Categoría: Nutrición

El efecto de la calidad de la pradera en la engorda de corderos.


Para corderos de 35 kg de peso vivo se requiere un consumo diario de 9 Mega Joules de Energía Metabolizable para mantenimiento de su peso y 4,5 MJ adicionales para ganar 100 gramos diarios de peso.

La situación del consumo y ganancia de peso depende de la calidad de la pradera, particularmente del contenido energético.

Una pradera de baja calidad nutricional se caracteriza por una concentración de 10 MJ/kg de Energía Metabolizable/ kg de materia seca. El cordero gracias a su capacidad de seleccionar lo que consume eleva la concentración energética de su dieta a 10,5 MJ. El consumo potencial de forraje en esa pradera es de 1,2 kg de Materia Seca/día que multiplicado por la energía que aporta se traduce en un consumo de 12,6 MJ/día. De esa energía 9 MJ se destinan a la mantención del peso vivo y 3,6 quedan disponibles, de modo que el crecimiento diario máximo es de 50 gramos diarios.

Con una pradera de mejor calidad, con presencia de tréboles se eleva la concentración energética cosechable por el cordero a 11,5 MJ/kg de Materia Seca seleccionada y el consumo a 1,6 kg de Materia Seca/día. de modo que en este caso el consumo de energía se eleva a 18,6 MJ/día. Si restamos las 9 MJ requeridos para mantención, queda disponible para crecimiento 9,6 MJ con lo que el potencial de ganancia diaria es de 215 gramos de peso vivo.

En una pradera de alta concentración energética, con abundancia de tréboles, siete venas o chicoria, la concentración energética sube a 12,5 MJ/kg de Materia Seca y el consumo de forraje por parte del cordero llega a 1,7 kg de Materia Seca. De esta forma su consumo de energía se eleva  a 21,25 MJ de Energía Metabolizable/día, dejando una disponibilidad para crecimiento de 12,25 MJ En esta pradera el cordero sobrepasa los 300 gramos diarios de ganancia diaria de peso,

Sólo se puede engordar corderos con praderas de alto contenido energético y donde el consumo no sobrepase el 60% de la disponibilidad de materia seca ofrecida, para que el cordero pueda elegir su dieta

La calidad de la pradera no solo determina el consumo diario de materia seca que puede realizar un cordero, sino también la eficiencia con que la energía cosechada se transforma en ganancia de peso. Es fundamental contar con praderas con abundancia de tréboles, ojalá reforzada con siete venas y un manejo controlado del pastoreo para que la altura inicial no sobrepase los 15 cm y el ganado se cambie a otra franja cuando ya se ha consumido el 60% de la disponibilidad original. Así se permite que el cordero pueda elegir lo más nutritivo, dejando en el residuo el material más madura y de menor calidad, que se aprovecha con ovejas destetadas para dar un corte de limpieza

Con ganancias inferiores a 200 gramos diarios es mejor vender los corderos con el peso alcanzado a su destete.

ALGUNOS ASPECTOS DEL MANEJO DE PRADERAS CON OVINOS Y VACUNOS

                                                           Daniel Claro Mimica, Ing. Agrónomo M.Agr.Sci.
www.goldensheep.cl

Una creencia bastante difundida es la complementación entre ovinos y vacunos en el manejo de praderas, al utilizar un pastoreo mixto. El beneficio se logra solo con cargas medias a bajas, cuando sobra forraje. En manejos intensivos, con alta carga, ambas especies compiten por una cantidad determinada de forraje y no se complementan en absoluto

La primera diferencia entre estas especies nace de la forma de cosechar el pasto. Mientras la vaca arranca el forraje con su lengua, la oveja corta con los dientes y recoge con los labios. Así  la altura de corte es muy distinta, pues la oveja es capaz de cortar a ras de suelo, mientras la vaca deja un residuo mayor. Esta característica es de doble filo, pues se puede usar a la oveja como una máquina segadora para limpiar potreros pero si no se maneja bien se puede destruir una pradera.

Un aspecto poco conocido es el efecto de la diferencia en la altura del pastoreo en la ocurrencia de plagas de insectos que atacan a las praderas, como la cuncunilla y el gusano blanco. Estos insectos requieren praderas se sobre 15 cm de altura para la sobrevivencia de sus huevos. situación frecuente en explotaciones bovinas con cosecha de forraje. Cuando la altura de la pradera es menor a 10 cm, la luz ultravioleta del sol actúa como insecticida y además la superficie del suelo, donde están los huevos, se reseca con frecuencia. Ambos factores en conjunto no permiten el establecimiento de la plaga. Cuando hay que hacer control químico, no solo se aumentan los costos, sino que se destruye a las lombrices del suelo, que son de gran importancia para el reciclaje de nutrientes.

La variación de los requerimientos nutricionales de los vientres se utiliza para tratar de ajustarlos con la variación estacional del crecimiento de las praderas. Como el ciclo biológico de la oveja es mucho más corto,5 meses de gestación y 3 meses de lactancia, versus 9 meses de gestación y 6 de lactancia en las vacas de carne o 10 meses de ordeña, con requerimientos máximos  en la vaca lechera. Por eso es mucho más fácil y preciso el ajuste de la curva de requerimientos con la curva de crecimiento de la pradera en el caso de los ovinos.

En los vacunos el aprovechamiento directo de la pradera, que es el más eficiente y económico, está limitado, porque en primavera siempre se produce un excedente que hay que cosechar y un porcentaje de la superficie debe cosecharse mecánicamente.

 En ovinos, los requerimientos nutricionales de primavera de una oveja mellicera, aumentan 4 veces respecto a su periodo de gestación, lo que con una carga adecuada controla el exceso de forraje primaveral, no siendo necesaria la cosecha mecánica como herramienta de manejo de la pradera. Adicionalmente los elevados requerimientos bajan bruscamente hasta en 4 veces con el destete y venta de los corderos, que coincide con el término del máximo crecimiento de la pradera, lo que no ocurre en vacunos que continúan con altos requerimientos en verano, cuando la pradera crece a menor velocidad. 

En años de sequía se da la paradoja que el forraje cosechado en noviembre a un alto costo hay que usarlo en suplementar al ganado en febrero, situación que no ocurre en ovinos.

Estas diferencias biológicas permiten a la oveja cosechar directamente hasta un 90% del forraje producido, mientras en las vacas lecheras difícilmente se puede sobrepasar el 60%,pues en caso contrario se afecta fuertemente la producción de leche.

La cosecha de forraje es una necesidad inevitable en explotaciones con vacunos, no solo para el futuro forrajeo invernal, sino también para el manejo de la pradera . Este proceso no solo es de alto costo y también menos eficiente que el consumo directo del forraje.

Se producen importantes pérdidas en calidad y cantidad; primero en la cosecha, luego la más importante, en el proceso de conservación. En la elaboración de ensilaje se puede perder hasta un 30% en forma de gases durante la fermentación y en la henificación una lluvia puede arruinar la calidad del heno.

En ovinos se produce una importante pérdida del forraje ofrecido al momento de  su consumo, pues son muy selectivos y separan las hojas de los tallos, pudiendo perderse fácilmente sobre el 30%del forraje ofrecido, mientras que los vacunos consumen sin mayores pérdidas.

Una forma de disminuir la necesidad de cosechar praderas como suplemento alimenticio es el uso de cultivos forrajeros, muchos de los cuales se pueden utilizar con pastoreo directo.

En ovinos además se puede utilizar la suplementación con granos, que en la mayoría de los casos es mucho más conveniente que la cosecha de forraje. Las pérdidas en el consumo son mucho menores que con forrajes conservados. El grano se entrega entero sobre el suelo y el porcentaje no consumido, 10-15%, con las lluvias germina y es consumido como pasto. El proceso de forrajeo es muy eficiente, pues con una tolva fertilizadora modificada, una sola persona forrajea 1500 ovejas distribuidas en muchos potreros en solo 90 minutos. Con heno o ensilaje el proceso de forrajeo es muy lento y muchas veces requiere equipos especializados de alto costo, como en el caso de los bolos.

En resumen con ovinos se puede evitar la cosecha de forrajes, utilizando un pastoreo diferido de los excedentes de primavera, que en gran medida se controlan con el aumento del consumo de un rebaño mellicero y comprando granos para la suplementación invernal. En vacunos es indispensable cosechar los excedentes primaverales del forraje. Esta diferencia produce una parte importante de a ventaja de las ovejas en la utilización del forraje producido.

La mezcla forrajera tradicional de Nueva Zelandia ha sido Ballica perenne + Trébol blanco. En años recientes se ha popularizado el uso de mezclas forrajeras compuestas, donde se utilizan 2 a 3 variedades de Ballicas con diferentes fechas de floración; híbridos ballica-festuca; trébol blanco; trébol rosado; mezclas de tréboles subterráneos; hierbas forrajeras como siete venas y chicoria.

El resultado ha sido un aumento de  10 a  15% en la producción anual de materia seca. Sin embargo lo más importante ha sido la modificación de la tradicional curva de producción de forraje, con un aumento importante en la producción del verano; moderado en otoño y adelantando la producción de primavera. De esta forma la oferta de forraje es más pareja durante el año y se reduce en parte la necesidad de cosechar excedentes y suplementar al ganado.

Otra ventaja importante de estas praderas compuestas es el mejoramiento de la calidad nutricional, al aumentar significativamente el contenido de energía hasta en un 15%, mejorando en porcentaje similar la ganancia de peso y la producción de leche respecto a la pradera tradicional.

Finalmente otra diferencia biológica entre ovejas y vacunos, es la forma en que depositan sus excrementos. El vacuno concentra sus fecas en una superficie muy pequeña, produciendo una importante pérdida de nutrientes por lixiviación. Adicionalmente la pradera no puede crecer por falta de luz y alrededor del excremento, el exceso de nitrógeno produce un gran crecimiento, que es rechazado por el ganado. Para solucionar este problema se utiliza una rastra de neumáticos después de cada pastoreo.

El ovino distribuye mucho sus fecas “peletizadas” que se reincorporan rápidamente al ciclo de los nutrientes del suelo, sin afectar el crecimiento ni el consumo de la pradera.

TECNOLOGÍA Y PRODUCCIÓN OVINA


Daniel Claro Mimica

Ingeniero Agrónomo, M. Agr.Sci

 GOLDENSHEEP LTDA.

daniel@goldensheep.cl

 

La tecnología demora muchos años en desarrollarse, mediante numerosos trabajos de investigación, que van construyendo la base de datos, para solucionar problemas específicos y cuellos de botella en sistemas productivos. Aún mucho más grande es la demora para que los resultados sean aplicados masivamente por los potenciales usuarios.

La investigación en los países líderes en tecnología ovina y también en Chile, ha logrado muy importantes avances  en los últimos 30 años, para el aumento de la producción de los dos pilares del rubro:

LA PRODUCCIÓN DE LAS PRADERAS Y LA PRODUCCIÓN DE LAS OVEJAS.

En nuestro país, lamentablemente por diversos motivos, el uso masivo de la mayor parte de estos conocimientos es muy escaso, aún hoy día, particularmente en lo relacionado con las ovejas propiamente tal. En parte, es porque hay un déficit en la preparación de los profesionales que se dedican a los ovinos, salvo en Magallanes.

