Autor: Daniel

EL ROBO DE GANADO EN CHILE


                                                      EL ROBO DE GANADO

 

Daniel Claro Mimica

Ingeniero Agrónomo

M.Agr.Sci Lincoln University N.Z

daniel@goldensheep.cl

 

 

El abigeato o robo de ganado, es un problema que afecta tarde o temprano a todos los ganaderos del país.

 Debido a lo difícil y peligroso que resulta sorprender a los ladrones en el momento mismo del robo;  a las bajísimas penas que reciben en el caso de ser detenidos y a las bajas probabilidades de que sean condenados, se ha convertido en una actividad cada vez más rentable para los delincuentes. De hecho menos del 3% de las denuncias tiene detenidos y de ellos prácticamente ninguno es condenado.

Podemos distinguir diversas modalidades como se cometen estos robos y conocerlas ayuda a idear métodos preventivos, para disminuir e incluso evitar este grave problema.

 En Magallanes el objetivo principal de los ladrones es el ganado ovino, el que es sustraído en forma profesional, por bandas de delincuentes provistos de perros ovejeros. Rodean un lote de ovejas y las cargan en camiones de transporte de ovinos. El robo es a gran escala, pues en cada oportunidad sustraen 200 o más animales.  La cifra de pérdidas por robo de ovejas en  Tierra del Fuego alcanza al menos a 25.000 cabezas anuales, con un  valor de 1 millón de dólares.

El robo hormiga o a pequeña escala es de poca significación.

En el resto del país la preferencia de los delincuentes es por caballares y vacunos. Aquí hay dos modalidades bien definidas.

El robo a gran escala, cometido por bandas organizadas de delincuentes. Entre la IX y X regiones se roban sobre 10.000 vacunos y caballares por año.

Los caballares mansos son fácilmente atraídos por los ladrones, muchas  veces ofreciéndoles heno de alfalfa u otro alimento atractivo. Luego les colocan un lazo o soga y los llevan de tiro hacia un camino cercano.

Allí los espera una camioneta o camión mediano. Allí proceden a cargarlos, aculatando el vehículo en un desnivel a la berma del camino.  La cantidad de animales robados depende de la capacidad del camión, entre 8 y 20 animales por vez, los que son sustraídos de uno o más predios vecinos, para optimizar el uso del camión. En esta modalidad actúan 3 a 4 delincuentes, que se distribuyen las tareas y se comunican por celular.  Una vez cometido el robo, los animales son llevados a alguna feria de la región o a un matadero clandestino. Es muy difícil recuperar un caballo robado y muchos valiosos ejemplares corraleros han terminado convertidos en empanadas.

También existe el  robo a pequeña escala, donde actúan generalmente 2 o 3 delincuentes. Muchas veces proceden a matar al animal en el mismo predio y se llevan la carne. Otras veces llevan al animal de tiro con una soga para cargarlo en una camioneta, en un camino cercano. La cantidad robada es generalmente uno o dos animales.

En el caso de los vacunos el procedimiento es bastante similar al  ya descrito. Lo importante, es que cualquiera modalidad de robo, requiere siempre de un vehículo de transporte para llevarse, ya sea el ganado en pie o la carne. Por ello es fundamental  vigilar los caminos más cercanos al predio, particularmente en las fechas donde se produce con mayor frecuencia este tipo de delito, como vísperas de  fiestas patrias, navidad y año nuevo.

 

El robo de ovinos en cambio, mayoritariamente es del tipo hormiga, donde un par de ladrones ingresan al predio y cada uno se lleva una oveja o cordero sobre sus hombros. El destino siempre es un vehículo menor, taxi colectivo o camioneta, donde se cargan y van a un matadero clandestino para su faenamiento.

El problema radica en que  cuesta bastante darse cuenta del robo cuando no se tiene experiencia. Cuando se detecta el problema, ya faltan 50 o más animales, pues los ladrones vienen al menos un par de veces por semana.

Es muy raro el robo en camiones, por la dificultad de los ladrones en manejar un grupo de ovinos para llevarlos a cargadero en un camino cercano.

COMO PREVENIR EL ROBO DE OVINOS:

Para las explotaciones ovinas la principal amenaza, en casi todo Chile, es el ataque de perros y en algunas zonas precordilleranas, o de Aysén, el ataque de otros predatores protegidos por ley, como el puma y zorro culpeo.

Respecto al robo de ovinos, lejos la mejor defensa es contar con perros guardianes Gran Pirineo, que viven con los rebaños y no permiten la entrada de extraños, tanto humanos como también perros y predatores.

Para facilitar la labor de los perros, particularmente en predios de tamaño mediano, inferior a 2000 hectáreas, es muy útil tener un cerco perimetral electrificado, con sensores que indican en un monitor que sector del circuito ha sido interrumpido por el ingreso de ladrones. Este sistema de defensa también tiene alarmas sonoras, que al cortarse los alambres asustan generalmente a los ladrones.

Otra medida muy importante es tener un  inventario actualizado del ganado de cada potrero y proceder a su control al menos una vez al mes para detectar si se han producido robos.

También es muy útil la permanente revisión de los cercos de los potreros, pues siempre quedan rastros tanto de pisadas o motas de lana en los alambres.

Sin embargo, la mejor herramienta para evitar robo es confiar el cuidado del ganado a perros guardianes.

Los mataderos no tienen la culpa

DANIEL CLARO MIMICA
Ingeniero  Agrónomo, M. Agr. Sci.
daniel@goldensheep.cl

La política implementada hace algunos años, para mejorar la calidad de los mataderos del país, se ha reflejado principalmente en el cierre de la gran mayoría de ellos, particularmente los más pequeños, que existían en casi todas las comunas rurales.

Es absolutamente real que dichos mataderos no contaban con las mínimas condiciones para cumplir con las normas de higiene y salubridad para faenar ganado para su posterior consumo. Efectivamente, ponían en riesgo la salud de la población. Sin embargo, eran conocidos y se podían fiscalizar. Un pequeño productor podía faenar un par de cerdos en el matadero local y al menos eran revisados por el médico veterinario, para fiscalizar si tenían triquina. Hoy día se mata en cualquier patio o galpón, sin ningún control veterinario, por lo que el riesgo es mucho mayor que antes..

La política de modernización de los mataderos se ha inspirado en la norma europea, donde en una sala de matanza sólo se puede sacrificar exclusivamente una especie animal, por ejemplo, vacunos.

Los pocos mataderos pequeños que han logrado mejorar sus instalaciones, hasta altísimos niveles de manejo, tanto en el bienestar animal como en higiene, al menos para el grado de desarrollo del país, han elegido en forma absoluta dedicarse solamente a los vacunos. Ninguno de ellos cumple con las normas de certificación para exportar a la Unión Europea .

 ¿Porqué vacunos y no especies menores? La razón es muy simple: No es fácil faenar vacunos en forma artesanal y el valor del servicio es muchísimo mayor. Es la única opción que pueden elegir los pequeños mataderos, al estar obligados a matar una sola especie en sus instalaciones.

 Muchos productores ovinos se han visto fuertemente afectados, pues cada día hay menos mataderos autorizados para el faenamiento oficial. Por ejemplo en la V Región se logró cerrar todos los mataderos que faenaban ovinos. Hoy día no hay ninguno.

Las distancias para llevar  a un matadero las pequeñas producciones de ovinos, que forman más del 70% del inventario de este ganado entre la V y X regiones, ahora es enorme. Generalmente los consumidores tampoco están donde funcionan los pocos pequeños mataderos autorizados para ovinos, por lo que es necesario un nuevo flete para comercializarlos.

Los mataderos que no cumplen con las normas ¿serán una tranca que frenan la industria de la carne? Cuesta mucho imaginárselo.

Lamentablemente el remedio ha resultado peor que la enfermedad. Estos pequeños mataderos comunales daban servicio al mundo rural de todo el país. Estaban localizados a una distancia razonable de los predios, por lo que el acceso a ellos, particularmente por los miles de pequeños productores, era factible. Adicionalmente en una pequeña sala de matanza podían sacrificar cerdos, vacunos, ovinos.

En el caso de los ovinos, los únicos beneficiados con esta política de mataderos, en el papel, pero no en la realidad, son las dos modernas plantas faenadoras de Osorno y Chillán, con estándares aprobados para la exportación a los mercados más exigentes. Tienen en conjunto una capacidad instalada para faenar sobre 500.000 cabezas de ovinos al año. Sin embargo, con suerte alcanzan a faenar 50.000 cabezas entre ambas. El cierre de la mayor parte de los pequeños mataderos para ovinos no ha aumentado el uso de dichos mataderos.

Las grandes  plantas faenadoras de carne se planificaron y construyeron para el mercado de exportación y por lo tanto, desde antes de construirlas, sus dueños sabían que debían cumplir con las normas de dichos mercados y asumir dichos costos.

