forrajeros producimos y acumulamos alimento en periodos donde el crecimiento de las praderas es casi nulo.

SUELO:

Es el sustento natural de las praderas, presentando  una muy alta correlación de su fertilidad  y  limitaciones físicas con la productividad de las praderas.

Las principales restricciones para la producción de las praderas en la zona sur corresponden al factor suelo. La baja concentración de fósforo, agravada por una alta acidez y concentración de aluminio, restringe fuertemente el potencial productivo, al impedir la presencia de especies forrajeras nobles de alto rendimiento, siendo la principal limitante para la productividad de las praderas.

El primer factor que hay que corregir es la acidez del suelo, mediante fuertes aplicaciones de cal, para ir subiendo el pH. La cantidad aplicar es muy variable y depende fundamentalmente del nivel de pH actual del suelo. Mientras no se corrija el pH, la aplicación de fósforo tiene una baja respuesta, pues su disponibilidad se bloquea por el alto nivel de aluminio.

El pH óptimo para las praderas de alto rendimiento es 5,8 pero alcanzarlo no es tan fácil debido al elevado costo de la enmienda. En algunos suelos se requeriría unas 8 toneladas de cal, cuando el nivel inicial bordea el pH 5.  Esa enmienda tiene un costo solo en el producto de aproximadamente $65.000 por tonelada.  Cuando el pH es muy bajo, lo ideal es incorporar la cal mediante cultivos, de modo de poder aplicar 3 a 4 toneladas durante las labores de preparación de suelo. Posteriormente al aplicar sobre praderas establecidas la dosis máxima recomendable es de 2 toneladas en cobertera o al voleo. Cantidades mayores producen una costra impermeable que dificulta la infiltración del agua en el suelo.

Cuando se requiere acelerar el proceso de enmienda del pH se puede aplicar cal 2 veces al año sobre la pradera. Estas aplicaciones son bastante engorrosas por los elevados volúmenes y porque el producto viene en la forma de un polvo muy fino, por lo que no se puede aplicar con viento e incluso en días de calma  hay bastante deriva de la nube de polvo.  Recientemente está disponible en el mercado local cal liquida que se aplica con el equipo fumigador de herbicidas. Tiene la gran ventaja de la facilidad de su aplicación; no hay pérdida de producto por arrastre; se puede utilizar la pradera en forma inmediata, mientras que con la cal solida es necesario que el producto se disuelva e infiltre con una lluvia. La concentración del producto es bastante alta pues 20 litros equivalen a 1000 kg de cal solida.

Para la corrección del nivel de fósforo se utiliza frecuentemente la roca fosfórica, que funciona muy bien en suelos ácidos. El fósforo tiene poca movilidad en el suelo, por eso se recomienda aplicar la mayor cantidad posible incorporándolo  con las labores de un cultivo.

La cantidad de fósforo a aplicar depende del nivel inicial del suelo, pero generalmente fluctúa entre 700 y 1000 kg de P2O5 /ha, lo que significa un elevado costo cercano a $ 700.000/ha. De allí la importancia de corregir la acidez del suelo para que el fósforo aplicado esté disponible para las plantas y no sea inmovilizado por el exceso de Al.

cordero empastada

ESPECIES FORRAJERAS:

En el sur la mayor parte de la superficie utilizada en ganadería corresponde a praderas naturales, donde la “chépica” (Agrostis tenuis), acompañada de varias malezas representa el principal componente.

La fertilidad del suelo determina el  techo productivo del sistema de producción, mediante las especies forrajeras que puede  mantener. Esta característica es modificable por el hombre y constituye los cimientos de todo sistema de producción de forraje.

Los  suelos pobres representan la inmensa mayoría de la superficie de la zona sur. La característica más generalizada  es su elevada acidez, con pH cercano a 5 e incluso menor y con niveles de fósforo de 5 ppm de P2O5 o inferiores.

Solo se adapta a estos bajos niveles de fertilidad la chépica, que es una especie rústica que crece en forma natural y que soporta muy bien la acidez, toxicidad por aluminio y los bajos niveles de fósforo.

Sin embargo su productividad es muy baja, con solo 2 a 3 toneladas de materia seca/ha/año. Adicionalmente la calidad del forraje producido es baja. Su crecimiento se concentra en primavera y algo en otoño. En verano crece muy poco y en invierno no tiene crecimiento.

Con estas características productivas la capacidad talajera con ovinos difícilmente alcanza a 3 ovejas/ha/año.