 Esta situación  no es de extrañar, dado que en Chile, el ovino ha sido un rubro perdedor en los últimos 50 años.  En el pasado, para perfeccionarse en producción ovina con estudios de post grado en los países líderes, principalmente Nueva Zelandia, había que tener una vocación muy fuerte y mucho amor por las ovejas, o adivinar que en un futuro lejano el rubro tendría un enorme potencial al aplicar tecnologías modernas.

Por eso son muy escasos los profesionales que apostaron por este rubro, invirtiendo su tiempo y dinero en estudios en el extranjero, cuando el panorama al regreso de sus estudios no podía ser peor, pues la oportunidades laborales eran casi cero.

Ahora, que las perspectivas mundiales hacen de este rubro un proyecto con gran futuro, se nota esta debilidad y ojalá las universidades remedien esta falencia, con cursos de perfeccionamiento para los profesionales actuales que no tuvieron la oportunidad de conocer lo mejor de la tecnología.

Los nuevos profesionales se verán incentivados por el auspicioso futuro del rubro y las cada vez mayores facilidades de estudiar en el extranjero. También  por las oportunidades laborales que deberán presentarse a mediano plazo.

Para el territorio comprendido entre la V y XI Regiones las tecnologías para producir forraje y en parte, para su mejor utilización, son bastante conocidas, particularmente en producción de leche y carne bovina.  Muchas de ellas también son perfectamente aplicables a los ovinos.

Las principales falencias están en el rubro ovino propiamente tal.

Hoy día, en la mayor parte del país, salvo en  Magallanes, la producción ovina, ya no se puede sostener en base a tecnologías de manejo extensivo, con enormes superficies de terreno y muy bajas dotaciones de ganado por hectárea, que es característica de suelos pobres y de bajo valor.

El aumento del valor de la tierra y de los costos de producción por un lado y la baja del precio de los productos por otro, ha hecho indispensable la intensificación del uso del suelo, utilizando fertilizantes, praderas sembradas y también el uso de ovejas muy eficientes, con muchos mellizos; alta producción de leche; carne magra y con masas musculares desarrolladas.

Se acabó el tiempo de la ovejería bucólica, con rutinas de manejo muy tranquilas, a paso lento; tecnologías  sencillas y de bajo costo. Muchos de los productores que no percibieron oportunamente el cambio de escenario ya han desaparecido. Los que no tomen medidas  adecuadas para modernizarse, desaparecerán en el corto plazo.

En base a las tecnologías disponibles, se analiza qué producir como rubro principal en un animal que nos da carne y  lana, que requieren distintas exigencias nutricionales y ambientales; distinta genética y sus mercados son totalmente independientes entre sí.

QUÉ PRODUCIR:

En el caso de Magallanes, la lana siempre va a tener un lugar importante en el balance de la oveja de doble  propósito: Carne-Lana. El negocio ovino magallánico comenzó en el siglo 19 con dos productos principales: sebo y lana. Con el desarrollo de la industria frigorífica, a fines del siglo 19, la carne fue desplazando al sebo hasta eliminarlo.

Desde mediados de los años 90 la carne ha aumentado, en forma muy significativa, su demanda mundial y precio, mientras que las lanas tradicionales fueron bajando su valor.  Hoy día, sobre el 70% del ingreso, de la mayor parte de los productores magallánicos, proviene de la carne, a pesar de utilizar ovejas de doble propósito y continuar con su cultura lanera.

Recientemente en Magallanes hay una nueva tendencia de producir lana fina de alto valor cambiando la tradicional genética Corriedale.

La gran ventaja de la producción de lana, es que se adapta mucho mejor que la carne a los climas áridos, con baja producción de forraje, pues el proceso productivo es menos exigente que las altas demandas nutricionales implicadas en la producción de carne.

La aparición en Australia, hace unos 15 años, de un fardo de lana ultra fina, dentro de un universo superior a 4 millones de fardos, causó gran expectación. Dicha lana tenía una finura cercana a 14 micras, similar a la lana de vicuña. En el remate el precio fue cercano a los US$ 5.000 por kilo, unas 500 veces más cara que el kilo de lana merino tradicional.

Hoy día la lana ultrafina,  en base a la selección rigurosa en el Merino Saxon, alcanza hasta 11 micras de finura, siendo sin duda la lana más fina del mundo. Además del proceso de selección, se han desarrollado nuevas tecnologías de manejo, tales como, destinar a la producción sólo ovinos capones; encerrados en jaulas; dentro de galpones climatizados; cubiertos con capas protectoras del vellón y con nutrición diseñada especialmente para este fin.

La crianza de merinos para este propósito ha aumentado, pero no en forma explosiva, a pesar de la tentación del precio. Hay fuertes objeciones en contra de este manejo, que atenta contra  el bienestar animal. Además las inversiones en genética, instalaciones y manejo son muy elevadas y lo más importante, en la medida que aumenta la oferta de esta lana Premium, el precio baja. En la actualidad, el mejor fardo de 100 kilos con la lana más fina del mundo con 11,8 micras, se vendió a $ US 1.500 dólares por kilo. Las lanas de 14 micras se transan entre 150 y 300 dólares por kilo, precio muy  inferior a los 5.000 dólares originales.

A nivel nacional, no han faltado los entusiastas, que documentados vía internet, recomiendan que el futuro de la ovejería en la zona central y centro sur, debe ser la producción de lana, transformando los rebaños Suffolk en productores de lana ultra fina.

Este tipo de recomendaciones, sin fundamentos de peso, sólo sirven para desorientar aún más a los ya desorientados productores.

Entre las regiones V y XI (salvo la estepa de coironales de Aysén), la producción de lana sólo tiene un valor marginal, con menos del 5% del valor de los ingresos.

El secano central, donde domina la aridez durante la mayor parte del año, tampoco favorece comercialmente a la producción de lana, pues con sólo 4 meses de forraje abundante y de buena calidad, los corderos son el producto principal.

En la zona sur, con pasto verde todo el año y 8 meses de abundante producción de forraje, las condiciones no podrían ser mejores para utilizar razas de carne.

PRODUCCION DE CARNE OVINA:

 En el proceso intervienen cientos de factores, cuyo conocimiento pleno, tanto en sus bases científicas como en sus aspectos prácticos, es indispensable para darle seguridad al sistema productivo, evitando imprevistos y sorpresas, que pueden llevar a un fracaso.

La complejidad tecnológica de un sistema intensivo de producción ovina se asemeja a la de un plantel lechero de alto nivel, muy distante de la creencia popular, basada en la tradición de los sistemas extensivos.

 En un sistema intensivo de producción, para maximizar los retornos y la productividad, se trabaja cerca del límite superior, por lo que cualquier error puede significar el fracaso de un año de trabajo, con grandes pérdidas económicas. Es un riesgo que hay que saber manejar.

 Es evidente que los riesgos son mayores que en los sistemas productivos antiguos, donde la intervención humana era mínima, comparada con la realidad actual.  Hoy día el proceso productivo es muy dinámico, tanto en la producción de forraje y manejo de las praderas, como en el manejo de las ovejas, su alimentación, sanidad y manejo reproductivo. Hay que estar siempre atentos, observando permanentemente el ganado y las praderas.

Por eso se requiere de un amplio conocimiento de todos los factores productivos, en profundidad, a fin de prevenir cualquier imprevisto y actuar en forma preventiva, para evitar los errores que se puedan cometer. Sólo así el negocio es seguro y entrega altas rentabilidades.

Dentro de los numerosos  componentes que intervienen en un sistema moderno de producción de carne ovina, los que causan mayor impacto en los resultados económicos son dos: manejo de la nutrición y genética.

En ambos aspectos el aporte de la tecnología generada por la investigación científica, en todo el mundo y también en Chile, ha sido enorme y constante. La ciencia no descansa y sigue trabajando para generar la tecnología del mañana.

NUTRICIÓN:

La nutrición de la oveja se basa principalmente en el consumo de pasto, cosechado directamente por ella durante el pastoreo. La producción de forraje no es uniforme durante el año y su curva productiva depende de las características climáticas de la localidad, de la fertilidad del suelo y de las especies forrajeras dominantes en la pradera.  Hay periodos, generalmente en primavera,

donde en solo dos meses se produce el 65% del volumen anual y otros, en invierno, donde el crecimiento es insignificante. La situación es aún mucho más extrema en los secanos de la zona central, donde todos los años hay al menos 7 meses de sequía, sin producción de pasto, en verano y otoño.

Por otra parte, la oveja tampoco tiene una demanda  uniforme de alimento. Sus requerimientos nutricionales son mínimos, durante casi 8 meses del año, luego del destete y durante sus primeros 100 días de preñez y máximos en el pick de su lactancia, donde a los 60 días de edad, los corderos y su madre requieren 4 veces más alimento que una oveja seca.

Una de las medidas básicas de manejo nutricional es darle a la oveja el alimento  que necesita, de acuerdo a su ciclo reproductivo. La forma más eficiente de hacerlo es ajustar la curva de requerimientos nutricionales con la curva de producción de forraje. Para ello, las dos herramientas recomendadas son:

  1. Fijar la fecha de nacimiento de los corderos en las proximidades del inicio del crecimiento acelerado del forraje en primavera.

 Hoy día es un gran error fijar la fecha de nacimiento para tratar de obtener mejores precios en la venta de corderos. El precio en la actualidad es bastante estable durante todo el año. Por ello, lo más aconsejable es que los corderos nazcan cuando se inicia el crecimiento de la pradera en primavera, fecha que varía según la localidad y calidad de las praderas. Así las ovejas llegan en mejores condiciones al parto, tienen menor mortalidad, producen más leche y crían muchos más y mejores corderos.

  1. Suplementar el ganado en los puntos críticos del ciclo productivo , generalmente invierno un mes antes del parto y en el secano preocuparse del nivel proteico en verano. Se utiliza la cosecha de excedente de forrajes, conservados como heno, ensilaje o cultivos forrajeros y ocasionalmente algún insumo comprado.

El forraje producido por las praderas es el insumo principal de la producción de carne ovina. El aporte de la tecnología ha sido enorme, tanto en su producción, como para mejorar la eficiencia de su utilización.

Con la fertilización de los suelos y la siembra de praderas, se ha aumentado considerablemente la producción de forraje.

En la zona sur, desde 2-3 toneladas de materia seca por hectárea, hasta más de 15 toneladas. Así  la capacidad potencial de sustentación o carga animal ha subido desde 3 a más de 20 ovejas por hectárea, con sus respectivas crías.

En el secano de la zona central y centro sur, el incremento ha sido desde 0,8-1 toneladas de materia seca por hectárea a 8 toneladas por hectárea, incrementando la capacidad de carga desde 0,8-1 oveja/ha a 6 ovejas /ha.

En resumen, la tecnología ha permitido aumentar, potencialmente, la productividad del suelo en al menos 5-7 veces en la zona sur y también en el secano.

 La inversión para lograr este salto productivo es significativa, principalmente en fertilizantes, pero muy inferior al valor de la tierra, por lo que se ha transformado en la forma más eficiente de aumentar el tamaño de las explotaciones ganaderas. Así, mejorando sus praderas,  un pequeño productor se puede transformar en un productor de tamaño mediano  y uno mediano en uno grande, al menos ese es su potencial si contara con el apoyo financiero y tecnológico.

Otro aspecto fundamental, donde la tecnología ha hecho un aporte muy significativo, es en el manejo, utilización de praderas y conservación de forrajes.