No es efectivo que los pequeños mataderos que aún subsisten, aunque no cumplan con la norma europea,  representen una competencia desleal para las plantas exportadoras, pues la cantidad de ovinos que faenan es insignificante. Menos de 20.000 cabezas desde la VI a la X Región.

Al seguir exigiendo a los pequeños mataderos, de uso exclusivo para el mercado local estándares de calidad muy por sobre la realidad de desarrollo del país, solo se traducirá en el cierre de la mayoría de ellos y en poco tiempo quedarán exclusivamente los grandes, que hoy cumplen con las normas europeas. ¿somos europeos o chilenos?

Los ovinos no van a las dos modernas plantas faenadoras de la zona centro sur, no por la competencia desleal de los mataderos pequeños, que casi no existen. Las razones son otras y sobre el 90% de la producción de estas regiones no se faena en ningún matadero, ni grande ni pequeño. No van a las plantas por el enorme costo del transporte y menores precios de compra. Tampoco pueden ir a los chicos, porque ya casi no quedan.

Mientras tanto ¿donde podemos  mandar a faenamiento nuestra producción para no tener fletes de 500 o 1000 km de distancia?  ¿Dónde se pueden faenar los ovinos para el mercado nacional?

Un viejo refrán dice que en muchas cosas en Chile somos más papistas que el mismo Papa. También  que lo perfecto es enemigo de lo bueno. 

Modernicemos gradualmente los pequeños mataderos con estándares acorde con el desarrollo económico nuestro y rápidamente irá desapareciendo el faenamiento informal, que a nadie le conviene, pero que es utilizado al no haber otras opciones.

¿Porqué la producción de carne ovina en la zona centro sur de Chile no despega a pesar del excelente escenario del mercado internacional?

Daniel Claro Mimica

Ingeniero Agrónomo M. Agr. Sci.
daniel@goldensheep.cl

El enorme potencial biológico para producir corderos, destinados al mercado de exportación, se concentra en las regiones del Centro Sur y Sur del país, entre las regiones VII y X, con énfasis en la zona sur.

A pesar del excelente escenario internacional para el comercio de la carne ovina de los últimos 6 años y de la instalación de dos Plantas Faenadoras de ovinos, por parte de empresas privadas, el país no ha incrementado la producción de corderos. Estas plantas que están destinadas a ser el motor del rubro, por la vía de la exportación de carne ovina, tienen una capacidad instalada conjunta, para faenar sobre 500.000 corderos al año.

A pesar del gran esfuerzo realizado para atraer a los productores para que les vendan sus corderos, sólo han podido utilizar una pequeña parte de la capacidad instalada.

Hay dos razones principales para explicar las enormes dificultades que presenta el despegue del rubro ovino de estas regiones.

La primera de ellas y quizá la más complicada, es la gran atomización del rubro, debido al reducido tamaño de los rebaños en todos los estratos. Esta situación hace muy difícil emprender programas de desarrollo, con asistencia técnica y financiera, pues el llegar a muchos miles de productores con rebaños tan pequeños, es extremadamente difícil y de alto costo.

Hay muy pocas organizaciones que agrupen a los productores, destacándose en este sentido la labor de INDAP; PRODESAL y algunos Municipios que aglutinan a pequeños productores del rubro.

Esta falta de organización, que es mucho más notoria en los medianos y grandes productores, limita el emprendimiento de programas de desarrollo, cuando el rubro está tan atomizado.

El otro factor es el mercado informal, que con sus aparentes ventajas de precios más altos y sin exigencias de calidad, ha limitado fuertemente el acceso de las plantas a los corderos de los productores.

En el cuadro 1 se indica la distribución del inventario de ovinos entre las regiones VII y X según el Censo del año 2007.

CUADRO1: REBAÑOS Y PRODUCTORES OVINOS DESDE VII A X REGIONES CENSO 2007


SUBSISTENCIA PEQUEÑOS MEDIANOS GRANDES

< 50 cabezas 51 a 200 cabezas 201 a 1000 cabezas > 1000 cabezas
REGIONES Número Propietarios Número Propietarios Número Propietarios Número Propietarios.
Maule 53.471 3.759 40.879 471 39.773 90 29.747 15
BioBio 125.007 10.907 35.197 471 14.159 40 3.613 3
Araucanía 236.669 22.332 33.557 343 12.787 31 5.244 4
Los Ríos 97.803 8.532 7.574 98 5.191 15 7.262 3
Los Lagos 244.615 18.66 42.484 577 11.410 28 23.822 9
TOTALES 757.565 64.190 159.691 1.960 83.320 204 69.698 34
TAMAÑO Número Propietarios % Inventario
SUBSISTENCIA 757.565 64.190 70
PEQUEÑOS 159.691 1.960 15
MEDIANOS 83.320 204 8
GRANDES 69.688 34 7
TOTALES 1.070.264 66.388

Fuente: Elaborado en base ODEPA

Se observa la gran dispersión de los rebaños, que en un altísimo porcentaje pertenecen a propietarios con menos de 15 cabezas, por lo que mayoritariamente hoy día el rubro es de subsistencia y no comercial.

El impacto del mercado informal se refleja en que del millón de ovinos de inventario, en el año 2008 sólo se faenaron en mataderos autorizados, 69.758 cabezas, cifra que indica claramente que la inmensa mayoría de la producción, no se comercializa por el mercado formal.

Los productores de subsistencia:

De acuerdo al análisis del Censo Agropecuario 2007, representan el 70% del inventario de ovinos del territorio comprendido entre las regiones VII y X., con un rebaño promedio de apenas 12 cabezas. Son casi 64.000 productores, por lo que debido a esta gran atomización, es una tarea bastante difícil realizar labores de fomento para mejorar su actual realidad productiva. Sin embargo, con la aplicación de tecnología, principalmente en el mejoramiento de sus praderas, tienen el potencial de aumentar su tamaño y convertirse en pequeños propietarios, para salir del nivel de subsistencia en el largo plazo.

Los pequeños productores:

Son casi 2.000 productores y representan el 15% del inventario ovino de este territorio. Poseen predios de superficies cercanas a 100 has, con un rebaño promedio de 80 cabezas. Mayoritariamente reciben el apoyo de INDAP y tienen todo el potencial para convertirse en medianos productores, incrementando el tamaño de sus rebaños, luego de mejorar sus praderas.

Los productores de subsistencia y los pequeños participan en el mercado, generalmente de manera informal. Los corderos ofrecidos, en su inmensa mayoría, sobrepasan largamente el peso óptimo para su consumo y presentan una gran cantidad de grasa. La época de comercialización corresponde principalmente al verano, comenzando con las festividades de fin de año y luego los principales clientes son los turistas, que veranean en dichas regiones.

Los corderos se venden vivos y son faenados por cuenta del comprador en su destino. El precio supera, en hasta un 50%, el que ofrecen las plantas faenadoras. Se cancelan en dinero efectivo, sin exigencias de calidad, por lo que el mercado formal no puede competir en dicho escenario.

El obtener un 50% de valor sobre el precio formal parecería ser algo muy positivo para los productores, sin embargo no lo es. La demanda informal de la temporada veraniega, no permite aumentar, en forma significativa la producción y  oferta de corderos, pues está totalmente abastecida y difícilmente puede crecer. Por ello, si sólo se accede a dicho mercado, la producción no puede incrementarse. El problema de rentabilidad e ingresos de los productores, no es a causa del precio recibido, sino a los bajísimos volúmenes de producción de cada productor y a su ineficiencia productiva.

Hoy día, a pesar de los altos precios, todos estos productores tienen rentabilidades negativas y el ingreso obtenido es muy pequeño, no alcanzando para la subsistencia familiar.

La mayor parte de estos pequeños productores podrían, en primer lugar, multiplicar al menos por 5 veces su dotación ganadera, si reemplazaran sus pastos naturales por praderas sembradas. Naturalmente que este cambio no es fácil, pues requiere una alta inversión y la aplicación de todo el paquete tecnológico necesario para establecer y manejar praderas de alta productividad.

Adicionalmente con un cambio genético deberían reemplazar la raza de sus actuales ovejas, por otras mucho más eficientes, que producen al menos el doble de kilos de cordero por oveja que las actuales.

Con estos dos grandes cambios, praderas y genética, la productividad de corderos se puede cambiar desde aproximadamente 70 kilos de cordero/ha a más de 600 kilos por hectárea. En este nuevo escenario la rentabilidad y los ingresos cambian en forma sustancial, debido a la mayor eficiencia productiva. Sin embargo, los nuevos volúmenes de corderos  así producidos hacen impensable la continuación y permanencia del actual sistema informal de comercialización.

No hay mercado informal para este aumento de volumen y necesariamente, el aumento deberá trasladarse al mercado formal, mayoritariamente hacia las Plantas Faenadoras, con otro standard de calidad, que exige carnes magras y de buen desarrollo muscular.