Con el elevado valor actual de la tierra estas  limitantes, dadas por el suelo y pradera, hacen inviable la producción ganadera de mercado, permitiendo solo la producción de subsistencia con un fuerte apoyo y subsidio de INDAP.

Los suelos ñadi sin obras de drenaje solo permiten especies muy rusticas como la chépica, pero impiden la persistencia de especies mas nobles y productivas que son muy sensibles a esta restricción.

Suelos con un nivel mayor de fertilidad tienen un pH entre 5,2 y 5,5 y la concentración de fósforo está cercana a 8 ppm de P2O5.

Estas características permiten la existencia de especies forrajeras más productivas como el “pasto dulce”  (Holcus lanatus) y el “pasto ovillo” (Dactylis glomerata), con algunos tréboles naturalizados. Su productividad está en el rango de 6 a 8 toneladas de materia seca/ha/año.

La calidad de este forraje es superior al de la chépica y la temporada de crecimiento es más amplia. Permite mantener de 8 a 10 ovejas/ha/año.

Para pasar a niveles de productividad  mayor, que son factibles con las condiciones climáticas del sur, los suelos deben tener un pH superior a 5,6 y una concentración de fósforo mínima de 15 ppm de P2O5/ha. Estas características no se dan en forma natural y la fertilidad debe ser construida con la aplicación de fertilizantes.  Aquí juega un rol fundamental el contar con un análisis de suelos, ojalá para cada potrero, a objeto de saber que y cuánto fertilizante aplicar.

Solo en suelos con pH 5,6 o superior y niveles de fósforo de 15 ppm de P2O5 es posible establecer praderas de alto nivel productivo, como la mezcla de ballicas perennes (Lolium perenne) y trébol blanco (Trifolium repens). Estas especies también requieren un buen drenaje, pues de otra forma no persisten y desaparecen rápidamente.

Con suelos de estas características es posible tener praderas de 12 a 15 ton de materia seca/ha/año que permiten una carga de 15  a 20 ovejas/ha/año.  Para llegar a estas praderas de elevados niveles productivos se requiere una importante inversión en la enmienda de suelos para aumentar su fertilidad, elevar el pH y neutralizar el exceso de aluminio. En algunos casos puntuales se requiere aplicar K y Mg.

La inversión en la enmienda de suelos es muy variable, pues depende del estado actual del suelo de cada potrero y puede representar el 80% de la inversión requerida para tener praderas de calidad, mientras que el establecimiento o siembra de la pradera propiamente tal representa el 20% de la inversión total.

Cuando ya se tiene el suelo adecuado, el próximo factor importante es determinar las especies forrajeras  más adecuadas y en forma muy particular, las variedades de la especie. Este factor hoy día es fundamental dado el impresionante avance logrado con el mejoramiento genético de las forrajeras, que siguen perfeccionándose en forma acelerada incorporando resistencia a enfermedades, plagas (factor AR); valor nutritivo (ballicas de alto contenido de azúcar), etapa de floración retrasada (ballicas) etc.

En cuanto a las especies la fórmula de trébol blanco-ballica perenne utilizada en Nueva Zelandia desde hace más de 100 años es en términos generales la más recomendable para suelos mejorados de la zona sur.

Recientemente se han introducido al país dos especies, que debido a su mejoramiento genético realizado en Nueva Zelandia, pasaron desde su condición de malezas a la categoría de forrajeras de primer nivel. Se trata de la “chicoria” (Cichorium intybus) y del “siete venas” (Plantago lanceolata), especies que se caracterizan por su gran masa radicular que les permite utilizar un gran volumen de suelo, tanto para extraer nutrientes desde zonas donde las pequeñas raíces del trébol y ballicas no llegan y principalmente para utilizar en periodos de sequía, la humedad del suelo acumulada en este gran volumen de suelo.

Por estas características tienen una gran productividad durante el verano con una enorme ventaja frente a las forrajeras tradicionales. Normalmente no sufren los efectos de la sequía estival. Adicionalmente otra gran ventaja es su elevada concentración de energía  (3 Mcal de energía metabolizable/kg de materia seca, frente a 2,7 de las ballicas). Esta característica permite que con igual consumo  de forraje se obtenga una mayor productividad de 10% en el ganado que las utiliza.

FERTILIZACIÓN DE MANTENCIÓN: 

Una vez que los suelos alcanzan mediante enmiendas el nivel de fertilidad requerido para el establecimiento y persistencia de praderas de alta productividad, se requiere reponer la fertilidad que se pierde del sistema productivo, ya sea por los productos que se venden: carne y lana, pero también por los que se pierden por lixiviación a capas profundas del suelo al disolverse en el agua de lluvia.