Aquí sin duda la herramienta más importante ha sido el uso del cerco eléctrico, que permite un apotreramiento adecuado a bajo costo y le da una gran flexibilidad al manejo de praderas y ganado.

 También ha sido muy importante el aporte de la tecnología de distribución de agua potable, por medio de mangueras o cañerías de bajo costo, para abastecer bebederos con flotadores y así mantener permanentemente al ganado bien abastecido de agua, en cada potrero, en los lugares  estratégicos. Incluso ya se utilizan bombas de agua impulsadas por energía solar.

Un adecuado abastecimiento de agua potable permite aumentar hasta en un 30% la eficiencia de utilización del forraje. El consumo de agua por parte de una oveja es muy fluctuante, dependiendo del tipo de alimento que consumen y del clima. En invierno, al haber bajas temperaturas y disponer de alimento suculento, la oveja consume aproximadamente 0,5 lt. de agua diariamente, mientras que en verano con temperaturas altas, cerca de 30 grados y forraje totalmente seco, el consumo está sobre los 7 lt. por día en el secano de la zona central.

La conservación de forrajes también ha tenido grandes avances con la introducción de cultivos forrajeros, ya sea para cosecha mecanizada o para consumo directo. En este tema es notable el avance hacia la zona sur de la alfalfa y del maíz, especies forrajeras ideales para conservar forraje. Hace no tanto tiempo atrás, dichos cultivos eran imposibles en el sur, al no disponer de la tecnología adecuada.  Recientemente se ha popularizado con gran rapidez el uso de ensilaje en bolsas de polietileno , “bolos”, que se pueden almacenar en el mismo potrero e incluso permiten su traslado y comercialización.

GENETICA:

Es el tema tecnológico que más discusiones ha generado y sigue generando, no sólo en Chile, sino también en países que están a la vanguardia en producción ovina.

El mejor ejemplo para ilustrar los errores que se cometen y el costo que ellos significan, es el caso de Nueva Zelandia, sin duda uno de los principales líderes mundiales en tecnología ovina.

Nueva Zelandia se destacó desde hace más de 100 años por la excelencia de sus praderas y de los adelantos tecnológicos,  desarrollados por ellos mismos, para su mejoramiento.  Por algo toda la ganadería de ese país se basa en la utilización de praderas, siendo una ganadería netamente pastoríl. Gracias a su eficiencia y a pesar de ser un país pequeño, son los principales exportadores de carne ovina y de leche. Inventaron el cerco eléctrico y el uso de aviones para la siembra y aplicación de fertilizantes en los lomajes y  cerros.

Sin embargo, ya en los años 70 llegaron al techo, tanto en la producción como en la eficiencia de utilización de sus praderas. Allí empezaron los primeros problemas para muchos productores ovinos, que con la declinación de los precios no fueron capaces de obtener la  utilidad esperada.

En ese entonces Nueva Zelandia tenía una población de 70 millones de ovinos. Más del 90% de las ovejas eran de la raza Romney, que  se cruzaban con carneros  South Down  para producir corderos de exportación. La producción por oveja era de 1 cordero destetado, con 26 kilos de peso vivo. En las mejores praderas se mantenían 15 ovejas/ha, produciendo 390 kilos de peso vivo/ha.

El gran problema,  no  detectado por muchos años, fue la utilización de genética de baja eficiencia productiva, que no permitía expresar en dinero la excelencia de las praderas y su manejo.

Los productores de punta tenían planteles de Pedigree, con registros genealógicos que se remontaban a casi 100 años. Sólo se registraba el parentesco, pero no los parámetros productivos. La selección se hacía por línea de Pedigree y por apariencia física, no por producciones medibles.

A mediados de los años 60, el Profesor Sir Ian Coop, comenzó su trabajo de cruzar el Romney con Border Leicester, junto con un estricto programa de selección, para aumentar la cantidad de mellizos producidos. Tuvo que luchar muchos años con los Planteles de Pedigree, que no valoraron  este nuevo avance tecnológico y despectivamente  catalogaron  a la raza resultante, Coopworth, como “mestiza”.

Este Coopwoorth producía un 50% más de corderos destetados por oveja, mejoría lograda principalmente por haber cruzado dos razas complementarias y en mucho menor medida a la selección y vigor híbrido.

 Un trabajo de mucho mayor impacto fue el realizado por el Dr. Jock Allison, a comienzo de los años 90, al introducir al conservador escenario racial de Nueva Zelandia, las razas Finnish Landrace, Texel y East Friesian. Sin embargo, lo más importante fue introducir el concepto de formación de nuevas razas o compuestos, basado en los descubrimientos de los norteamericanos en CLAY CENTER, Nebraska, en los años 60.   Ahora quedaba claro que los registros genealógicos  basados en el Pedigree, sin antecedentes productivos, no tenían mayor valor.

En los años 90 la situación de los productores ovinos de Nueva Zelandia era tan mala, que el inventario nacional se había reducido a sólo 30 millones de ovejas y muchos cientos de productores habían vendido sus campos.

A pesar de la férrea oposición de los planteles de Pedigree productores de genética tradicional, preferentemente Romney, el esfuerzo del Dr. Allison fructificó y en sólo 15 años, el promedio nacional de las ovejas en Nueva Zelandia subió a 1,4  corderos destetados, con más de 37 kilos de peso vivo por cordero. Los productores con buenas praderas ahora producen  algo más de 900 kilos de cordero/ha.

Hoy día, gracias al cambio genético generalizado, tanto por la aparición de nuevas razas, como por un fuerte proceso de selección por resultados, Nueva Zelandia, con 30 millones de ovejas produce casi la misma cantidad de carne de cordero que cuando tenía 70 millones de ovejas. Lamentablemente para ellos, han llegado a un nuevo techo, pues en el corto plazo no hay tecnologías disponibles para seguir aumentando la eficiencia de sus ovejas, ni la producción de sus praderas. Tampoco hay nuevos terrenos de baja producción que mejorar. El aumento de los costos vuelve a transformarse en una amenaza para estos productores.

Su próxima meta será producir corderos pesados, de sobre 25 kg de canal. Para ello deberán volver a cambar su genética, introduciendo germoplasma que favorezca la producción de leche de la oveja y el carácter magro de las crías.  El proceso de cambio se permanente como en todas las industrias y a la larga los consumidores terminan recibiendo productos de mucho mejor calidad y a un precio más conveniente.

Paralelamente  los científicos en Nueva Zelandia ya trabajan para aumentar la eficiencia reproductiva de la oveja, con avances anuales de 3 a 4%, mientras que los genetistas forrajeros aumentan en  3% anual  la productividad de las nuevas forrajeras que saldrán al mercado en los próximos años.

EN CHILE:

El desconcierto sobre que raza utilizar es muy grande entre los profesionales y con mayor razón entre los productores que reciben de cada profesional una opinión distinta.

Se recomiendan razas, sin haber definido primero cuales son los objetivos de mayor impacto para el productor.

Por ejemplo se recomienda mucho utilizar carneros Texel. Si el objetivo principal fuera mejorar la calidad del cordero con animales magros y de mejor conformación, la recomendación estaría correcta. Sin embargo, para el productor, lejos la primera prioridad, es aumentar el número de corderos destetados por oveja encastada.

 Esto no se logra con el Texel. Al contrario, la mayor parte de las líneas Texel  son utilizadas sólo, como cruzamiento terminal, donde todas las crías hembras van a matadero. La razón es su baja tasa de prolificidad, pues produce muy pocos mellizos. De esa forma es imposible aumentar la masa de un productor. Si dejara hembras de esta cruza para su reproducción, obtendría cada vez menos corderos, al ir reemplazando cada año una parte de su rebaño por un ganado poco prolífico.

Esta recomendación de usar Texel es muy buena para mejorar la calidad de los corderos, factor que en Chile hoy día, casi no se valora ni paga. En nueva Zelandia la principal raza de carneros para cruzamientos terminales es el Texel.

Otro ejemplo es la recomendación de usar Suffolk, por su gran popularidad. Se olvidan que en el país es una raza poco prolífica y que los corderos se engrasan a los 30 kilos de peso vivo. Si se utilizara estas ovejas, aún en praderas de muy alta productividad, no sería un  negocio rentable, por la baja cantidad de corderos producidos y la limitación en su peso de faenamiento.

La recomendación más curiosa es utilizar el Dorset en la zona sur, para tener un ciclo sexual amplio y así producir 1,5 o  en algunos casos hasta dos partos al año. En primer lugar por la latitud geográfica, las razas de ciclo amplio, sólo expresan parcialmente esta característica. Adicionalmente no es recomendable pasar directamente de un manejo prácticamente extensivo, con un parto al año y un solo cordero destetado por oveja, a otro manejo muy intensivo, con más de un parto anual. Primero hay que dominar el manejo reproductivo y nutricional del rebaño, produciendo en un parto una proporción importante de mellizos. Sin la adecuada nutrición, el fracaso de tener partos frecuentes está garantizado.

Otros factores no considerados en esta recomendación es la poca prolificidad de los Dorset y su tendencia a engrasarse cuando sobrepasan los 35 kilos de peso vivo, por lo que su productividad es menor.

Un factor muy importante, que recién se está teniendo en cuenta en el extranjero, es la precocidad sexual, donde con encastes a los 7 meses de edad, las hembras producen un cordero cuando recién cumplen un año. Este es un cordero adicional en su vida productiva, no afecta su posterior desempeño y los corderos son muy similares a los de ovejas adultas.

 Como esta categoría de hembras representa la clase más numerosa del inventario, muchas veces sobre el 25%, el lograr en promedio un cordero significa aumentar el porcentaje de parición del predio en forma muy importante y prácticamente sin ningún costo adicional.

En resumen, antes de recomendar una determinada genética, es necesario definir lo que se quiere obtener y como dicha genética cumple con los resultados esperados.

Los principales requerimientos son:

  1. Alta prolificidad, con al menos 1,5 corderos destetados por oveja adulta.
  2. Precocidad sexual, que permita obtener al menos 1 cordero destetado en borregas, cuando cumplan 1 año de edad, con encastes a los 7-8 meses de edad.
  3. Calidad carnicera del cordero, donde lo más importante es que sea magro y permita faenarlo, al menos con 45 kilos de peso vivo.
  4. Carne tierna, sabrosa y suave, sin olor.
  5. Buena proporción de músculos que den origen a chuletas grandes y piernas voluminosas.

 

 

 

GENÉTICA:  LA TECNOLOGÍA OLVIDADA EN LA PRODUCCIÓN OVINA DEL SUR DE CHILE


                                                                                                                                      Daniel Claro Mimica

                                                                                                                             Ing. Agrónomo M. Agri. Sci.

                                                                                                                                          GOLDENSHEEP LTDA

 

En general hoy día los suelos del sur de Chile tienen un alto valor comercial. Para poder sostener un negocio ovino rentable en ellos, deben cumplir con elevados estándares de calidad, para que los demás componentes del  sistema productivo puedan expresar todo el potencial que el rubro tiene con la tecnología moderna.

SUELO: Es la inversión más alta de toda explotación ganadera, representando sobre el 80% del capital total requerido.

La productividad del suelo, en el negocio ganadero, se expresa en el potencial del forraje que puede producir la pradera que soporta, medida en kilos de materia seca por hectárea.