Además los precios deberán adecuarse a los que determina el mercado internacional, puesto que una parte importante de este aumento productivo deberá canalizarse hacia la exportación. El  desarrollo del mercado local, para recuperar los niveles de consumo per capita perdidos en los últimos 50 años, es un proceso lento, mientras que la demanda del mercado internacional, puede absorber en forma inmediata cualquier aumento de oferta en el corto y mediano plazo.

Medianos y grandes productores:

En conjunto representan cerca del 15 % del inventario ovino de las regiones del Centro Sur y Sur. Las tecnologías productivas que utilizan, son bastante similares a la de los pequeños.

En lo económico, su situación está muy complicada, pues casi no acceden a los altos precios del mercado informal, donde por sus mayores volúmenes de producción, deben recurrir al mercado formal. Además ocupan mano de obra contratada, que es uno de los ítems de mayor incidencia en sus gastos operacionales.

A diferencia de los pequeños, que están en una situación de subsistencia, a la cual se aferran, este estrato de productores, cuando la situación económica se hace insostenible, cambian de rubro, reduciendo o eliminando los ovinos por los malos resultados que obtienen.

También tienen un nivel muy bajo de productividad por hectárea, pero su potencial de crecimiento es grande, por disponer de superficies entre 100 y 300 hectáreas de terreno, que con praderas de alta calidad pueden sustentar rebaños de tamaño muy adecuado para hacer el negocio altamente atractivo.

Los medianos productores: tienen entre 200 y 1000 cabezas de ganado y los pocos grandes más de 1000.

Las plantas faenadoras de ovinos:

Tanto la que opera desde hace algunos años en Chillán, como la que comenzó durante el 2009 en Osorno, tienen muchas capacidades para ser los verdaderos motores del despegue del rubro ovino. Están muy bien ubicadas, en las regiones de mayor potencial de crecimiento del rubro; tienen modernas instalaciones y serán fundamentales en el proceso de abrir el mercado de exportación para la carne ovina de estas regiones.

El gran problema que presentan es que no cuentan con el abastecimiento necesario de corderos en el mercado formal, pues entre ambas tienen una capacidad instalada para faenar 500.000 corderos anuales y hoy día no alcanzan al 15% de esta cifra.

La tarea de obtener los corderos no es fácil, puesto que el mercado informal recibe la mayor parte de la producción y sin exigencias de calidad, paga precios superiores en un 30% a los que pueden ofrecer estas plantas.

El rubro actualmente no está creciendo o si lo hace, es a tasas muy pequeñas, por lo que en el corto y mediano plazo, no se producirán corderos incrementales que excedan la demanda del mercado informal, para liberarlos hacia las plantas.

El rubro no crece, no por malos precios, sino por la tecnología obsoleta que aplica, la que es tan ineficiente que deja pérdidas a los productores. Esta tecnología inadecuada, unida al reducido tamaño de los rebaños, hace inviable el negocio para muchísimos productores.

La estrategia comercial tradicional de “hacer negocio” comprando corderos para el faenamiento, no funciona, pues la competencia con el mercado informal es imposible. El costo financiero y de mantenimiento al tener sólo un pequeño porcentaje de la capacidad instalada utilizada, es enorme.

Los productores medianos y grandes están con problemas, pues si no aumentan significativamente el volumen de sus rebaños y la eficiencia productiva, corren el riesgo de tener que dejar el rubro, por la acumulación de pérdidas.

Por otra parte, las plantas faenadoras tampoco tienen una tarea fácil en el corto y mediano plazo, pues es muy difícil que con sus actuales estrategias comerciales, aumenten en forma importante la captación de corderos.

Los que están mejor preparados para continuar “subsistiendo” con el rubro ovino, son los pequeños productores, que no toman esta actividad como un negocio y cuentan con la generosa ayuda del Estado.

¿QUÉ CAMBIAR PARA SALIR DEL PROBLEMA DE FALTA DE CORDEROS?

El problema es muy urgente, pues a pesar de las inmejorables condiciones del mercado internacional y de las ventajas que otorgan los tratados de libre comercio, el país y los productores, no están aprovechando esta oportunidad, a pesar de contar con dos modernas plantas faenadoras de ovinos.

Si nada cambia, los pequeños seguirán produciendo corderos en su nivel de subsistencia y accediendo al mercado informal. Muchos de los productores medianos y grandes, al menos los de menor eficiencia y con menos recursos económicos, abandonarán el rubro, como ha ocurrido ya en los últimos 30 años.

La principal solución es que los PRODUCTORES aumenten, en forma importante, el número de corderos que venden y su calidad. Adicionalmente, deben mejorar su eficiencia productiva, para que logren utilidades importantes, que los incentiven a seguir en el negocio y a continuar creciendo. Si los productores, particularmente los medianos y grandes, no están conformes con la rentabilidad del rubro, es muy probable que lo abandonen.

Si el rubro se transforma en un negocio atractivo para los productores, éstos aumentarán sus volúmenes de producción y necesariamente deberán llegar al mercado formal, a precios algo menores a los que hoy día se obtienen en el mercado informal. Por ello, la lógica indica que las Plantas Faenadoras de Ovinos, que han hecho inversiones muy importantes para construir sus nuevas instalaciones, deberían ser las más interesadas en que a los productores les vaya muy bien y aumenten rápidamente su producción.

Los productores tradicionales no están preparados para enfrentar este desafío, luego de muchos años de sobrevivir en un mal negocio. Requieren la ayuda de las plantas faenadoras, las que urgentemente deberán diseñar esquemas de alianzas estratégicas con los productores, para así también proteger sus inversiones, que no podrán resistir muchos años trabajando a los actuales niveles de ocupación.

El camino más conocido para aumentar la producción de corderos, es el mejoramiento de las praderas, donde en la zona sur se puede pasar del promedio actual de 3 ovejas/ha., a cifras superiores a 15 e incluso 20 ovejas/ha., con un incremento gradual, en la medida que mejora la productividad y calidad de los suelos y de las praderas. Es un proceso que puede tomar varios años, aún contando con el financiamiento.

Un camino casi desconocido en Chile es  el impacto de la genética ovina en el aumento de la productividad. Este impacto suele ser mucho más importante que el aumento logrado con las praderas, donde se aumenta el volumen del negocio y se mejora la eficiencia del uso del suelo.

La nueva genética actúa por 3 vías para mejorar la eficiencia productiva de la oveja

  • Precocidad sexual, produciendo corderos de madres de 1 año de edad, aumentando de esta forma hasta en un 25% la producción de corderos del rebaño.
  • Aumentando la prolificidad, donde hasta un 50% de las hembras adultas producen mellizos
  • Mejorando la calidad del cordero, casi sin grasa  para faenarlos con 45-50 kg de peso vivo, un 50% mayor que lo recomendable con razas tradicionales

Los resultados de este impacto son enormes y se aprecian en el ejemplo del Cuadro 2

Cuadro 2 : PRODUCCION DE CORDEROS SEGÚN GENÉTICA ,  CON UN REBAÑO DE 100 HEMBRAS
     
  raza tradicional raza moderna
Ovejas

75

75

reemplazos

25

25

total inventario ovejas

100

100

corderos de ovejas

75

113

corderos de  hembras de reemplazo

0

27

 hembras :total corderos

75

140

peso corderos (kg)

30

45

Kg. cordero producidos

2.250

6.300

DIFERENCIA  

180%

La primera vía es que cuando la raza tiene el factor de precocidad sexual, permite obtener al menos 1,1 corderos por borrega de reemplazo, al año de edad, mientras que hoy día esa categoría del inventario, que representa el 25% de la población, no produce nada.

La segunda manera, es mediante un aumento importante en la prolificidad, donde al menos el 50% de los vientres produce mellizos. Con eso se logra aumentar de  1 cordero que se produce hoy día, a 1,5 corderos, en promedio por oveja.

Finalmente, al producir corderos magros, se aumenta el peso de faenamiento, desde los actuales 30 kilos de peso vivo, a 45 kg., obteniendo canales cercanas a los 20 kilos, en vez de los 12 o 14 kilos actuales, con carne magra y grandes masas musculares, que es lo que hoy día demanda el mercado internacional y también los restoranes nacionales.

La genética tiene aún un impacto mayor que el que se logra con el mejoramiento de las praderas y a un costo mucho menor. Estas dos herramientas, praderas y genética, se complementan entre sí y es necesario utilizar ambas, en forma simultánea, para optimizar el negocio ovino.

Hoy día en genética ovina para carne, hay un gran desconcierto en Chile, por falta de conocimientos en la materia, a nivel de productores y profesionales. A manera de ejemplo, se está recomendando, en esta etapa inicial del desarrollo del rubro, el uso de carneros Texel, sin tener en consideración que su uso actual está contraindicado. Si bien es cierto que el Texel mejora en forma notable la calidad de los corderos, también reduce en forma importante el número de corderos producidos, lo que atenta contra la rentabilidad de los productores y su urgente necesidad de multiplicar rápidamente el tamaño de sus rebaños. En varios años más, cuando los productores hayan copado el potencial de capacidad de dotación de sus campos, la situación podrá ser distinta.