Un sistema ovino intensivo retira menos nutrientes del suelo que una lechería y las cifras aproximadas son hasta  20 kg anuales de P2O5 ( con 20 ovejas/ha), equivalentes a 40 kg anuales de superfosfato triple. También es necesario reponer aproximadamente 30 kg anuales de K.

Cuando la fertilidad del suelo y su pH son adecuados, se logra una alta población de trébol blanco, 30-35%, que no solo contribuye a producir un forraje altamente energético y proteico en primavera-verano, sino también permite suplir la mayor parte de los 250 kg de N requeridos por la pradera.

Una fertilización de mantención debería considerar en promedio

20 kg de P2o5

30 kg de K

250 kg de Cal  (para reponer lo que se lixivia por la lluvia)

100 kg de urea (para suplir lo que no es fijado de la atmósfera por el trébol)

               

RENOVACIÓN DE PRADERAS:

Las praderas perennes, bien manejadas en suelos fértiles, tienen una duración superior a 10 años. Sin embargo algunos componentes de la mezcla tienen una vida mas corta como ser la chicoria, con hasta 3 años; siete venas 4 años, debiendo reponerlas mediante una nueva siembra con cero labranza.

A pesar de que al cabo de este periodo las praderas estuvieran en optimas condiciones, es muy conveniente  renovarlas para incorporar las variedades de última generación, que en un periodo de 10 años incorporan una superioridad de 15 a 20%, gracias al permanente mejoramiento genético que se desarrolla en las principales especies forrajeras.

UTILIZACIÓN:

Tan importante como lograr una alta producción de forraje de calidad es saber utilizarlo en forma eficiente.

Hay dos líneas de trabajo para maximizar la eficiencia de la utilización.

a)      Manejo de Praderas:  La primera de ellas corresponde al manejo de las praderas para promover su máximo crecimiento, mediante la normas básicas de manejo que deben considerar en forma primordial la altura de utilización o entrada al potrero y el residuo que determina la altura de salida de ganado del potrero.

Hay que recordar que:

  • El uso  del forraje producido se mide por el porcentaje de utilización y es de máxima importancia, pues aumentar la eficiencia en la utilización de la pradera mediante medidas de manejo es mucho más barato que producir más forraje.
  • Rezagos que resulten en praderas de sobre 20 cm de altura, si se repiten en el tiempo, tienden a eliminar el trébol blanco que es muy sensible a la falta de luz.
  • El mayor valor nutritivo de la pradera se encuentra entre los 3 y 10 cm de altura.
  • La mezcla trébol blanco – ballicas es bastante resistente al sobre pastoreo, pero cuando el residuo es inferior a 3 cm de altura, el rebrote y crecimiento posterior de la pradera se atrasa considerablemente. El sobre pastoreo  frecuente disminuye la producción total de la pradera.
  • Hay especies forrajeras muy sensibles al sobre pastoreo continuo, como lo son la alfalfa y la chicoria, que pueden desaparecer rápidamente si su manejo de pastoreo no es el adecuado.
  • Tan dañino como el sobre pastoreo lo es la subutilización que no solo perjudica la persistencia del trébol blanco, sino que disminuye considerablemente el valor nutritivo del forraje y además bloquea una gran cantidad de nutrientes del suelo que quedan fuera de uso por estar almacenados en la caña o paja del forraje no consumido.

Dentro de este manejo es fundamental el uso del cerco, eléctrico, la disponibilidad de una red de agua,  con bebederos regulados con flotadores y la observación frecuente del ganado para evaluar su desempeño nutricional.

La oveja siendo muy selectiva en su consumo de forraje, mediante el uso de altas concentraciones instantáneas de ganado (alta presión de pastoreo), puede ser obligada, en periodos de bajos requerimientos nutricionales, a consumir forrajes de menor calidad, como malezas o residuos de pastoreos anteriores.  Esta práctica equivale a dar un corte de limpieza a las praderas. De hecho con un buen manejo del pastoreo ovino, los potreros siempre se ven parejos, sin manchas de residuos no consumidos que son tan habituales en el caso de los bovinos

Por su forma de cortar el pasto con los dientes y con medidas de manejo que obliguen al rebaño a consumir en forma pareja, el porcentaje de utilización del forraje producido es mayor cuando se utilizan  ovinos en comparación con vacunos.