En la zona sur, para que el suelo pueda sostener una ganadería rentable, debe tener las condiciones mínimas que requieren las praderas que exigen las praderas de alta productividad. Estas condiciones mínimas son un buen drenaje; saturación de aluminio menor a 3%; pH sobre 5,8; fósforo superior a 15 ppm; azufre 20 ppm.  y potasio 200 ppm.

Las fallas más generalizadas de los suelos del sur son problemas de drenaje; altos niveles de acidez y saturación de aluminio, bajo contenido de fósforo y azufre.

Por eso, antes de mejorar las praderas es indispensable mejorar el suelo.  De otra forma la inversión en praderas productivas se pierde rápidamente y se produce un retorno a la cubierta de chépica y malezas que caracterizan a las praderas naturales de suelos pobres.

PRADERAS: Son la fuente de alimentación del ganado, mediante el pastoreo directo y  de forrajes conservados, ya sea como ensilaje o heno. Sólo en las lecherías de alta producción se utilizan concentrados.

En suelos de buena fertilidad el potencial de las praderas es de 10 a 15 ton de materia seca/ha/año.

La fertilidad del suelo es la base productiva y representa una elevada inversión. Sin embargo otros factores también son de máxima importancia, como las especies forrajeras que se establecen y las variedades de dichas especies.

Las especies clásicas están en la mezcla de trébol blanco asociado a ballicas perennes, que se adaptan en excelente forma al manejo ovino intensivo, con más de 80 años de éxito en países de clima y suelos similares a los de nuestro sur.

GENÉTICA DE FORRAJERAS:

Recientemente se han incorporado a esta mezcla o como cultivos suplementarios, dos nuevas especies, chicoria y plantago (siete venas), hierbas forrajeras, desarrolladas genéticamente en Nueva Zelandia a partir de malezas. Tienen una duración de hasta 4 años, pero aportan una gran producción de verano, aún bajo condiciones de sequía, gracias a sus profundas raíces.

Otras características de estas de estas nuevas forrajeras son el alto contenido de energía y minerales, que aumentan la producción diaria de leche o carne de 7 a 10%.

Por otra parte, las variedades modernas de forrajeras son muy superiores  a las con más de 10 años  de antigüedad, en producción de materia seca; resistencia a enfermedades y plagas; valor nutritivo. Esto debido al permanente trabajo genético de las empresas productoras de semillas, que logran un mejoramiento acumulado anual de 2 a 3% en promedio.

Este constante mejoramiento en productividad de las nuevas variedades de las forrajeras, hace necesario un recambio de praderas, al menos cada 10 años, para incorporar las variedades más recientes que pueden superar la productividad de las antiguas en 15 a 20%, lo que de por sí justifica plenamente el recambio.

Por suerte todas estas nuevas variedades llegan muy rápido a nuestro mercado, aunque muchos agricultores insisten en las antiguas variedades que conocen por más de 20 años.

A pesar de contar con las especies y variedades forrajeras de primer nivel, ese solo hecho no garantiza el éxito.

El manejo adecuado de los periodos de pastoreo; la altura de los residuos post-pastoreo; los rezagos y la fertilización de mantención, son  fundamentales para la sobrevivencia y alta producción de las praderas.

Con el buen manejo de praderas de alta productividad (10-15 ton materia seca/ha/año) se logra mantener 15 y hasta 20 ovejas/ha/año. Así se cumple con una parte muy importante de los requisitos para tener una alta eficiencia productiva con resultados económicos favorables.

GENETICA OVINA:  Junto al SUELO y PRADERAS, completa el trío de eslabones claves de la cadena productiva de la producción de carne ovina.

Es el factor más OLVIDADO, pues estamos acostumbrados a las razas tradicionales, las que en el rubro ovino, no solo son muy pocas en el sur de Chile, sino también tienen su productividad estancada desde hace más de 50 años. En todo este período no han sido mejoradas e incluso se han deteriorado.

Su producto principal, la carne de cordero, no cumple con las exigencias mínimas de calidad exigida por los consumidores.

Además sus bajos parámetros productivos tampoco satisfacen las necesidades económicas de los productores.

Ambos factores han producido en los últimos 50 años una reducción del inventario de ovinos del sur y centro sur, de al menos un 70%, a causa de los malos resultados económicos que originan.

En otros rubros ganaderos del sur han habido importantes cambios genéticos. Hace 30 años el Hereford era la raza más apreciada en producción de carne bovina, gracias a la rusticidad de sus vientres y a los novillos de menor edad que entregaban al mercado. Hoy día el Hereford ha sido sustituido masivamente por el Angus, que produce carne bovina de mejor calidad, gracias a su terneza, sabor y jugosidad.

La GENETICA OVINA MODERNA tiene dos atributos productivos de máxima importancia:

  1. CALIDAD DE LA CARNE: Gracias a que su grasa tiene mucho menor cobertura; mayor infiltración en la masa muscular y mejor composición de ácidos grasos, resultando en un producto sin olor a sebo, sabor suave, tierna y muy jugosa. Estas características hacen posible la producción del cordero pesado, con 45 a 55 kg de peso vivo a los 5 meses de edad, frente a los 35 kg a los 4 meses de las razas tradicionales.

  1. PROLIFICIDAD: Representa el número de corderos nacidos por oveja y que ya alcanza a sobre 1,5 corderos destetados por oveja en las razas modernas, en comparación con 1,1 corderos destetados de las razas tradicionales.

De esta forma, una oveja moderna es capaz de producir al menos 75 kg de corderos destetados, frente a los 40 kg de una oveja tradicional. Eso representa un aumento en la productividad de casi un 90% por oveja.

En general las razas más productivas tienden a ser de mayor tamaño y peso que las de menor producción. Por ello sus requerimientos nutricionales aumentan, a medida que aumenta su peso. De allí la importancia de analizar LA EFICIENCIA de conversión de alimento en carne, pues existe la creencia de que estas razas al consumir más alimento serían menos eficientes.

EFICIENCIA DE PRODUCCION:  Siendo el suelo el capital de mayor valor del negocio ovino, la producción de forraje y su conversión en carne, es fundamental para determinar los resultados económicos.

 No sólo se trata de producir más pasto, que solo es la materia prima para el producto final, la meta es aumentar la producción de carne por hectárea.

En este aspecto, el porcentaje de utilización del forraje producido es de gran importancia, dependiendo del manejo de las praderas y del ganado. En lecherías es difícil sobrepasar el 70% de utilización, mientras que en ovinos se llega hasta un 85%, dada su mayor flexibilidad en el manejo nutricional del rebaño de ovejas, durante el año.

La genética ovina es de elección del productor y determina en gran medida la eficiencia de conversión de pasto a carne, habiendo una gran diferencia a favor de las razas modernas.

 Las razas ovinas modernas  especializadas en producción de carne, en general, son de mayor tamaño que las tradicionales. El consumo de alimento de estas ovejas más pesadas es más elevado que el de ovejas más pequeñas, pero no son necesariamente menos eficientes.

En la zona sur la energía es la principal limitante de la alimentación del ganado, por eso la eficiencia con que se utiliza es un muy buen parámetro para medir la conversión del pasto en carne.

El consumo de energía de una oveja depende no solo de su tamaño sino también del número de corderos que produce. El consumo anual de energía, expresada en  Mega Joules de Energía Metabolizable (MJ EM) es el siguiente:

Oveja seca                                                                                3.775 MJ EM

Oveja con 1 cordero hasta 35 kg de peso vivo                    5.860 MJ EM

Oveja con 1,5 corderos hasta 35 kg de peso vivo                6.670 MJ EM   (+13%)

FUENTE: Elaborado en base a Nicol & Brook,2007 NZ Society  of Animal Production

Un rebaño  con genética moderna puede producir 1,5 corderos por oveja que comparado con 1,1 corderos de las razas tradicionales significa un 35% de aumento en la cantidad de corderos, con sólo un incremento en el costo energético de 13%.

Sin embargo, la mayor ventaja de las razas modernas al producir corderos magros, es la producción de corderos pesados, donde se expresa realmente la mayor eficiencia de conversión del forraje, gracias a la característica genética del tipo de cordero producido.

La energía consumida por una oveja moderna para producir en promedio 1,5 corderos anuales varía según el peso final del cordero.

1 oveja TRADICIONAL + 1,1 cordero de 35 kg peso vivo                       5.860  MJ EM

1 oveja + 1,5 corderos de 35 kg de peso vivo cada uno                          6.670  MJ EM

1 oveja + 1.5 corderos de 45 kg de peso vivo cada uno                          7.232  MJ EM

1 oveja + 1,5 corderos de 50 kg de peso vivo cada uno                          7.569  MJ EM

FUENTE: Elaborado en base a Nicol & Brook,2007 NZ Society  of Animal Production

En el caso del peso más alto (50 kg x 1,5 corderos), la producción por oveja es de 75 kg de peso vivo y su consumo de 7.569 MJ EM. La oveja tradicional produce 40 kg de cordero, con un consumo de 5.860 MJ EM.  Para un aumento  de 89% en la producción de  kilos de cordero por oveja, sólo se produce un aumento de 29% en el consumo energético aportado por el forraje.

En resumen las razas modernas no sólo producen más corderos de mayor peso, sino que son mucho más eficientes en la conversión de pasto en carne.

Hay muchos factores que determinan la rentabilidad de la ovejería moderna, pero el más olvidado de todos en nuestro país, es sin ninguna duda la genética, a pesar de su gran impacto.

 

 

EL CORDERO PESADO GANA TERRENO


                                                           Daniel Claro Mimica

                                                                                                                                   Ing. Agrónomo M.Agr.Sci

     GOLDENSHEEP LTDA

 

La industria ovina en EEUU siempre ha sido el pariente pobre de la ganadería. concentrándose en algunos estados del interior y muy especialmente en las reservaciones de  tribus indígenas. Hasta en las películas de vaqueros los ovejeros siempre fueron discriminados por los grandes ganaderos, relatando sin duda la realidad del rubro en los tiempos del lejano oeste.

Los norteamericanos nunca se han destacado entre los países productores ovinos, a diferencia de su indiscutido liderazgo mundial en la tecnología de producción de carne bovina.

Sin embargo, gracias a su pragmatismo y gran capacidad de innovar, han sido los pioneros en los dos principales adelantos genéticos que hoy día son fundamentales para la producción eficiente de carne ovina.

En primer lugar, a mediados del siglo pasado en la Estación Experimental de Clay Center, Nebraska, descubrieron que las leyes genéticas de Mendel, con su natural dispersión en los cruzamientos, no aplicaban para los principales factores productivos de reproducción, ganancia de de peso etc., sino que dichos parámetros se rigen por la genética aditiva. Con ello, al hacer cruzamientos entre 4 razas, dieron origen al Polipay, la primera raza compuesta ovina, de muy rápida estabilización genética y cuyos principios técnicos revolucionaron al rubro  en Australia y Nueva Zelandia 40 años más tarde.

El otro aporte fundamental ha sido el concepto de producir corderos pesados, para lo cual es indispensable la característica de presentar carne magra. Así los corderos en EEUU se faenan con 80-90 kg de peso vivo a los 11 meses de edad, luego de un proceso de engorda a feedlot.

Determinaron que el carácter magro está asociado, en términos generales, al tamaño del peso adulto del animal. Mientras mayor sea el peso adulto, más se demora durante su etapa de crecimiento en depositar grasa y por ende se pueden faenar a una edad y peso mayor sin sobreengrasarse.