La raza Texel, en los países desarrollados, se utiliza exclusivamente como raza terminal, donde toda la producción de corderos, tanto hembras como machos, va al matadero. En esos países ya tienen su inventario a máxima capacidad y destinan una parte de cada rebaño a estos cruzamientos. Definitivamente no es nuestro caso. Los productores que están utilizando esta genética en sus rebaños, a corto plazo, se van a dar cuenta del gran error al que han sido inducidos por consejos técnicos inapropiados.

Aún no hay conciencia de que la raza adecuada produce más del doble de carne de cordero que las actualmente en uso y adicionalmente de mucho mejor calidad.

 

 

 

 

 

La reproducción de las ovejas

DANIEL CLARO MIMICA
Ingeniero  Agrónomo, M. Agr. Sci.
daniel@goldensheep.cl

En un rebaño ovino destinado a la producción de carne, la reproducción es la etapa más importante del ciclo productivo anual, pues determina el resultado económico de la temporada.

La temporada reproductiva: Se presenta en determinado periodo del año, propio de cada raza y localidad, pues las ovejas son poliestricas estacionales, es decir, presentan varios celos en el año hasta que se produce la preñez o en su defecto, hasta que termina la temporada.

El periodo reproductivo anual presenta una gran amplitud según la raza y latitud. Mientras más cercano está un lugar de la línea ecuatorial de la tierra, la temporada reproductiva anual es más amplia o abierta.- Esto se debe a que hay poca diferencia durante el año entre las horas de luz y de oscuridad diarias.

Las ovejas cuyo origen ha sido cercano a la línea ecuatorial, han desarrollado genéticamente lo que se denomina “ciclo amplio”, que es hereditario y les permite la posibilidad de tener hasta 10 meses de temporada reproductiva en forma natural, gobernadas por el largo del día. Ejemplo clásico es la raza Merino y varias otras como Dorset. También se comportan de esta forma algunas razas compuestas modernas como Polipay; Goldensheep y Rideau Arcot, que en su composición incluyen razas de ciclo abierto.

Por otra parte, aquellas razas originarias de latitudes alejadas del Ecuador, presentan una corta temporada reproductiva cada año y son de “ciclo cerrado” La temporada dura entre 3 y 5 meses del año, siendo las razas más características Border Leicester; Texel; Romney.

El inicio de la ovulación pone fin a la temporada de anestro, período durante el cual la oveja no presenta actividad sexual. Hacia el termino del anestro y próximo al inicio de la temporada reproductiva, las ovejas que han estado separadas de los machos por algunos meses, reaccionan ante la introducción de los carneros al rebaño, con un adelanto sincronizado de su temporada reproductiva. Entre 5 y 7 días luego de la introducción de los carneros, un alto porcentaje (60-70%) de ovejas ovula, produciéndose así una sincronización natural de los celos, que aparecen aproximadamente 22 días después de la introducción de los machos.- Así gran parte del rebaño queda sincronizado y si se retiran los carneros, luego de producido el estímulo, las ovulaciones continúan ocurriendo sincronizadamente por el resto de la temporada.

El sistema endocrino, gobernado por la glándula pituitaria, reacciona a una determinada relación entre horas de luz y horas de oscuridad, generando la señal para que el complejo hormonal active varios meses después la primera ovulación de la temporada. Sin embargo, esta primera ovulación no va acompañada por el celo o estro, de modo que no es detectada por el carnero. Los celos se van repitiendo cada 17 días en promedio durante la temporada reproductiva.

El número de óvulos producidos en cada ovulación fluctúa durante el año, existiendo la tendencia de que las ovulaciones múltiples tienden a concentrarse cerca del día más corto del año, posibilitando así un aumento del número de corderos nacidos si se elige esa época para reproducir a las ovejas. En los extremos de la temporada reproductiva, tanto al inicio como al término de ella, el número de óvulos producidos es menor.-

El celo o estro tiene una duración entre 12 y 72 horas, siendo notoriamente de menor duración en las borregas.- Adicionalmente las ovejas en celo buscan al carnero, mientras que las borregas no lo hacen. Por eso, el encarneramiento o encaste de ambas categorías de hembras, se debe realizar en distintos potreros porque de otro modo las ovejas tienden a acaparar a los carneros, quedando muchas borregas “secas” o sin reproducirse.-

Ventajas de las razas con ciclo sexual “amplio” o “abierto”

La explotación ovina moderna para producir carne a costos competitivos y generar utilidades a los ganaderos, está exigiendo cada vez más aumentar la eficiencia del vientre reproductor.  Esta mayor eficiencia se expresa en primer lugar en la obtención de partos melliceros.

Es una gran ventaja contar con ovejas de ciclo abierto o amplio, pues otorga mucha flexibilidad en el manejo reproductivo para elegir la o las fechas más propicias para maximizar la producción de corderos; reducir el costo de la suplementación o mejorar la comercialización de los corderos.

Es posible tener tres o más rebaños de ovejas con distintas fechas de parto, para así producir corderos durante un largo período de tiempo para abastecer nichos de mercado con carne fresca la mayor parte del año.

Las razas con amplio ciclo sexual permiten, en explotaciones muy intensivas de localidades donde se exprese bien el ciclo amplio, obtener partos más frecuentes; acortando el período de tiempo que transcurre entre un parto y el siguiente  (“lapso interparto”), a sólo 8 o 6 meses, en forma natural. Esto se logra manejando la presentación de los celos con estímulos de luz artificial; destete anticipado; presencia de carneros en momentos estratégicos para inducir y sincronizar los celos en razas de ciclo abierto o con el empleo de esponjas intravaginales impregnadas con hormonas, siendo una de las más conocidas “easybred” de origen neocelandés.

La aceleración de la reproducción con partos más frecuentes que lo tradicional de una vez cada doce meses, entusiasma mucho a los productores que ven una manera novedosa y aparentemente fácil de aumentar en al menos en un 50% su producción.

Sin embargo, este es un manejo complejo y bastante difícil.  Para tener éxito se requiere de un elevado nivel de nutrición casi todo el año y de un gran conocimiento de las técnicas de manejo intensivo ovino.  Es importante contar con las fuentes de alimento adecuadas, a costos razonables, para los periodos del año cuando la pradera no tiene el nivel de productividad apropiado. Por ello, es preferible al menos al comienzo, que el productor concentre sus esfuerzos en dominar la tecnología para obtener un parto con un alto nivel de mellizos al año.

La PRECOCIDAD en el inicio de la vida reproductiva es otro factor muy importante para mejorar la productividad del rebaño y tiene un alto componente genético, requiriendo de un sistema de manejo intensivo.

En Chile la inmensa mayoría de las explotaciones ovinas utilizan un manejo extensivo, aún cuando los predios no sean de gran tamaño. Adicionalmente las razas utilizadas, salvo el Merino Precoz de la zona central, son de maduración sexual tardía. Por ello no se encastan las corderas.

Es normal que la vida útil de las ovejas sea de cinco partos o 7 años de edad, teniendo su primer parto a los dos años de edad. Esto significa que en su primer año de vida sólo producen lana, que en la actualidad tiene un bajo valor comercial.  Con este esquema productivo y con tasas de mortalidad anual entre 3 a 5%, la participación de las corderas de reemplazo en el rebaño es del orden del 27%.- O sea, casi un tercio del número de hembras no produce ninguna cría. De esta forma este es uno de los puntos más relevantes a cambiar para aumentar en forma muy importante la producción de corderos.

Hay razas que tienen una madurez sexual temprana cuando la alimentación es adecuada, presentando ovulaciones y celos desde los 7 meses de edad. Entre estas razas se encuentran: el Merino Precoz; Dorset, Rideau Arcot; Polipay; Goldensheep.

IMG_1393

Borrega Goldensheep de 13 meses de edad con mellizos.

Para reproducirlas tempranamente se requiere que a los 7 meses de edad tengan un 75% de su peso adulto, que para ovejas de 70 kilos significa corderas de 50 kilos. Con la raza Goldensheep, a nivel comercial, se ha logrado que sobre el 95% de las corderas del rebaño queden preñadas y tengan su primera cría a los 12-13 meses de edad. Se logra un mínimo de 1 cordero por cordera encastada, siendo frecuente obtener entre 1,2 y 1,4 corderos.

Esta práctica produce un enorme impacto económico, pues significa aumentar en más de un 27% la producción de corderos del rebaño. Si el manejo nutricional es adecuado los corderos obtenidos no se diferencian de los producidos por ovejas adultas y tampoco se afecta el desarrollo de las borregas.

Las razas de maduración sexual tardía tales como Merino Australiano; Corriedale; Romney; Border Leicester;Texel; Suffolk sólo producen su primera cría a los 2 años de edad, siendo su primer año de vida prácticamente improductivo.