El utilizar el rebaño como segadora de forraje con un altísimo porcentaje de utilización, solo se logra en periodos de bajos requerimientos nutricionales, que en la oveja son de 7 a 8 meses al año, lo que es imposible en lechería, donde la vaca de ordeña debe tener una gran disponibilidad de forraje para seleccionar su consumo y si se le exige una mayor utilización se resiente la producción. Por ello en un sistema lechero es difícil sobrepasar el 65% de utilización del forraje.

Algo similar ocurre en el ganado de engorda, que está permanentemente con altos requerimientos de producción, por lo que no es posible exigirle una utilización muy elevada del forraje producido.

Cuando se tiene una carga adecuada, en relación a la producción de la pradera, es posible cosechar sobre el 80% del forraje producido  en una ovejería de manejo intensivo y cuando el manejo es óptimo, incluso se puede llegar como techo a cerca del 90%.

Estas cifras no se alcanzan con bovinos que dejan un residuo sin consumir de mayor altura que los ovinos y además producen grandes manchas de orina y excrementos que contaminan la pradera por muy largo tiempo. Estas manchas posteriormente tienen una gran producción de forraje, el que no es consumido por los animales

 

CARGA POTENCIAL SEGÚN PRADERA y % DE UTILIZACIÓN 
         
 OVEJAS/HA                         PORCENTAJE  UTILIZACIÓN
65 70 75 80 85 90
 PRADERA DE 13 ton MATERIA SECA/HA  13,61  14,65  15,7  16,75  17,79  18,84
 PRADERA DE 14 ton MATERIA SECA/HA  14,65  15,78  16,91  18,04  19,16  20,29
 PRADERA DE 15 ton MATERIA SECA/HA  15,7  16,91  18,12  19,32  20,53  21,74
 PRADERA DE 16 ton MATERIA SECA/HA  16,75  18,04  19,32  20,61  21,9  23,19
 PRADERA DE 17 ton MATERIA SECA/HA  17,79  19,16  20,53  21,9  23,27  24,64
 PRADERA DE 18 ton MATERIA SECA/HA  18,84  20,29  21,74  23,19  24,64  26,09

b)      Genética utilizada:

Cada genética tiene su  especialidad y propio potencial productivo. En general la producción de lana se adapta mejor que ningún otro producto a zonas con climas áridos o semiáridos, con  praderas pobres y manejo extensivo.

 La producción mixta o doble propósito, lana-carne, tiene su mejor escenario en ambientes intermedios.

Por otra parte la producción de carne requiere praderas muy productivas y suelos de alto valor, donde es indispensable un manejo muy intensivo.

Por supuesto que así como hay grandes diferencias entre individuos de una misma raza, factor indispensable para el proceso de selección, también las hay entre diferentes razas de una misma especialidad.

Un ejemplo extremo en producción de leche es el potencial de la oveja lechera Latxa con  150 lt. por lactancia y la oveja East Friesian o Milchshaf con producciones entre 600 y 900 lt. por lactancia.

Por el diferente potencial y eficiencia productiva entre distintas razas, no da lo mismo con que raza se utiliza una pradera.

Utilizando la información del  cuadro  “ Resultados Económicos según Genética y tipo de Cordero” incluido en el artículo  Prolificidad o Cordero Pesado, de esta misma pagina web, elaboramos el siguiente cuadro, donde se evalúa la utilización de una misma pradera de excelencia, con 15 ton de materia seca y una misma carga animal de 20 ovejas/ha para todas las alternativas.

La diferencia entre el Romney tradicional y el Romney NZ se produce exclusivamente por la mayor prolificidad  de esta última raza, pues el peso de venta de los corderos producidos es el mismo.

Una diferencia de 31% en el costo del kg de cordero producido se eleva a 121% a favor del Romney NZ en el Margen Bruto Operacional, por la gran diferencia en el número de corderos a venta.

Diferencias Económicas de una Misma Pradera con Distinta Genética
Costo Cordero Diferencia Margen Bruto Diferencia
$/kg vivo   $/ha  
ROMNEY INGLES 570 31,30% 159.827
ROMNEY NZ 434 365.997 129%
ROMNEY NZ 434 19,50% 365.997
GOLDENSHEEP 363 498.987 36,30%

En la comparación entre el Romney N Z y Goldensheep la diferencia del menor costo por kilo de cordero producido y en el Margen Bruto Operacional se debe al mayor peso de los corderos Goldenshep, pues el potencial de corderos destetados es muy similar.

La diferencia en el peso de venta se debe a la superioridad en la producción de leche de Goldensheep y a que sus corderos pueden llegar a sobre 50 kg de peso vivo  a la venta sin engrasarse.