Lentamente los líderes mundiales del mercado ovino han ido reconociendo estos dos grandes descubrimientos de los norteamericanos. En el caso de la carne, en Nueva Zelandia por 60 años produjeron corderos de 12 kg vara. En los últimos 20 años, gracias al cambio genético y a la presión económica, han aumentado a 19 kg vara el peso promedio de sus corderos. Lejos aún de los 30 a 40 kg vara de los corderos producidos en USA. Para continuar aumentando el peso de faenamiento de sus corderos, en Nueva Zelandia, deberán volver a modificar su genética para reforzar dos factores fundamentales, por un lado la producción de leche de las ovejas, a fin de obtener un peso al destete mucho más elevado que el actual y por otro aumentar el factor magro a un mayor nivel que el actual.

Tal como hemos definido hace ya un buen tiempo, en nuestra política de producción de corderos, la apuesta de volcarse al CORDERO PESADO se está imponiendo cada vez con más fuerza en los países líderes del rubro.

Nuestros estudios técnicos indican que el cordero pesado, en el rango de 45-50 kg de peso vivo, es la forma más eficiente de producir corderos para el sur de Chile, aprovechando el periodo de primavera-verano-otoño, que acumula más del 80% e la producción anual de las praderas.

  Para ello es indispensable contar con la genética que garantice la obtención de carne magra y praderas de excelencia para que la ganancia de peso de los corderos sea muy alta, y así  puedan alcanzar esta meta a una edad temprana, 5 a 6 meses de vida, antes de la presencia del invierno donde es muy difícil obtener ganancias de peso.

La época del año más propicia para el crecimiento y desarrollo de los corderos en el sur, está comprendida entre mediados de Septiembre y fin de Marzo, periodo donde se dispone del máximo crecimiento de las praderas además de un alto valor nutritivo, donde el contenido de energía del alimento es fundamental, puesto que normalmente el nivel de proteína está sobre el mínimo requerido.

Podemos distinguir dos etapas en el proceso del desarrollo del cordero. La primera corresponde a la lactancia y luego la engorda.

LACTANCIA:

Comprende desde el nacimiento hasta el destete. Tiene dos fases bien definidas:

  1. Desde el nacimiento hasta los dos meses de edad, periodo donde la leche es el alimento principal del cordero, aportando el 90% de sus requerimientos nutricionales en promedio. Este periodo coincide con los máximos requerimientos de la oveja, que hasta cuadriplica sus requerimientos nutricionales básicos. Por ello el manejo animal la hace coincidir con el máximo crecimiento de las praderas en plena primavera.

A pesar de contar con forraje muy abundante el costo de la lactancia es tan importante para  las ovejas de alto nivel productivo que no son capaces de consumir todo el alimento requerido, aunque haya una gran abundancia de pasto. Deben recurrir a sus reservas corporales de grasa para mantener un alto volumen de producción láctea, por lo que bajan de peso.

  1. La segunda fase se caracteriza por la declinación de la producción de leche y el aumento rápido del consumo de pasto por parte del cordero, que rápidamente pasa de ser monogástrico a rumiante. Casi todas las razas ovinas tienen una lactancia corta, con un máximo de 90 días de duración.  Las razas lecheras como la East Friesian o Milchshaf tienen lactancias superiores a los 180 días.

El destete se programa según la disponibilidad de leche de la oveja y de pasto para alimentar a los corderos destetados. En la producción de corderos de hasta 35 kg. de peso vivo el término de la lactancia de las ovejas coincide con el peso de faenamiento de los corderos y van directamente al matadero, sin un período de engorda.

En el caso de los corderos pesados, con metas de 45-50 kg o más, se requiere un periodo de engorda para completar el proceso productivo

DESTETE Y ENGORDA:

Los corderos provenientes de genética con participación de la raza East Friesian , nacidos a fin de Septiembre, en el sur de Chile, ya  pueden alcanzar un peso de 40 kg a fin de Enero, a una edad cercana a los 4 meses, oportunidad en que son destetados. Si además poseen genética magra pueden continuar su ciclo productivo pasando a la etapa de engorda.

Para ello se deben  alimentar en praderas de muy alta calidad, pues sus exigencias nutricionales son muy elevadas, particularmente en forrajes de alta energía y digestibilidad. Así se asegura un alto consumo de nutrientes, para que su desarrollo no se vea afectado.

Por eso se requiere que las praderas tengan alta digestibilidad, nivel proteico superior a 13 % de proteína y sobre todo, un alto nivel de energía, sobre 2,75 M.cal de Energía Metabolizable por kg de materia seca.

El cumplimiento  de estos requerimientos nutricionales por parte del forraje, no es fácil si no se cuenta con una pradera adecuada. Las ballicas en el verano entran en un periodo de maduración natural, emitiendo espigas, seguido de un periodo de latencia productiva. No solo se detiene momentáneamente su crecimiento, sino que baja notablemente su calidad nutritiva, su digestibilidad y valor proteico.

Sólo el trébol es capaz de tener buen desarrollo en el verano con un alto contenido de energía y proteína, requerimientos indispensables para que los corderos ganen peso a elevadas tasas sobre los 0,3 kg por día.. También cumplen con este requisito las hierbas forrajeras: chicoria y siete venas.

Otras opciones para la engorda estival de corderos son el uso de cultivos forrajeros suplementarios como raps; raps asociado a trébol rosado, o trébol rosado-siete venas y/o chicoria.

El proceso de engorda es la etapa de mayor rentabilidad en el ciclo productivo ovino, similar al caso de los bovinos de carne, pues en este caso el costo adicional en tiempo y en recursos es muy marginal, de modo que prácticamente todos los kilos ganados son utilidad neta.

Hoy día prácticamente no hay engordas de corderos en el país, principalmente por no disponer de la genética magra y también por no contar con las praderas de alta calidad.

En la siguiente tabla se indica el peso óptimo de faenamiento para los corderos provenientes de razas magras, o donde uno de sus padres posee genéticamente dicho carácter

 

PESO OPTIMO DE FAENAMIENTO DE CORDEROS SEGÚN TAMAÑO DE SUS PADRES

tabla pesos

La tabla está confeccionada en base a promediar el peso adulto de la oveja  con el peso adulto del carnero de las razas progenitoras, multiplicando dicho resultado por 0,7. Dicha cifra indica el peso optimo de faenamiento de las crías, según su desarrollo fisiológico, antes de comenzar la etapa del desarrollo donde depositan grasa. Esta tabla no aplica para razas no magras.

En el caso de la raza Goldensheep donde la oveja tiene un peso promedio 70 kg y el carnero 110, el peso recomendado para el faenamiento sería de 63 kg. Si se sobrepasa el peso recomendado se corre el serio riesgo de producir canales engrasadas.

MERCADO:

Afortunadamente nuestro mercado y la Planta Faenadora del sur, han asumido que el futuro de la producción de corderos del sur pasa necesariamente por el cordero pesado, siendo lo más conveniente, no sólo para los productores, sino también para el proceso de industrialización de la carne y en forma muy especial para el consumidor final.

Esta realidad ha costado mucho en ser aceptada en países líderes del rubro ovino como lo es Nueva Zelandia, que se ha caracterizado, no solo por sus innovaciones científicas en favor de la producción ovina, sino también por tener una mentalidad profundamente conservadora en la composición racial de sus rebaños.

Luego de casi 100 años, donde el cordero liviano de 27 kg de peso vivo y 12 kg de canal, basada en la oveja Romney era el estándar del cordero de calidad. Sobre ese peso no se podía comercializar por acumular una gran cantidad de grasa. El aumento acumulativo de los costos de producción hicieron muy poco competitiva a la industria ovina de Nueva Zelandia que en 25 años bajó su inventario de 70 a 35 millones, sobreviviendo solo los productores de mayor tamaño y eficiencia.

Luego a mediados de los años 90 introdujeron nueva genética proveniente de Europa, encabezada por las razas East Friesian y Texel, que  en sus cruzas con el tradicional Romney y gracias a ser magras, permitieron la producción de corderos más pesados, pero aún con un fuerte componente Romney.

Se estableció un nuevo estándar donde el peso de la canal promedio llegó a 17,5 kg. Todavía el Romney, mejorado por selección, domina el inventario, pero cada vez va disminuyendo su impacto con el crecimiento de nuevas razas compuestas, donde el Romney forma parte de ellas como  un componente cada vez menor.  Incluso este  nuevo estándar de 17.5 kg promedio, con un tope de 22 kg para las canales de cordero, se ha ido quedando estrecho ante la permanente lucha de los productores contra el aumento de costos y el aumento de las razas modernas que son mucho más magras incluso que el Romney mejorado.

Lentamente y a razón de 0.3 kg por temporada, se ha ido incrementando el peso promedio de las canales, gracias a que cumplen con el requisito básico de ser magras. Hoy día el peso promedio de las canales de cordero de Nueva Zelandia ha subido a 20 kg y seguirá subiendo.

La industria ovina de Nueva Zelandia tuvo que adecuar sus parámetros de calidad y precios, primero con el cambio de 12 kg a 17.5 kg de peso de canales, eliminando el castigo anterior que pesaba sobre varas de sobre 13 kg., estableciendo una nueva escala  con un tope de 22 kg.  que es el adecuado para su actual genética.

La realidad del mercado y el gusto de los consumidores hace cambiar las exigencias para la cadena productiva. El piso para el mercado de USA y Europa del Norte es de 22 kg vara de carne magra. Muy pronto en Nueva Zelandia deberán cambiar sus normas para promover canales que superen los 22 kg de hoy día.

PRECIO VARA NETO A PRODUCTOR NZ Diciembre 2014
Kg  vara $NZ cordero $NZ/ kg $US/kg $ CH/kg
13 51,73 3,98 2,97 1.869,16
15 88,39 5,89 4,39 2.767,95
17 103,13 6,07 4,52 2.849,59
19 111,62 5,87 4,38 2.759,53
21 122,95 5,85 4,37 2.750,15
FUENTE:  Elaborado en base a Agri HQ-SB report December 2014
1 $US = 0,7456 $ NZ
1 $US = $ 630

Hoy día el precio vara para los productores de corderos en Nueva Zelandia no ofrece mayores diferencias entre los 15 y 21 kg, rango donde se concentra toda la producción. Sin embargo, se establece un fuerte castigo para el que fuera su producto estrella hace 30 años atrás, el cordero de 13 kg vara.

La razón no sólo es por la eficiencia de la cadena productiva, que ha eliminado esta opción, sino porque la demanda de este cordero liviano se ha ido reduciendo a gran velocidad y hoy día sólo se mantiene en los países europeos del área mediterránea, que además concentra la pobreza del continente.

En el futuro cercano, la presión de los productores por producir corderos más pesados y de los mercados que prefieren este tipo de corderos, hará que el poder comprador de las plantas procesadoras en Nueva Zelandia eliminen el castigo para los corderos pesados, donde los productores previamente deberán introducir nuevas modificaciones a sus componentes genéticos para fortalecer el componente magro de las canales a pesos cada vez mayores..

LAS PRADERAS EN LA PRODUCCIÓN OVINA DE LA ZONA SUR


 

                                                                                                                                         Daniel Claro Mimica

                                                                                                                                Ing. Agrónomo M.Agr.Sci.

                                                                                                                                   daniel@goldensheep.cl

 

Es indiscutible la importancia que tiene la pradera en la alimentación del ganado, en particular en regiones que cuentan con condiciones privilegiadas para la producción de forraje.