CARNEROS:


image004

Carnero GOLDENSHEEP


La inversión en carneros de alta calidad es la que causa el mayor impacto económico en la explotación de un predio, luego de haber desarrollado sus praderas. El mejor ejemplo de esto es el aumento de la producción de carne de cordero en Nueva Zelandia, país con praderas de excelencia y tecnología de punta para su manejo.

A comienzos de los años 90 cambió la genética tradicional de sus rebaños.  Desarrolló razas compuestas, con los nuevos componentes genéticos, para aumentar la cantidad de mellizos y producir corderos magros. En sólo 15 años a nivel país, el número de corderos producidos por oveja subió de 1,05 a 1,30 y el peso de las canales de los corderos subió de 12,5 kilos a 17,5 kilos; gracias a que disminuyó el engrasamiento. El aumento de la producción de carne fue del 80%. Este cambio genético se logró multiplicando las nuevas razas por medio de la inseminación artificial y utilizando carneros seleccionados.

En Chile hay muy poca costumbre de comprar carneros de calidad reconocida. Lo más frecuente es que cada productor y generalmente el ovejero a cargo del rebaño, selecciones “al ojo” los corderos más grandes y bonitos para utilizarlos como carneros. Esta práctica está muy arraigada; considerándose, erróneamente, la compra de carneros como un gasto inútil.- Al no utilizar registros objetivos para la selección se ha producido un deterioro importante en las razas ovinas de las zonas central; centrosur y sur.

Estos corderos más grandes, que corresponden a ejemplares nacidos más temprano dentro del rebaño y de parto único, han contribuido a disminuir en 30-40 puntos porcentuales la prolificidad de las ovejas Merino Precoz de la zona central a causa de una selección en contra de los mellizos.

A pesar del alto precio aparente de los carneros de buena calidad, esta compra más que un gasto, es una inversión muy rentable. Una diferencia de 3-4 kilos al destete en los hijos de carneros mejoradores sobre los carneros corrientes y adicionalmente 20 a 30% de aumento en el número de corderos producidos por sus hijas, en conjunto significa una considerable cantidad de dinero, que muchas veces se pierde por “ahorrar” en la compra de carneros.

Un carnero adulto cubre más de 100 ovejas en 30 días de trabajo en un manejo intensivo y un carnerillo sobre 30 ovejas. Por ello, el costo por kilo de cordero producido, atribuible al carnero en su vida útil, es muy bajo.

Es mejor tener menos carneros, muchos predios utilizan 4 a 6% de carneros, pero de mejor calidad.

Carneros GOLDENSHEEP

Carneros GOLDENSHEEP


Manejo del encaste o encarneramiento:

Es muy importante utilizar potreros despejados, con buena disponibilidad de forraje; agua de bebida y sombra. También es necesario preocuparse con la debida anticipación de la condición de los reproductores, procediendo a un despalme de sus pezuñas; desparasitación y tonificación en caso necesario.

Otra recomendación es realizar separadamente el encaste de borregas y en ningún caso en un mismo grupo con las ovejas adultas.

La buena condición corporal, tanto de los carneros como de las ovejas, al inicio del encaste es muy importante para obtener los mejores resultados.

La proporción o porcentaje de carneros se decide según las características del potrero. En potreros pequeños, propios del manejo intensivo, un 1% es una cifra adecuada.- Si la proporción de carneros no es la correcta pueden ocurrir dos tipos de problemas:

a)      falta de carneros en relación a las dificultades del terreno. En este caso se puede extender en demasía el período de pariciones, o en casos muy extremos, quedar muchas ovejas sin reproducirse.

b)      Exceso de carneros. En este caso hay muchas peleas entre ellos, pues entre varios carneros se disputan una oveja en celo. El resultado es carneros heridos y ovejas que no se reproducen porque no fueron cubiertas por los carneros.

El periodo ideal de encarneramiento es del orden de 45 días para dar así tres oportunidades a las ovejas en celo para que queden cubiertas.

Para evitar el aumento de la consanguinidad se recomienda un cambio frecuente de carneros, en especial en rebaños pequeños. Carneros de buena calidad se pueden “reciclar” en el vecindario. En rebaños de mayor tamaño que utilizan más de 12 carneros, es más fácil controlar la consanguinidad manteniéndola en un nivel adecuado.

La EPOCA de colocar los carneros bien vale la pena un profundo análisis, pues es necesario ponderar las ventajas y desventajas de las diferentes opciones.

Muchas veces una buena alternativa es tener 2 a 3 épocas dentro del ciclo reproductivo, a objeto de obtener partos escalonados para abastecer en forma continua a un mercado local con carne fresca.

Cuando opera una Planta Faenadora que congela los corderos, esta entrega escalonada no es necesaria. En dicho caso lo más recomendable es atrasar al máximo posible la fecha de pariciones para que éstas ocurran en primavera y no en invierno. Así se mejora el número de corderos vendidos y se disminuye el costo de la suplementación.

Modernización de la producción de carne ovina

DANIEL CLARO MIMICA
Ingeniero  Agrónomo, M. Agr. Sci.
daniel@goldensheep.cl

Las explotaciones ovinas nacionales se podrían clasificar según el potencial productivo del suelo que ocupan, pudiendo formarse dos grandes categorías: con bajo potencial forrajero debido a sus condiciones edafo-climáticas y con alto potencial de producción de forraje.

Producción con bajo potencial forrajero: En esta categoría se encuentran principalmente las explotaciones ovinas de la estepa patagónica y ciertas zonas del secano interior de la zona central y la IV Región, donde por la restricción de pluviometría se hace muy difícil cambiar la actual cubierta vegetal conformada por pasto natural, que si bien está muy bien adaptado a las difíciles condiciones ambientales imperantes, es de muy baja productividad y calidad nutritiva.

Bajo estas condiciones, las explotaciones ovinas se han especializado en la producción de lana, teniendo la carne como un subproducto. En la patagonia, donde las grandes extensiones de las explotaciones compensan la baja productividad de la pradera natural, al permitir el manejo extensivo con importantes economías de escala en mano de obra, gastos generales etc., la producción de carne tiene un rol importante y las explotaciones se pueden describir como de doble propósito: lana y carne.

Las restricciones nutricionales del ganado en épocas que son muy estratégicas para el resultado de la reproducción, tales como  encaste, último mes de preñez y comienzo de lactancia establecen un techo al número de corderos producidos, limitando el número de nacimientos dobles o mellizos y disminuyendo la sobrevivencia de los nacidos, con importantes perdidas en los primeros días de vida de los corderos, por una interacción negativa entre mala nutrición (bajo peso de nacimiento y poca leche disponible) y condiciones climáticas difíciles (baja temperatura- viento- lluvia). Es difícil o tiene un costo muy elevado modificar la nutrición y el efecto del clima adverso en las explotaciones extensivas, de modo que el número de corderos producidos, el factor más importante para que la producción de carne sea el rubro principal, tiene una restricción básica casi insalvable. Adicionalmente las razas laneras o de doble propósito tienen restricciones genéticas para producir corderos de rápido desarrollo o que alcancen un peso elevado, ya sea porque son de crecimiento lento o porque a temprana edad y bajo peso depositan una gran cantidad de tejido graso. Por ello, el potencial de producción de carne de estas zonas es principalmente para producir corderos livianos o de mediano peso.

La principal herramienta para mejorar la producción de carne en este medio ambiente es el uso de cruzamientos terminales para obtener corderos algo más pesados, con menos grasa y cortes de mejor calidad.

Producción con alto potencial forrajero: Existen en el país grandes extensiones de terreno donde la investigación ha establecido un alto potencial para la producción de forraje, con cifras superiores a las 8 toneladas de materia seca por hectárea y en zonas más privilegiadas sobre 15 toneladas. (zonas de riego o con buena pluviometría y distribución de las lluvias). Hoy día, casi todo este potencial no se ha desarrollado, porque los suelos no tienen la fertilidad requerida y presentan praderas naturales, con especies de muy poca productividad y adicionalmente baja calidad nutricional. Una vez superada esta importante barrera de entrada a la modernidad, que es el mejoramiento de la fertilidad de los suelos y establecimiento de praderas de alta productividad, el camino para la producción eficiente y rentable de carne ovina está abierto.

Es bajo estas condiciones ,de praderas de alta calidad, donde el ovino expresa todo su potencial para producir carne, con grandes ventajas sobre otros animales domésticos. Los ovinos tienen potencial de producir entre 1,8 y 2 corderos por vientre encastado; la preñez es de sólo 5 meses y los corderos nacidos pueden faenarse a los 3-5 meses de edad, según el mercado de destino. Adicionalmente su consumo principal es forraje de bajo costo de producción y el ciclo productivo se completa en menos de un año, con alta producción de carne por hectárea. En explotaciones aún más intensivas se puede aprovechar la característica de ciclo sexual muy amplio de algunas razas, en forma natural, cuando la latitud es propicia (zona central) o utilizando un estimulador hormonal del celo (zona sur), para obtener un parto cada 8 meses, acercando así al rubro a la posibilidad de su manejo industrial, de modo de abastecer el mercado con carne fresca casi todo el año.