Tal es el caso de países líderes en la producción animal en base a pradera, como lo es Nueva Zelandia.  Allí se han desarrollado  modelos de producción que maximizan el uso del pasto  como el alimento natural de ovinos y bovinos.

Para ello desde hace más de 50 años se han dedicado al estudio de la relación pradera- ganado, desarrollando nuevas tecnologías para aumentar la producción y utilización de la pradera.  Se destaca la invención del cerco eléctrico, que marcó un hito mundial para la utilización eficiente del forraje producido.

También dedican un enorme esfuerzo al estudio de especies forrajeras y en particular al mejoramiento genético de ellas, donde la aparición constante de nuevas variedades aumenta en forma muy significativa la producción de forraje, la calidad nutricional y las características agronómicas de cada nueva variedad que sale al mercado.}

El avance genético produce un aumento de la productividad del orden de 1,5 a 2% al año. En términos prácticos significa que una variedad que hoy día sale al mercado, supera en hasta un 20% en productividad a otra variedad de la misma especie forrajera que salió al mercado hace solo 10 años atrás.

El manejo del ganado y de las praderas para maximizar la eficiencia productiva es fundamental, donde en el caso de los ovinos, en años recientes, ha cobrado gran importancia la eficiencia productiva de la oveja propiamente tal.

Aquí se han encontrado grandes diferencias de eficiencia en la conversión del pasto a carne, entre diferentes genéticas ovinas. Las razas con mayor prolificidad, magras y con alta producción de leche que conduzcan a obtener corderos pesados, son las más eficientes.

La razón es muy simple, el mayor costo productivo  por cabeza de ganado es la mantención de una oveja madre todo un año. El costo energético de producir un kg de grasa es 3 veces mayor al de producir músculo, de modo que la producción de corderos magros no solo satisface lo que el consumidor pide, sino también hace más eficiente la conversión de pasto en carne.

 Por lo tanto mientras más corderos produzca y mayor sea el peso de estos a su venta, aumenta la eficiencia.  Hoy día se trata que la producción de corderos de una oveja sea similar o mayor al peso vivo de la propia oveja.

 

CLIMA:

Es un factor de mucha importancia para la producción de forraje, donde las regiones del sur, representadas por la IX; X; XIV tienen condiciones privilegiadas para la producción de las praderas bajo condiciones de secano.  Estas regiones se caracterizan por su clima templado con precipitaciones anuales que fluctúan entre 800 y 2000 mm, concentrados en invierno, pero con un déficit periódico en el verano, particularmente en las zonas costeras.

La interacción clima – suelo produce importantes diferencias en la producción de forraje, no solo en la cantidad de forraje producido sino también en su distribución estacional.

En suelos de buena fertilidad y con praderas de Trébol Blanco-Ballicas se han obtenido las siguientes producciones de forraje.

 PRODUCCIÓN ANUAL DE PRADERAS TREBOL BLANCO-BALLICAS SEGÚN CLIMA Y SUELOS
                       X REGION DE LOS LAGOS    
LLANO CENTRAL PRECORDILLERA COSTA ÑADI
% % % %
VERANO 18 22 13 19
OTOÑO 16 19 15 21
INVIERNO 8 6 12 6
PRIMAVERA 58 53 59 54
Materia Seca Ton/Ha 13,98 13,37 12,87 12,20
Fuente: Watts,2008 Manual de especies forrajeras y manejo pastoreo

 

Por supuesto que la curva de distribución del forraje producido presenta una enorme variabilidad entre años, entre zonas productivas y dentro de una misma zona.  También entre predios, en este caso debido al manejo, fertilización y forrajeras presentes.

El clima no se puede manejar a nivel de la producción animal, por ocuparse grandes extensiones de terreno. La excepción es el uso del riego pero en forma muy limitada, pues la ganadería no compite por el uso del agua con otras actividades agrícolas, como la fruticultura o producción de hortalizas.

Sin embargo hay que acomodar el modelo productivo ganadero al clima con las variables que si podemos manejar, como ser la fecha de las pariciones, que es la principal herramienta para ajustar la curva de requerimientos del ganado con la curva de producción de forraje.

El uso de mezclas forrajeras también nos ayuda a una mejor adaptación de nuestro sistema productivo al clima. Es sabido que las gramíneas tienen un moderado crecimiento otoñal, bajo en invierno y muy abundante en primavera, pero con una marcada disminución en verano por entrar en su fase reproductiva y posterior latencia. Por otra parte el trébol blanco tiene un hábito de crecimiento distinto, concentrando su crecimiento en primavera y verano. Esa es la fórmula forrajera clásica de las praderas de Nueva Zelandia para un clima muy similar al de nuestra zona sur.

La conservación de forrajes y el uso de cultivos forrajeros, son otra forma de adaptarnos a las condiciones climáticas limitantes para la producción de forraje. Con estos medios trasladamos parte del excedente de producción primaveral a la época invernal y con los cultivos forrajeros producimos y acumulamos alimento en periodos donde el crecimiento de las praderas es casi nulo.

SUELO:

Es el sustento natural de las praderas, presentando  una muy alta correlación de su fertilidad  y  limitaciones físicas con la productividad de las praderas.

Las principales restricciones para la producción de las praderas en la zona sur corresponden al factor suelo. La baja concentración de fósforo, agravada por una alta acidez y concentración de aluminio, restringe fuertemente el potencial productivo, al impedir la presencia de especies forrajeras nobles de alto rendimiento, siendo la principal limitante para la productividad de las praderas.

El primer factor que hay que corregir es la acidez del suelo, mediante fuertes aplicaciones de cal, para ir subiendo el pH. La cantidad aplicar es muy variable y depende fundamentalmente del nivel de pH actual del suelo. Mientras no se corrija el pH, la aplicación de fósforo tiene una baja respuesta, pues su disponibilidad se bloquea por el alto nivel de aluminio.

El pH óptimo para las praderas de alto rendimiento es 5,8 pero alcanzarlo no es tan fácil debido al elevado costo de la enmienda. En algunos suelos se requeriría unas 8 toneladas de cal, cuando el nivel inicial bordea el pH 5.  Esa enmienda tiene un costo solo en el producto de aproximadamente $65.000 por tonelada.  Cuando el pH es muy bajo, lo ideal es incorporar la cal mediante cultivos, de modo de poder aplicar 3 a 4 toneladas durante las labores de preparación de suelo. Posteriormente al aplicar sobre praderas establecidas la dosis máxima recomendable es de 2 toneladas en cobertera o al voleo. Cantidades mayores producen una costra impermeable que dificulta la infiltración del agua en el suelo.

Cuando se requiere acelerar el proceso de enmienda del pH se puede aplicar cal 2 veces al año sobre la pradera. Estas aplicaciones son bastante engorrosas por los elevados volúmenes y porque el producto viene en la forma de un polvo muy fino, por lo que no se puede aplicar con viento e incluso en días de calma  hay bastante deriva de la nube de polvo.  Recientemente está disponible en el mercado local cal liquida que se aplica con el equipo fumigador de herbicidas. Tiene la gran ventaja de la facilidad de su aplicación; no hay pérdida de producto por arrastre; se puede utilizar la pradera en forma inmediata, mientras que con la cal solida es necesario que el producto se disuelva e infiltre con una lluvia. La concentración del producto es bastante alta pues 20 litros equivalen a 1000 kg de cal solida.

Para la corrección del nivel de fósforo se utiliza frecuentemente la roca fosfórica, que funciona muy bien en suelos ácidos. El fósforo tiene poca movilidad en el suelo, por eso se recomienda aplicar la mayor cantidad posible incorporándolo  con las labores de un cultivo.

La cantidad de fósforo a aplicar depende del nivel inicial del suelo, pero generalmente fluctúa entre 700 y 1000 kg de P2O5 /ha, lo que significa un elevado costo cercano a $ 700.000/ha. De allí la importancia de corregir la acidez del suelo para que el fósforo aplicado esté disponible para las plantas y no sea inmovilizado por el exceso de Al.

cordero empastada

ESPECIES FORRAJERAS:

En el sur la mayor parte de la superficie utilizada en ganadería corresponde a praderas naturales, donde la “chépica” (Agrostis tenuis), acompañada de varias malezas representa el principal componente.

La fertilidad del suelo determina el  techo productivo del sistema de producción, mediante las especies forrajeras que puede  mantener. Esta característica es modificable por el hombre y constituye los cimientos de todo sistema de producción de forraje.

Los  suelos pobres representan la inmensa mayoría de la superficie de la zona sur. La característica más generalizada  es su elevada acidez, con pH cercano a 5 e incluso menor y con niveles de fósforo de 5 ppm de P2O5 o inferiores.

Solo se adapta a estos bajos niveles de fertilidad la chépica, que es una especie rústica que crece en forma natural y que soporta muy bien la acidez, toxicidad por aluminio y los bajos niveles de fósforo.

Sin embargo su productividad es muy baja, con solo 2 a 3 toneladas de materia seca/ha/año. Adicionalmente la calidad del forraje producido es baja. Su crecimiento se concentra en primavera y algo en otoño. En verano crece muy poco y en invierno no tiene crecimiento.

Con estas características productivas la capacidad talajera con ovinos difícilmente alcanza a 3 ovejas/ha/año.

Con el elevado valor actual de la tierra estas  limitantes, dadas por el suelo y pradera, hacen inviable la producción ganadera de mercado, permitiendo solo la producción de subsistencia con un fuerte apoyo y subsidio de INDAP.

Los suelos ñadi sin obras de drenaje solo permiten especies muy rusticas como la chépica, pero impiden la persistencia de especies mas nobles y productivas que son muy sensibles a esta restricción.

Suelos con un nivel mayor de fertilidad tienen un pH entre 5,2 y 5,5 y la concentración de fósforo está cercana a 8 ppm de P2O5.

Estas características permiten la existencia de especies forrajeras más productivas como el “pasto dulce”  (Holcus lanatus) y el “pasto ovillo” (Dactylis glomerata), con algunos tréboles naturalizados. Su productividad está en el rango de 6 a 8 toneladas de materia seca/ha/año.

La calidad de este forraje es superior al de la chépica y la temporada de crecimiento es más amplia. Permite mantener de 8 a 10 ovejas/ha/año.

Para pasar a niveles de productividad  mayor, que son factibles con las condiciones climáticas del sur, los suelos deben tener un pH superior a 5,6 y una concentración de fósforo mínima de 15 ppm de P2O5/ha. Estas características no se dan en forma natural y la fertilidad debe ser construida con la aplicación de fertilizantes.  Aquí juega un rol fundamental el contar con un análisis de suelos, ojalá para cada potrero, a objeto de saber que y cuánto fertilizante aplicar.

Solo en suelos con pH 5,6 o superior y niveles de fósforo de 15 ppm de P2O5 es posible establecer praderas de alto nivel productivo, como la mezcla de ballicas perennes (Lolium perenne) y trébol blanco (Trifolium repens). Estas especies también requieren un buen drenaje, pues de otra forma no persisten y desaparecen rápidamente.

Con suelos de estas características es posible tener praderas de 12 a 15 ton de materia seca/ha/año que permiten una carga de 15  a 20 ovejas/ha/año.  Para llegar a estas praderas de elevados niveles productivos se requiere una importante inversión en la enmienda de suelos para aumentar su fertilidad, elevar el pH y neutralizar el exceso de aluminio. En algunos casos puntuales se requiere aplicar K y Mg.