Además, la carne ovina tiene un precio superior, cercano al 30% sobre la carne bovina, tanto en el mercado nacional como en el mercado mundial.

La producción especializada de carne, como rubro principal de la explotación ovina, depende en primer lugar de la cantidad de corderos producidos e indudablemente también de su calidad; siendo esta última muy amplia, acorde al mercado objetivo del cordero. Hay mercados que exigen corderos ultra livianos o lechales, con canales de 7-8 kilos, destacándose el área del Mediterráneo. En esta categoría la producción nacional es ínfima, estando concentrada en unos pocos productores que abastecen a restoranes especializados de la Región Metropolitana. El cordero liviano se sitúa entre los 10-12 kilos de canal y corresponde a la mayor parte de las exportaciones de las regiones australes. El cordero mediano tiene canales de 13-15 kilos y representa el prototipo del mercado nacional de la zona central, aunque muchas veces con un exceso de grasa, por problemas de manejo e inadecuada genética. Finalmente hay corderos pesados y ultra pesados con canales de 20 y más kilos de peso, de carne magra, caracterizadas también por grandes masas musculares. Son muy demandados por los restoranes y por el mercado norteamericano, que tiene un potencial insospechado. Este tipo de cordero no se produce actualmente en Chile, porque si bien se venden muchos corderos de este peso, no califican para este exigente mercado, por estar muy sobreengrasados.

La cantidad de corderos producidos por hectárea es lejos el mayor factor de eficiencia productiva y depende de tres  componentes principales:

i)   Carga animal

ii)   Prolificidad del vientre

iii)  Nutrición del rebaño

Las claves principales para producir carne ovina en forma eficiente son:

1-     Tener praderas de alta producción

2-     Usar genética de alta prolificidad

3-     Producir carne magra con altas ganancias diarias y con la calidad carnicera de la canal que exige el mercado objetivo

4-     Suplementación del ganado en fases críticas para suplir el bajo aporte de las praderas en dicho momento y para potenciar la producción de mellizos.

Las praderas de alta productividad: Son el principio de la modernización, pues permiten aumentar el tamaño de la empresa en muchas veces, sin adquirir tierra, que hoy día resulta de un costo mucho mayor que el establecimiento de praderas. A manera de ejemplo, en el secano central el costo de una hectárea es al menos $600.000 y produce 800 a 1.000 kilos de forraje medido como materia seca, pudiendo soportar 0.8 a 1 ovejas. Esa misma superficie con una pradera sembrada  puede producir 10 veces más forraje y de mucho mejor calidad, con una inversión en siembra de pradera del orden de $300.000. Para lograr algo similar habría que comprar 10 hectáreas adicionales a un costo de $6.000.000.

Al aumentar la carga, gracias a las buenas praderas,  se pueden manejar rebaños de sobre 1.000 cabezas en pequeñas superficies con una gran economía de escala en los costos de mano de obra, cercos, etc.

La productividad de la pradera no sólo influye en la carga animal, sino que en forma muy directa en la productividad del ganado. La genética de punta no puede expresar todo su potencial si la nutrición del ganado es inadecuada, aspecto que se soluciona con una buena pradera y un adecuado programa de suplementación, basado en  forraje conservado o cultivos forrajeros, ya sea para consumo directo o conservación.

La suplementación: Tiene un gran efecto en mejorar la eficiencia de utilización de las praderas, cuyo crecimiento presenta curvas estacionales, donde en ciertas épocas del año, según la localidad, el crecimiento puede ser nulo. Ejemplo en  invierno en la zona austral por las bajas temperaturas o en verano en el secano central por falta de lluvias.

Las épocas más críticas en la alimentación del vientre ovino están relacionadas a su ciclo reproductivo anual.Una de ellas es el período de su encaste o encarneramiento (15 días antes de colocar los carneros y hasta la fecundación). La sobrealimentación permite aumentar en forma importante la producción de óvulos, maximizando el número de mellizos producidos.

Otra etapa,aún más crítica, es la alimentación en los 30 días antes del parto,pues determina en gran medida el peso del cordero al nacer; su sobrevivencia y la producción de leche, factor también clave en disminuir la mortalidad de los corderos nacidos y en acelerar su crecimiento. Este factor cobra mayor importancia en el caso de los mellizos, por lo que aumentar la prolificidad, si no se mejora la nutrición pre- parto no es aconsejable. En algunas ocasiones hay poco forraje al momento del nacimiento y se debe también forrajear a las ovejas para no afectar su producción de leche.

Algunos granos producidos en el predio como cultivo forrajero constituyen un excelente alimento tales como lupino, avena, cebada, que se consumen enteros sin necesidad de chancarlos o molerlos y son de un alto valor nutritivo, fácil cosecha, almacenamiento, transporte y entrega.

El cambio genético: Es de muy bajo costo, considerando que un carnero de buena calidad cuesta aproximadamente $ 250.000, tiene una vida útil de 5 temporadas y puede cubrir 50 ovejas por temporada. Aquí hay dos líneas de acción

1.- Mejorar la cantidad de corderos producidos, vía aumento de la prolificidad de los vientres. Esta medida es de máxima importancia, aunque sus resultados no se aprecian de inmediato. Por razones prácticas, sólo se puede cambiar la genética por medio de cruzamiento absorbente sobre los vientres locales, cuyo resultado se aprecia en buena medida en las hijas o F1 y ya en plenitud en las nietas o F2. Se producen vientres híbridos de alta prolificidad acorde con los carneros utilizados.

2.- Uso de cruzamiento terminal para mejorar la calidad de los corderos producidos. Su efecto es inmediato.

Herramientas genéticas disponibles para producir más y mejores corderos:

A semejanza de otros rubros ganaderos ya industrializados y de alta eficiencia, como aves y cerdos, es fundamental manejar una línea madre de alta prolificidad. Las razas locales producen generalmente muy pocos mellizos. No existe en el mercado el vientre perfecto o todo terreno, pues las razas disponibles, además de ser poco prolíficas tienen otros defectos, como poca producción de leche, problemas de cojeras al ser muy sensibles al foot-rot o pudrición de la pezuña en terrenos húmedos, etc.

Para solucionar este problema hay dos grandes líneas de trabajo: cruzar con carneros de razas prolíficas (o inseminar), utilizando carneros de razas sobresalientes en esta característica tales como Coopworth,Border Leicester o Milchshaf a manera de ejemplo, formando un híbrido simple que se puede estabilizar. Esta opción obtiene resultados visibles en el corto plazo.

La otra alternativa es la formación de un vientre “compuesto”, partiendo también de la oveja local y  por cruzamiento absorbente se llega a la generación F2, donde el 75% de la genética corresponde al compuesto introducido  inicialmente por medio de los carneros. Esta es la herramienta preferida en los países desarrollados, pues permite “fabricar” el vientre más adecuado a las características locales.

La formación de la línea materna  compuesta, se basa en varios principios genéticos de importancia: el mecanismo de herencia aditiva, la complementariedad de las razas elegidas, el efecto del hibridismo o heterosis y la selección.

Afortunadamente en el ovino los principales caracteres productivos tales como prolificidad, ganancia de peso, producción de leche, tienen herencia aditiva por depender de una gran cantidad de genes, de tal modo que los F1 o híbridos están estabilizados y al cruzarse entre sí no disgregan, manteniendo una gran uniformidad. De hecho la variabilidad entre individuos de una raza pura para estos caracteres es igual o superior a la observada en los híbridos de dos razas  complementarias.

La complementariedad de razas es fundamental al hacer la elección para formar un compuesto. Hay que elegir razas que sean destacadas en alguna característica importante. Por ejemplo para prolificidad destacan Finn; Milchshaf, Border Leicester.- Para ciclo sexual amplio destacan el Merino Precoz y el Dorset. En producción de leche Milchshaf supera a todas las razas, mientras que en sobrevivencia de los recién nacidos, a pesar de su tamaño pequeño, el Finn es lejos la mejor raza. En el carácter magro se destacan nítidamente Finn y Milchshaf.

También hay factores no deseados en algunas razas los que pueden ser compensados al manejar la complementariedad, por ejemplo Finn tiene corderos muy pequeños y de mala conformación, factor que es corregido con la incorporación de Dorset. El ciclo sexual restringido y tardío de Border es compensado con Milchshaf, Merino y Dorset.

Es muy importante tener claro el objetivo de la producción de cada predio en particular, a fin de formar el compuesto más apropiado.

La heterosis es responsable en gran medida del éxito de las razas compuestas debido a que en una sola cruza se logra aumentar la prolificidad que demoraría 50 años en un proceso de selección riguroso. La prolificidad o capacidad de producir mellizos en la hembra híbrida resultante es el valor promedio de los padres componentes, multiplicado por un factor especial acorde al número de razas participantes, que es el efecto propio de la hibridación.