La inversión en la enmienda de suelos es muy variable, pues depende del estado actual del suelo de cada potrero y puede representar el 80% de la inversión requerida para tener praderas de calidad, mientras que el establecimiento o siembra de la pradera propiamente tal representa el 20% de la inversión total.

Cuando ya se tiene el suelo adecuado, el próximo factor importante es determinar las especies forrajeras  más adecuadas y en forma muy particular, las variedades de la especie. Este factor hoy día es fundamental dado el impresionante avance logrado con el mejoramiento genético de las forrajeras, que siguen perfeccionándose en forma acelerada incorporando resistencia a enfermedades, plagas (factor AR); valor nutritivo (ballicas de alto contenido de azúcar), etapa de floración retrasada (ballicas) etc.

En cuanto a las especies la fórmula de trébol blanco-ballica perenne utilizada en Nueva Zelandia desde hace más de 100 años es en términos generales la más recomendable para suelos mejorados de la zona sur.

Recientemente se han introducido al país dos especies, que debido a su mejoramiento genético realizado en Nueva Zelandia, pasaron desde su condición de malezas a la categoría de forrajeras de primer nivel. Se trata de la “chicoria” (Cichorium intybus) y del “siete venas” (Plantago lanceolata), especies que se caracterizan por su gran masa radicular que les permite utilizar un gran volumen de suelo, tanto para extraer nutrientes desde zonas donde las pequeñas raíces del trébol y ballicas no llegan y principalmente para utilizar en periodos de sequía, la humedad del suelo acumulada en este gran volumen de suelo.

Por estas características tienen una gran productividad durante el verano con una enorme ventaja frente a las forrajeras tradicionales. Normalmente no sufren los efectos de la sequía estival. Adicionalmente otra gran ventaja es su elevada concentración de energía  (3 Mcal de energía metabolizable/kg de materia seca, frente a 2,7 de las ballicas). Esta característica permite que con igual consumo  de forraje se obtenga una mayor productividad de 10% en el ganado que las utiliza.

FERTILIZACIÓN DE MANTENCIÓN: 

Una vez que los suelos alcanzan mediante enmiendas el nivel de fertilidad requerido para el establecimiento y persistencia de praderas de alta productividad, se requiere reponer la fertilidad que se pierde del sistema productivo, ya sea por los productos que se venden: carne y lana, pero también por los que se pierden por lixiviación a capas profundas del suelo al disolverse en el agua de lluvia.

Un sistema ovino intensivo retira menos nutrientes del suelo que una lechería y las cifras aproximadas son hasta  20 kg anuales de P2O5 ( con 20 ovejas/ha), equivalentes a 40 kg anuales de superfosfato triple. También es necesario reponer aproximadamente 30 kg anuales de K.

Cuando la fertilidad del suelo y su pH son adecuados, se logra una alta población de trébol blanco, 30-35%, que no solo contribuye a producir un forraje altamente energético y proteico en primavera-verano, sino también permite suplir la mayor parte de los 250 kg de N requeridos por la pradera.

Una fertilización de mantención debería considerar en promedio

20 kg de P2o5

30 kg de K

250 kg de Cal  (para reponer lo que se lixivia por la lluvia)

100 kg de urea (para suplir lo que no es fijado de la atmósfera por el trébol)

               

RENOVACIÓN DE PRADERAS:

Las praderas perennes, bien manejadas en suelos fértiles, tienen una duración superior a 10 años. Sin embargo algunos componentes de la mezcla tienen una vida mas corta como ser la chicoria, con hasta 3 años; siete venas 4 años, debiendo reponerlas mediante una nueva siembra con cero labranza.

A pesar de que al cabo de este periodo las praderas estuvieran en optimas condiciones, es muy conveniente  renovarlas para incorporar las variedades de última generación, que en un periodo de 10 años incorporan una superioridad de 15 a 20%, gracias al permanente mejoramiento genético que se desarrolla en las principales especies forrajeras.

UTILIZACIÓN:

Tan importante como lograr una alta producción de forraje de calidad es saber utilizarlo en forma eficiente.

Hay dos líneas de trabajo para maximizar la eficiencia de la utilización.

a)      Manejo de Praderas:  La primera de ellas corresponde al manejo de las praderas para promover su máximo crecimiento, mediante la normas básicas de manejo que deben considerar en forma primordial la altura de utilización o entrada al potrero y el residuo que determina la altura de salida de ganado del potrero.

Hay que recordar que:

  • El uso  del forraje producido se mide por el porcentaje de utilización y es de máxima importancia, pues aumentar la eficiencia en la utilización de la pradera mediante medidas de manejo es mucho más barato que producir más forraje.
  • Rezagos que resulten en praderas de sobre 20 cm de altura, si se repiten en el tiempo, tienden a eliminar el trébol blanco que es muy sensible a la falta de luz.
  • El mayor valor nutritivo de la pradera se encuentra entre los 3 y 10 cm de altura.
  • La mezcla trébol blanco – ballicas es bastante resistente al sobre pastoreo, pero cuando el residuo es inferior a 3 cm de altura, el rebrote y crecimiento posterior de la pradera se atrasa considerablemente. El sobre pastoreo  frecuente disminuye la producción total de la pradera.
  • Hay especies forrajeras muy sensibles al sobre pastoreo continuo, como lo son la alfalfa y la chicoria, que pueden desaparecer rápidamente si su manejo de pastoreo no es el adecuado.
  • Tan dañino como el sobre pastoreo lo es la subutilización que no solo perjudica la persistencia del trébol blanco, sino que disminuye considerablemente el valor nutritivo del forraje y además bloquea una gran cantidad de nutrientes del suelo que quedan fuera de uso por estar almacenados en la caña o paja del forraje no consumido.

Dentro de este manejo es fundamental el uso del cerco, eléctrico, la disponibilidad de una red de agua,  con bebederos regulados con flotadores y la observación frecuente del ganado para evaluar su desempeño nutricional.

La oveja siendo muy selectiva en su consumo de forraje, mediante el uso de altas concentraciones instantáneas de ganado (alta presión de pastoreo), puede ser obligada, en periodos de bajos requerimientos nutricionales, a consumir forrajes de menor calidad, como malezas o residuos de pastoreos anteriores.  Esta práctica equivale a dar un corte de limpieza a las praderas. De hecho con un buen manejo del pastoreo ovino, los potreros siempre se ven parejos, sin manchas de residuos no consumidos que son tan habituales en el caso de los bovinos

Por su forma de cortar el pasto con los dientes y con medidas de manejo que obliguen al rebaño a consumir en forma pareja, el porcentaje de utilización del forraje producido es mayor cuando se utilizan  ovinos en comparación con vacunos.

El utilizar el rebaño como segadora de forraje con un altísimo porcentaje de utilización, solo se logra en periodos de bajos requerimientos nutricionales, que en la oveja son de 7 a 8 meses al año, lo que es imposible en lechería, donde la vaca de ordeña debe tener una gran disponibilidad de forraje para seleccionar su consumo y si se le exige una mayor utilización se resiente la producción. Por ello en un sistema lechero es difícil sobrepasar el 65% de utilización del forraje.

Algo similar ocurre en el ganado de engorda, que está permanentemente con altos requerimientos de producción, por lo que no es posible exigirle una utilización muy elevada del forraje producido.

Cuando se tiene una carga adecuada, en relación a la producción de la pradera, es posible cosechar sobre el 80% del forraje producido  en una ovejería de manejo intensivo y cuando el manejo es óptimo, incluso se puede llegar como techo a cerca del 90%.

Estas cifras no se alcanzan con bovinos que dejan un residuo sin consumir de mayor altura que los ovinos y además producen grandes manchas de orina y excrementos que contaminan la pradera por muy largo tiempo. Estas manchas posteriormente tienen una gran producción de forraje, el que no es consumido por los animales

 

CARGA POTENCIAL SEGÚN PRADERA y % DE UTILIZACIÓN 
         
 OVEJAS/HA                         PORCENTAJE  UTILIZACIÓN
65 70 75 80 85 90
 PRADERA DE 13 ton MATERIA SECA/HA  13,61  14,65  15,7  16,75  17,79  18,84
 PRADERA DE 14 ton MATERIA SECA/HA  14,65  15,78  16,91  18,04  19,16  20,29
 PRADERA DE 15 ton MATERIA SECA/HA  15,7  16,91  18,12  19,32  20,53  21,74
 PRADERA DE 16 ton MATERIA SECA/HA  16,75  18,04  19,32  20,61  21,9  23,19
 PRADERA DE 17 ton MATERIA SECA/HA  17,79  19,16  20,53  21,9  23,27  24,64
 PRADERA DE 18 ton MATERIA SECA/HA  18,84  20,29  21,74  23,19  24,64  26,09

b)      Genética utilizada:

Cada genética tiene su  especialidad y propio potencial productivo. En general la producción de lana se adapta mejor que ningún otro producto a zonas con climas áridos o semiáridos, con  praderas pobres y manejo extensivo.

 La producción mixta o doble propósito, lana-carne, tiene su mejor escenario en ambientes intermedios.

Por otra parte la producción de carne requiere praderas muy productivas y suelos de alto valor, donde es indispensable un manejo muy intensivo.

Por supuesto que así como hay grandes diferencias entre individuos de una misma raza, factor indispensable para el proceso de selección, también las hay entre diferentes razas de una misma especialidad.

Un ejemplo extremo en producción de leche es el potencial de la oveja lechera Latxa con  150 lt. por lactancia y la oveja East Friesian o Milchshaf con producciones entre 600 y 900 lt. por lactancia.

Por el diferente potencial y eficiencia productiva entre distintas razas, no da lo mismo con que raza se utiliza una pradera.

Utilizando la información del  cuadro  “ Resultados Económicos según Genética y tipo de Cordero” incluido en el artículo  Prolificidad o Cordero Pesado, de esta misma pagina web, elaboramos el siguiente cuadro, donde se evalúa la utilización de una misma pradera de excelencia, con 15 ton de materia seca y una misma carga animal de 20 ovejas/ha para todas las alternativas.

La diferencia entre el Romney tradicional y el Romney NZ se produce exclusivamente por la mayor prolificidad  de esta última raza, pues el peso de venta de los corderos producidos es el mismo.

Una diferencia de 31% en el costo del kg de cordero producido se eleva a 121% a favor del Romney NZ en el Margen Bruto Operacional, por la gran diferencia en el número de corderos a venta.

Diferencias Económicas de una Misma Pradera con Distinta Genética
Costo Cordero Diferencia Margen Bruto Diferencia
$/kg vivo   $/ha  
ROMNEY INGLES 570 31,30% 159.827
ROMNEY NZ 434 365.997 129%
ROMNEY NZ 434 19,50% 365.997
GOLDENSHEEP 363 498.987 36,30%

En la comparación entre el Romney N Z y Goldensheep la diferencia del menor costo por kilo de cordero producido y en el Margen Bruto Operacional se debe al mayor peso de los corderos Goldenshep, pues el potencial de corderos destetados es muy similar.

La diferencia en el peso de venta se debe a la superioridad en la producción de leche de Goldensheep y a que sus corderos pueden llegar a sobre 50 kg de peso vivo  a la venta sin engrasarse.

 

 

 

 

 

Nutrición de los ovinos en sistemas intensivos de producción


DANIEL CLARO MIMICA
Ingeniero  Agrónomo, M. Agr. Sci.
daniel@goldensheep.cl

El manejo intensivo requiere optimizar la producción y utilización del forraje y la producción de carne por oveja y por hectárea.

Hay épocas del año en que la pradera no aporta el alimento que una alta carga animal requiere y hace necesario suplementar el ganado. Lo importante es, obtener en el predio, forraje de calidad, conservado como heno, ensilaje o grano; para utilizarlo con el menor costo posible, cuando la pradera no aporta los altos requerimientos de una alta carga animal de animales muy exigentes. También existe la opción de utilizar el cultivo forrajero en pastoreo directo o cosecharlo como soiling.

Los requerimientos nutricionales de un vientre ovino son muy variables durante el año y están en directa relación con cada etapa de su ciclo reproductivo y con su nivel de productividad.

REQUERIMIENTO NUTRICIONAL DE LOS OVINOS:

El rebaño ovino está constituido mayoritariamente por vientres. Normalmente sobre el 75% de la masa son ovejas madres destinadas a la reproducción. Incluso, en predios con manejo intensivo, se reproducen las corderas de reemplazo; manejo que es muy exigente en el manejo nutricional, así casi el 100% de la masa está formada por vientres.

Los requerimientos de los vientres son muy fluctuantes durante su ciclo reproductivo. El manejo del ganado consiste en satisfacer los requerimientos nutricionales, utilizando principalmente el recurso pradera, que es la fuente más económica y natural.

En Nueva Zelandia, a comienzos de los años 60 el Dr.P. Mc. Meekan desarrolló un sistema de manejo para el rebaño lechero, que consistía en ajustar en la mejor forma posible la oferta de pasto proveniente de la pradera con el requerimiento del ganado. La clave para lograr el mejor ajuste era programar el nacimiento de las crías justo antes del inicio del crecimiento de las praderas. Las deficiencias que se producían eran suplidas mediante la conservación de forraje excedentario de primavera, que era trasladado como ensilaje o heno hacia la temporada invernal, para suplir la falta de crecimiento en dicha época. Estos conceptos fueron muy revolucionarios en su época y están contenidos en el libro “De pasto a leche”, que hasta el día de hoy es la base de la industria lechera de Nueva Zelandia, caracterizada por su producción estacional a un costo muy bajo.

Para el caso de los vientres ovinos adultos, existe un periodo donde los requerimientos son mínimos, sólo para el mantenimiento de peso, y corresponde a los primeros dos tercios de la gestación que tiene una duración de 100 días. Luego se produce un crecimiento acelerado del feto, con el consiguiente incremento de los requerimientos que suben en un 50 %. Ocurrido el parto, comienza la lactancia, con un incremento gradual de los requerimientos, a medida que va desarrollándose el cordero, alcanzando en la décima semana de lactancia un aumento de aproximadamente un   90 % sobre el de la oveja recién parida. ESTE ES EL PERIODO DE MAXIMAS EXIGENCIAS NUTRICIONALES y requiere la mejor alimentación de todo el año.

REQUERIMIENTO NUTRICIONAL DE UNA OVEJA MELLICERA DE 70 KG COMPARADA CON UNA OVEJA UNIPARA DE 60 KG DE PESO VIVO

tabla01

La parte superior del cuadro indica el requerimiento nutricional de la oveja mellicera y la parte inferior de una oveja que produce un solo cordero. La gran diferencia entre ambos casos se produce EN LOS DOS PRIMEROS MESES DE LACTANCIA. En el resto del año las diferencias son mínimas. Por eso la gran conveniencia de tener ovejas melliceras, pues el periodo de altas exigencias, 2 meses al año, compensa los resultados, produciendo dos corderos en vez de uno.

EL AJUSTE DE LOS REQUERIMIENTOS DEL GANADO CON LA OFERTA DE FORRAJE ES CLAVE PARA BAJAR EL COSTO DE LA ALIMENTACION:

El ajuste de la curva de requerimientos del ganado con la curva de producción de forraje se puede producir de varias maneras y es la forma más tradicional de manejar los requerimientos nutricionales en las explotaciones ovinas extensivas.

En el manejo extensivo los ovinos no reciben suplementación alimenticia, de modo que deben hacer frente a los periodos de mayor demanda con una pérdida de peso que conlleva una menor eficiencia productiva. Dentro de ciertos límites, se produce un ajuste en forma natural, cuyo costo oculto es la menor productividad y dependiendo de la severidad del ajuste, también un aumento importante en la mortalidad del ganado.

La forma más simple de manejar este ajuste es trabajar con una carga animal muy baja, de modo que, aún en el momento de menor disponibilidad haya suficiente cantidad de alimento para las necesidades del rebaño. Aún este simple método tiene dificultades, puesto que gran parte del excedente de primavera se descompone durante el verano y otoño por efecto de la acción del clima, hongos, insectos etc. Además pierde gran parte de su valor nutritivo. Los animales, en este tipo de manejo típicamente extensivo, entran muy gordos al período crítico, y suplen por medio de sus reservas corporales y mediante la pérdida de peso lo que no pueden obtener de la pradera.

Hay varios mecanismos de ajuste: el gran excedente de forraje como “heno en pie” (de muy mala calidad); la grasa acumulada en los animales; pérdida de peso y muchas veces también pérdida de producción. Muchos de estos mecanismos funcionan simultáneamente y ocurren en forma natural.

Otra manera de ajustarla demanda de forraje con su disponibilidad, es tratar de hacer coincidir el momento de mayores requerimientos, generalmente el parto, con el de mayor producción del pastizal. En el caso de los ovinos del Secano Central, implica que los partos ocurran a comienzos de Agosto. En la zona sur esto debería ocurrir a mediados o fin de Septiembre.

Muchos productores creen tener mejores resultados buscando el mejor precio del año, fiestas patrias en la zona central o fin de año en la zona sur. Lamentablemente se equivocan.

Para ello adelantan sus pariciones para Abril en el primer caso, o para comienzo de Agosto en el Sur. No forrajean sus ovejas; los partos y lactancia se producen en el peor momento de clima y en particular de FALTA DE FORRAJE.

Las pérdidas son enormes y no se compensan con los pocos corderos que se logran vender a buen precio. Además, no toman en cuenta que corderos nacidos hasta 1 mes más tarde, crecen mucho más rápido, cuando hay forraje en abundancia y le ganan a los corderos nacidos antes que reciben mucho menos leche.

Adicionalmente, hoy día el precio es muy parejo durante toda la temporada de ventas. Especialmente en el Sur, con el gran mercado de los turistas veraneantes y con la compra de corderos por parte de las Plantas Faenadoras, que tienen un solo precio de compra para todo el periodo de compras.

El uso de la conservación de forraje, a través de diversas técnicas, es un buen avance en mejorar la eficiencia, al lograr un mejor ajuste entre requerimientos y producción total de forraje. Sin embargo, es muy difícil conservar los excedentes del pastizal natural por los bajos volúmenes de producción por hectárea, lo que encarece en exceso el costo de cosecha para conservación. Por ello se recurre a la siembra de cultivos forrajeros. Se utiliza lo conservado para suplir el déficit del período crítico de la próxima temporada, con lo que es factible elevar la carga y transformar un mayor porcentaje del forraje producido en carne.

El reemplazo de parte del pastizal natural, en los sectores apropiados, por una pradera de siembra, permite también mejorar la distribución de la producción de forraje, lo que se acentúa mediante la fertilización. Esta estrategia disminuye la necesidad de conservación y permite aumentar la dotación de ganado. Muchas veces es más conveniente fertilizar algún potrero y rezagarlo que sembrar un cultivo forrajero. La decisión hay que estudiarla en cada caso particular.

El aumento de los costos de producción y la baja de los precios de la lana y del cordero, por un período bastante largo de tiempo, ha significado que el margen económico disponible para el productor sea insignificante y muchas veces negativo. Las perspectivas futuras serían similares, manteniéndose la disminución gradual del precio del cordero. Esto significa que la posible mejoría del negocio no será a través de mejores precios.

La tecnología ofrece buenas posibilidades para revertir esta situación, siendo muy promisoria la introducción masiva de una nueva genética ovina y el uso de praderas de siembra, reforzadas con cultivos forrajeros, factor clave para la conservación de alimento de calidad a bajo costo.

El nuevo sistema de manejo debería considerar un enfoque distinto al tradicional ajuste de los requerimientos del ganado con la curva de producción de forraje, que ha sido hasta ahora la gran herramienta de manejo. Por problemas de orden económico, este ajuste entre requerimientos del animal y la producción de las praderas ya no es suficiente.

Hasta ahora se ha usado a la oveja madre en un esquema de bajas exigencias obteniendo un parto al año y además con un solo cordero, lo que facilita mucho el ajuste en un esquema extensivo, donde sólo hace falta manejar la fecha de parto.

A futuro se debería pensar en intensificar el uso de la oveja al máximo de su potencialidad biológica. Ahora necesitamos que ojala un porcentaje muy alto de las ovejas destete MELLIZOS, lo que se logra principalmente con nueva genética.

En explotaciones mucho más intensivas aún se aprovecha la característica de algunas razas de tener un ciclo reproductivo abierto, que significa poder reproducirse durante la mayor parte del año.

Algunas razas con capaces de tener un parto cada 238 días, que es lo que dura el ciclo reproductivo completo de la oveja. Con un manejo y alimentación adecuados pueden comenzar otro ciclo de inmediato y de ese modo se obtienen tres partos en dos años o 1,5 partos por año.

Esto sólo resulta en ciertas latitudes geográficas más propias de la zona central. En el sur se pueden inducir celos fuera de temporada mediante el empleo de hormonas.

Esta intensificación extrema no es recomendable para las condiciones actuales del manejo ovino en nuestro país, pues es altamente complejo y sensible a errores. Mientras tanto debemos preocuparnos de manejar un parto al año pero aumentando mucho el número de corderos destetados en base a genética, manejo y nutrición.

Muchos productores se entusiasman con la idea de tener 1,5 partos al año, sin fijarse que hoy día tienen menos de 1 cordero por oveja por trabajar con muchas deficiencias en su manejo y tecnología.

Mientras más intensivo es el sistema productivo se dan varias realidades: EL MANEJO ES  MUCHO MÁS DIFICIL; PEQUEÑOS ERRORES CAUSAN GRANDES PERDIDAS; CADA DETALLE PASA A SER MUY IMPORTANTE Y SI SE EMPLEA BIEN LA TECNOLOGÍA, LOS RESULTADOS SON MUCHO MEJORES.

Indudablemente que este aumento en las exigencias nutricionales de la oveja debe acompañarse con la alimentación apropiada. En todo caso, el aumento del costo en alimentación es mucho menor que el aumento en el valor adicional de la producción, lo que se traduce en un cambio muy importante en los ingresos y en la rentabilidad.

Este nuevo enfoque implica utilizar la producción de la pradera para cubrir la mayor parte de los requerimientos de una oveja muy productiva y suplir el déficit con alimento conservado.  De allí la gran importancia de contar con praderas de la mejor calidad posible y muy bien manejadas.

La oveja en las producciones intensivas debe estar bien alimentada TODO EL AÑO.

El ajuste entre requerimientos de la oveja y la producción de la pradera, se debe manejar en base a praderas de excelencia más la suplementación, para así obtener una alta eficiencia productiva.

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