Con dos razas la prolificidad es igual al promedio de las razas componentes multiplicado por 1,03. Al incorporar 3 razas el resultado es el promedio multiplicado por 1,13. El  máximo de heterosis se logra con 4 componentes donde el resultado es el promedio multiplicado por 1,27. Al incorporar más componentes no se aumenta la heterosis pero sí se logran importantes avances en la complementariedad de razas.

La selección si bien como herramienta aislada de mejoramiento es poco efectiva, por la lentitud de sus resultados, se convierte en una herramienta de gran valor para evitar perder gran parte del efecto logrado por la heterosis, al ir aumentando la consanguinidad del ganado compuesto formado. Por ello, es muy importante al tener ya formado el rebaño compuesto, seleccionar particularmente los carneros por su gran impacto, de tal forma de elegir sólo mellizos. También es importante utilizar un número adecuado de carneros, superior a 8 ejemplares, para frenar el avance de la consanguinidad, al evitar un grado muy próximo de parentesco entre los componentes del rebaño.

El futuro: Es muy prometedor para la producción intensiva de carne ovina en las zonas de alto potencial forrajero, utilizando las ventajas competitivas que tiene el ovino como especie frente a otras alternativas ganaderas. Los mercados internacionales están abiertos y la demanda por productos de calidad es alta a precios que son atractivos.

También el mercado nacional es de alto interés pues existe una renovada demanda en todos los restoranes de categoría, donde la carne de cordero se ha posicionado como un plato fino de alto valor. El cordero es indispensable en todo buen asado entre amigos.

Sin embargo, para poder aprovechar estas oportunidades de mercado se requiere aumentar en forma muy significativa la cantidad de corderos producidos e incorporar el concepto de calidad, particularmente reduciendo el contenido graso y aumentando la masa muscular.

Las ovejerías han ido disminuyendo su tamaño y desapareciendo, porque la tecnología utilizada  por los productores es inadecuada, resultando en altos costos de producción y muy bajos ingresos, por el pequeño tamaño de los rebaños. Al modernizar las explotaciones se soluciona el problema económico, sin aumentar el precio de venta del cordero, factor al que los productores suelen culpar de su mal resultado económico, sin analizar previamente que, su actual eficiencia productiva, es incompatible  con el tamaño de sus predios y con obtener el sustento.

Sólo la modernización permitirá revertir la situación económica de los productores ovinos de las zonas con potencial, convirtiendo un negocio en crisis ya por muchos años en una excelente oportunidad comercial, con alta rentabilidad y excelentes márgenes por hectárea.

Los dos mundos de la producción ovina en Chile

DANIEL CLARO MIMICA
Ingeniero  Agrónomo, M. Agr. Sci.
daniel@goldensheep.cl

En Chile, la producción ovina hace muchos años que ha cumplido los 100 años de existencia. En su larga historia ha tenido épocas de grandes éxitos y también de penurias económicas.

La actividad se inició como una explotación, preferentemente dedicada a la producción de lana, cuando este producto tenía precios muchas veces superior a los actuales. Lenta y gradualmente la producción de carne fue reemplazando en importancia a la lana.

Durante el siglo 19 y hasta mediados del siglo 20, los predios dedicados al rubro ovino eran  de gran superficie y muchos miles de cabezas por propietario. La zona austral se caracterizaba por compañías que manejaban Estancias, con muchos cientos de miles de ovinos, incluso con propiedades tanto en Chile como en Argentina. En el resto del país también las propiedades eran grandes, con rebaños de 5.000 a 15.000 cabezas, que se mantenían en Haciendas.

En esa época se  empleó con mucho éxito el sistema extensivo de producción, basado precisamente en grandes propiedades y la utilización exclusiva de praderas naturales de baja productividad, que sustentaban entre 0,8 y 1 ovejas por hectárea.

El principal insumo tecnológico era la genética para una producción de doble propósito, inclinada hacia la producción de lana. El principal manejo sanitario era el baño antisárnico y no se utilizaban vacunas ni antiparasitarios. Tampoco se fertilizaban praderas ni se suplementaban los animales.-

La principal inversión que requerían los terrenos eran los cientos de kilómetros de cercos, los galpones de esquila y corrales. El ganado tenía un bajo costo. Se utilizaba muy poca mano de obra, con ayuda de perros ovejeros para el manejo del ganado, donde un ovejero tenía a su cargo 2 a 3 mil ovejas. La construcción de cercos y la faena de esquila se hacía por medio de contratistas, en faenas de temporada.

La clave económica del sistema productivo era enfrentar los bajos precios de los productos, particularmente el muy bajo precio de la carne, con costos muy bajos. El gasto principal era la mano de obra y fletes, pues no se empleaban insumos. Con la gran economía de escala, originada por  los grandes volúmenes de producción, el costo por kilo producido, tanto de lana como de carne, era muy bajo. Ese bajo costo por unidad, generaba un importante margen de utilidad, que multiplicado por los grandes volúmenes producidos, permitía a los propietarios ingresos y utilidades importantes, que hacían el negocio ovino muy rentable y atractivo.

En la segunda mitad del siglo 20 hubo un cambio muy importante para la producción ovina en el país. Se terminaron las grandes compañías ganaderas de la zona austral, cuyas tierras eran mayoritariamente arrendadas al fisco. Fueron subdivididas en propiedades de 4 a 5 mil hectáreas en promedio y asignadas a nuevos propietarios. En la zona central se terminaron las haciendas por el proceso de reforma agraria.

Paralelamente, después de la guerra de Corea de los años 50, donde la lana tuvo su mayor precio histórico, comenzó un rápido y constante deterioro del precio de la lana, hasta ese momento, el principal producto de la producción ovina.

Estos dos factores cambiaron totalmente el resultado económico del rubro en el país. La reducción del tamaño de las propiedades afectó en menor medida a los propietarios de la zona austral, pero fue determinante en la crisis del rubro en el resto del país, donde se reflejó en una constante disminución del inventario y de los productores dedicados al rubro.

Magallanes ha mantenido una población cercana a los 2 millones de ovinos. El resto del país, bajó de 4 millones a 1 millón en los últimos 50 años, lo que refleja claramente el impacto de la crisis.

EL PRIMER MUNDO:

Magallanes desde siempre ha sido el primer mundo de los ovinos en Chile, tanto en tamaño como en el impacto en la economía regional. También en la introducción de tecnologías;  en los resultados económicos y prosperidad de los productores.

Su mayor acierto ha sido el perfeccionamiento y mantención del sistema extensivo de producción, diseñado por las  grandes compañías que introdujeron el rubro a la región en el siglo 19.

Ese sistema productivo es el único que se adapta a las difíciles condiciones de clima y fragilidad de los suelos. Las praderas naturales son prácticamente irreemplazables en casi todo este territorio. Su reemplazo por praderas sembradas se ve restringido a sólo pequeñas superficies, que presentan mejores condiciones de suelo y precipitaciones. Su implementación se ve muy limitada por el alto costo involucrado y las relativas bajas producciones en relación a la inversión requerida.

Luego de la crisis económica  ovina de la última parte del siglo 20, se han producido cambios de importancia en Magallanes. Han aparecido empresarios que fueron ampliando sus propiedades y hoy día poseen varios miles de hectáreas, muy por sobre el promedio.

Sin embargo, el principal cambio ha sido el gradual fortalecimiento del precio de la carne de ovino, que en los años 70 había llegado al mínimo, pues una oveja valía igual que una gallina. Hoy día la carne es el principal ingreso de los productores ovinos magallánicos., quienes han prosperado notablemente con el explosivo aumento del precio de la carne ovina ocurrida hace 6 años, cuando el precio internacional duplicó su valor.

Actualmente la gran mayoría goza de un  excelente escenario económico. Gracias a sus bajos costos unitarios, gran parte del aumento del precio de la carne, ha sido utilidad neta.

Las plantas faenadoras han destinado prácticamente la totalidad de su producción a los atractivos mercados internacionales, habiendo triplicado sus exportaciones en los últimos 8 años.

Este aumento de las exportaciones no se produjo por un aumento masivo en la producción, sino por un cambio de destino de la comercialización. Anteriormente, más de la mitad de la producción de carne ovina de la zona austral se enviaba a la zona central. Hoy día este destino es casi nulo.

La gran demanda del mercado internacional y la disminuida de la zona central, produjo el cambio natural, que fue muy fácil y rápido, pues existía la infraestructura en las plantas faenadoras, con un producto de reconocido prestigio internacional.

El cambio más notorio de los últimos años  en el sistema productivo, ha sido el mayor énfasis dado a la producción de carne, con una incipiente introducción de razas especializadas en carne, para hacer cruzamientos terminales y así mejorar la calidad de los corderos. Las bases mismas del sistema productivo, que radica en praderas naturales, grandes propiedades, baja carga animal y pocos insumos, se ha mantenido, aprovechando el gran tamaño de los rebaños que manejan los propietarios, que con los nuevos precios de la carne han mejorado sustancialmente el negocio.

El futuro se ve muy promisorio, pues la producción mundial de carne ovina crece muy por debajo del aumento de la demanda y los principales países exportadores tienen copada su capacidad productiva, lo que asegura la mantención de precios atractivos.

EL OTRO MUNDO:

Muy distinta ha sido la suerte corrida hasta ahora por los productores ovinos del resto del país, que no se han adaptado al radical cambio de escenario. Mantienen básicamente el  sistema de producción extensivo, heredado de las haciendas, el que bajo la realidad de predios medianos y pequeños, es inviable.

El costo de producción, aún sin utilizar insumos tecnológicos, supera largamente el valor de la producción, cuyos ingresos no es capaz de solventar el costo de la mano de obra requerida. Su otrora producto estrella, la lana, tiene un precio tan deprimido que  apenas     solventa el costo de esquila.

Muchos miles de productores han dejado de serlo en los últimos 50 años y la situación de los actuales es muy precaria. El rubro ovino se transformó de una explotación comercial en una explotación de subsistencia. El promedio del inventario de más del 70% de los productores no supera las 10 cabezas.

Los productores pequeños son protegidos en buena medida por instituciones del Estado, mediante programas de asistencia técnica y ayuda crediticia.

Los medianos son catalogados de grandes y no tienen acceso a ningún tipo de ayuda estatal. Su dotación es de 500 a 1.000 cabezas. Apenas subsisten y están descapitalizados, sin ninguna capacidad de realizar las  inversiones necesarias para mejorar su sistema productivo.

Tampoco son los favoritos de los bancos, donde no obtienen créditos, por ser de alto riesgo y no llevar un sistema de contabilidad oficial, sino estar acogidos al sistema tributario de renta presunta.

La producción de carne se ha convertido  en su principal fuente de ingresos. Antiguamente la comercialización se realizaba, principalmente, por medio de remates en ferias de ganado, distribuidas a lo largo del país. El ganado se faenaba en los mataderos comunales y abastecían a los consumidores locales.

Muchas de esas ferias de ganado han desaparecido. Hoy día, el ganado transado en feria es insignificante, en relación al volumen total comercializado. Por necesidad, gran parte de la comercialización ha derivado, hacia ventas al detalle en los predios, porque los volúmenes producidos son cada vez más pequeños y los costos del envío a feria muy altos. La mayor parte de los mataderos comunales han desaparecido y los que faenan ganado ovino son casi la excepción, por lo que una parte importante del faenamiento es informal.

A raíz del boom internacional del precio de la carne ovina, se han establecido dos modernas plantas faenadoras de ovinos, una en Chillán y otra en Osorno, siendo una apuesta hacia el futuro del rubro.

Lamentablemente, estas plantas han tenido y tendrán muchas dificultades en  adquirir corderos para su funcionamiento. Hoy día su utilización no logra superar el 5% de su capacidad instalada, situación que de mantenerse en el tiempo, arriesga la viabilidad económica de la inversión.

El éxito de estas dos plantas faenadoras es fundamental para que el país y los productores puedan disfrutar de la bonanza internacional de la demanda de carne ovina. Sin exportación, el rubro ovino no podrá despegar, pues el eventual crecimiento del mercado local será muy lento y sólo gracias a un mejoramiento importante en la calidad del producto, que no se puede lograr sin las exigencias del mercado internacional. De allí la formación de un circulo vicioso.

En el corto plazo hay un gran cuello de botella que impide el crecimiento del rubro. Los productores venden su limitada producción al detalle en los mismos predios, a un precio un 30% superior al internacional, sin ninguna exigencia de calidad y al contado en efectivo.

Las faenadoras no pueden competir bajo esas condiciones de mercado. La calidad de los corderos es mala, porque los compradores no exigen nada mejor. Piden corderos pesados, de 40 y más kilos de peso vivo, siendo que para tener calidad, por su genética, no deberían tener más de 30 kilos. Esa calidad de corderos no sirve para  ser comercializada en supermercados ni carnicerías y mucho menos para el mercado de exportación.

Por otra parte, la producción no puede crecer en forma acelerada si no se abren nuevos mercados, principalmente internacionales. La actual forma de comercialización no permite aumentos de volumen, pues dicho mercado está cercano a su saturación.

Los productores deben comprender que su actual negocio es muy malo y que deben cambiar su estructura productiva para aumentar en forma muy importante su dotación de ganado y eficiencia productiva.

Al aumentar los volúmenes producidos a nivel predial, necesariamente dicho aumento de producción deberá canalizarse hacia las plantas faenadoras, pero con calidad de exportación. El precio deberá ajustarse a la realidad del mercado internacional.

Con el aumento del tamaño de los rebaños y particularmente de la eficiencia del sistema productivo, bajarán los costos unitarios. Sólo a manera de ejemplo, una oveja de genética moderna, permite obtener al menos 1,4 corderos por parto, con 40 y más kilos de peso vivo cada uno, sin engrasamiento y calidad exportable. La realidad actual es muy diferente, con un promedio de 0,8 corderos de  30 kilos de peso vivo por parto. La diferencia significa duplicar la producción por oveja. Esa ha sido la realidad de Nueva Zelandia, lograda en los últimos 15 años.

Afortunadamente, el panorama no es tan negro como aparece hoy. El potencial futuro puede ser muy promisorio, pero requiere un cambio total en todo el sistema productivo. La tecnología disponible y utilizada en los países líderes así lo indica. Es indispensable pasar de un sistema productivo extensivo, casi sin utilización de insumos tecnológicos, a un sistema productivo intensivo, con empleo de mucha tecnología, donde los pilares principales son praderas sembradas de alta productividad y genética de excelencia para producción  de carne.

Es una labor que requiere mucho tiempo y grandes inversiones. La apuesta no es menor, porque el potencial de exportación de carne ovina nacional supera largamente los mil millones de dólares anuales.

Las dificultades también son grandes. Quizá la más importante radica en que los productores actuales cambien su mentalidad. Las inversiones que deberán realizar los productores, también son de gran magnitud, comenzando con el mejoramiento masivo de sus praderas y el cambio total de la genética de su ganado.

Otra dificultad importante es que en la actualidad en el país hay muy pocos profesionales especializados que dominen las tecnologías requeridas por el sistema intensivo de producción. Casi toda la tecnología conocida por la gran mayoría de los profesionales dedicados hoy a la producción ovina en Chile, no es aplicable al rubro moderno.

Las universidades tampoco se han hecho cargo de este desafío tecnológico y las instituciones ligadas al quehacer científico, tampoco han perfeccionado a profesionales en las tecnologías modernas del rubro ovino, enviándolos a cursos en países de vanguardia. La justificación es muy simple, teniendo en cuenta que el rubro ovino ha tenido a lo menos 30 años de pésimas perspectivas económicas en el país. Era muy difícil imaginar algún interés en perfeccionarse en el extranjero para un rubro que no tenía futuro.

Esta dificultad se refleja en que hay muchísimas opiniones técnicas frente a los problemas reales de los productores. Cada profesional consultado da su propia opinión, la mayor parte de las veces, sin tener ninguna experiencia real en un escenario de producción intensiva, pues ni en su carrera profesional ni en sus estudios, ha tenido la oportunidad de especializarse en el tema. Esta discrepancia y variedad de respuestas ante problemas concretos, no sólo no puede solucionar los problemas, sino que además desconcierta a los productores que no saben a quien acudir.

En resumen, los productores de ovinos del territorio comprendido entre las regiones V y XI viven una pésima realidad económica, a pesar del enorme potencial que tiene el rubro. Tienen un ánimo renovado y fe en que el rubro mejorará gracias al boom mundial de la carne ovina, pero no tienen los recursos ni los conocimientos para hacerlo.

Tampoco se han agrupado para facilitar cualquier acción destinada a su ayuda. Es casi imposible que al no estar agrupados puedan tener la fuerza necesaria para enfrentar los desafíos que deben enfrentar para salir adelante.

Las inversiones realizadas por las plantas faenadoras no han podido producir utilidades y arriesgan su futuro mientras no se produzca el despegue de los productores.

Finalmente, también el Estado ha tratado de invertir en proyectos que favorezcan el rubro, pero la falta de conocimientos especializados en la materia, impide un enfoque adecuado y dichos esfuerzos no rinden frutos.

Por ello, uno de los principales desafíos es aumentar en forma muy significativa la disponibilidad de profesionales con entrenamiento en las tecnologías propias de la producción ovina intensiva.

Es de esperar, que tanto los productores como las autoridades del país, despierten a tiempo de este mal sueño que viven en la actualidad, donde se está despilfarrando una oportunidad dorada para convertir al rubro ovino en una nueva oportunidad de buenos negocios para varios miles de personas.

© 2020 Goldensheep

Theme by Anders NorenUp ↑